Electricidad en el automóvil: todo lo que debes saber

La electricidad en el automóvil es algo clave en los coches actuales, ya no solo en los eléctricos si no en todos ellos. La electrónica es omnipresente y de ella depende en gran parte el correcto funcionamiento del vehículo. El sistema electrónico es muy complejo y está formado por una cantidad enorme de componentes.

A continuación, vamos a intentar arrojar algo de luz sobre ello, cuáles son sus partes clave y cuáles son las averías más comunes que le afectan.

Componentes básicos del sistema eléctrico del automóvil

El sistema eléctrico del automóvil, como hemos visto, es bastante complejo, aunque su complejidad varía en función el tipo de vehículo (combustión, híbrido o eléctrico puro). Esto hace que esté compuesto por un mayor o menor número de componentes, que también pueden variar entre sí.

Centrándonos en los modelos de combustión, éstos son los principales: batería, bujías (que forman parte del sistema de encendido), centralita del motor, motor de arranque y sistema de iluminación.

La batería es el corazón del sistema, quien se encarga de suministrar energía a todo el coche, desde los sistemas multimedia o de climatización, hasta al propio motor. Por tanto es simplemente indispensable.

A este respecto, conviene comprobar su estado de manera periódica, especialmente en invierno, cuando las bajas temperaturas pueden provocar que se descargue. Hay que sustituirla aproximadamente cada cuatro años y, si el coche va a estar parado cierto tiempo, lo más recomendable es directamente desconectarla.

Respecto a las bujías en los coches de gasolina (los diésel no las llevan, emplean calentadores), son las encargadas de comenzar la combustión de la mezcla de combustible gracias a una chispa. 

Si no operan de manera correcta, se producirá un mal funcionamiento del motor. El libro de mantenimiento indica cada cuánto tiempo hay que reemplazarlas, pero por norma general suele ser en periodos de entre 40.000 y 60.000 kilómetros.

Continuando con el motor, el motor de arranque es una pieza clave, puesto que es el que, utilizando la electricidad de la batería, provoca el giro del cigüeñal que es el que arranca el bloque principal.

También es muy importante la centralita o ECU, que es básicamente el cerebro del propulsor. Se encarga de recibir señales de todos los sensores del vehículo y controla parámetros de todo tipo para que el motor funcione de manera correcta: cantidad de combustible para la mezcla, presión del turbo, respuesta del acelerador, etc.

A todo esto hay que sumar partes como el sistema de iluminación con los distintos faros, todo el cableado, que es kilométrico; los distintos sensores, actuadores u fusibles, etc.

Averías más habituales en el sistema electrónico del coche

La avería más grave que puede ocurrir es que se desprograme la ECU, algo que puede ocurrir pérdida de información en el sistema o por una tensión demasiado alta o por fallos. Se recomienda cambiar la centralita por una nueva, lo que suele suponer un desembolso importante dinero (500 euros o más)

El resto son de menor importancia y también son más baratas. La primera es que se descargue la batería, algo que puede solucionarse con unas pinzas conectadas a otro coche y, si no da resultado, basta con reemplazarla. El precio varía en función del vehículo.

Por último es posible que pequeños componentes como fusibles, bujías o alguna bobina no opere de la manera correcta, así como que se funda alguna bombilla de la iluminación. Una vez encontrado cuál es el que da el fallo, hay que sustituirlo. La buena noticia es que su precio es bastante asequible.

Electricidad estática en el coche

Relacionado con todo esto, aunque de una manera tangencial, está la electricidad estática en el coche. ¿A quien no le ha pasado alguna vez que ha ido a abrir su automóvil y éste le ha pegado un ‘calambrazo’?

Como ocurre con la estática en general, esto se produce por la el paso de la electricidad de un objeto a otro, cada uno con diferencia de potencial y de una manera súbita.

En el coche en concreto se produce mientras éste circula, por el roce de la carrocería con el aire. Se va acumulando y por eso, al bajar y tocarla, nuestro cuerpo cierra el circuito entre el suelo, que hace de polo negativo, y la carrocería del coche, que es el polo positivo, produciéndose el chispazo.

La mejor manera de evitarlo es llevar suelas de goma, que evitarán que el circuito se cierre o intentar no llevar prendas que estén formadas por tejidos sintéticos.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España