La DGT ya ha decidido el día a partir del cual los semáforos cambiarán: la luz ámbar intermitente para los vehículos no podrá coincidir con la luz verde para los peatones

El organismo dirigido por Pere Navarro busca reforzar la protección de los usuarios más vulnerables en los entornos urbanos de las ciudades españolas.
Una de las situaciones de tráfico más repetidas tanto por conductores como por peatones es la coincidencia de la luz ámbar para los vehículos y el icono verde para el peatón, creando una situación de peligro si el conductor no tiene la correcta visibilidad de que el peatón está cruzando. Es por ello que como consecuencia de esta peligrosa situación que se genera día a día, la Dirección General de Tráfico ha decidido ponerle fin con la nueva modificación del Reglamento General de Circulación.
Aprobado recientemente por el Consejo de Ministros, esta nueva medida tiene un objetivo claro, proteger al máximo a los usuarios que transitan por las vías ante la irresponsabilidad de aquellos que no respetan la prioridad de los transeúntes o que, por cuestiones de visibilidad, continúan su paso poniendo en peligro al peatón.
Con la publicación del correspondiente Real Decreto, la cuenta atrás para esta transformación urbana e institucional ha comenzado formalmente en todo el territorio nacional, estableciendo el próximo 1 de octubre como la fecha obligatoria para que todos los municipios adapten sus semáforos a las exigencias de la nueva normativa.
La coexistencia del ámbar intermitente para los automóviles y el verde para los viandantes en un mismo cruce ha sido históricamente una fuente de confusión y disputas en la vía pública. Mientras que la luz verde otorga una confianza absoluta al peatón para iniciar la marcha, el destello amarillo sugiere al automovilista una autorización de paso condicionada a extremar la precaución.
En la práctica, esta dualidad de mensajes genera una contradicción que se traduce con demasiada frecuencia en atropellos de diversa gravedad. La falta de reflejos, la distracción provocada por el uso de dispositivos móviles al volante o simplemente la escasa visibilidad nocturna o en condiciones meteorológicas adversas agravan un escenario que la administración central ha considerado insostenible desde el punto de vista de la seguridad vial.
Es por ello que la DGT ha priorizado erradicar este punto crítico de los entornos urbanos, asumiendo que la fluidez del tráfico automovilístico nunca debe estar por encima de la integridad física de las personas. En los lugares donde un giro a la derecha o una incorporación permitía tradicionalmente avanzar con cautela en fase ámbar mientras el peatón cruzaba, los conductores se encontrarán ahora con una fase roja obligatoria o bien con una ventana de tiempo completamente adaptada que detendrá por completo el flujo de automóviles. De este modo, se busca que las intenciones de movimiento queden perfectamente deslindadas y que no existan dudas sobre a quién le corresponde el derecho preferente de paso en cada segundo del ciclo.

Las consecuencias administrativas para quienes incumplan la directriz serán severas a partir del momento en que la reforma sea plenamente efectiva. Una vez que el nuevo Reglamento General de Circulación entre en vigor, cruzar un tramo regulado en estas circunstancias cuando un transeúnte se encuentre en la calzada dejará de ser una interpretación ambigua para convertirse en una infracción grave y explícita.
De hecho, no se descarta la implementación de sistemas de cámaras automatizadas que vigilen estrechamente el acatamiento de la norma, castigando las conductas temerarias con una sanción económica de doscientos euros y la retirada automática de cuatro puntos del permiso de conducción, equiparándolo a la gravedad de saltarse un semáforo en rojo convencional.
Esta intervención legislativa responde también a una vieja demanda de diversas organizaciones de seguridad vial y asociaciones de peatones, quienes recordaban de forma insistente que España era uno de los pocos países europeos que mantenía esta particularidad en sus cruces regulados. Diversos estudios técnicos elaborados por el organismo de tráfico venían advirtiendo que los puntos más conflictivos correspondían a las grandes avenidas de múltiples carriles, donde un vehículo situado en el carril interior podía ocultar la presencia de un transeúntes a los coches que circulaban por los carriles exteriores.
Al eliminar de raíz el estímulo visual de la luz amarilla parpadeante, que a menudo se malinterpreta como una vía libre atenuada, el Gobierno confía en reducir de forma drástica las estadísticas de siniestralidad urbana y avanzar decididamente hacia el ambicioso objetivo de cero víctimas mortales en las ciudades españolas durante los próximos años. Los municipios ya trabajan a contrarreloj para reprogramar las centralitas de tráfico y adecuar sus calles a un nuevo paradigma de convivencia vial donde el eslabón más débil de la cadena recibe, finalmente, la protección absoluta que las autoridades de tráfico llevaban reclamando.


