Reportaje

La UniDesert 2013, cómo fue desde dentro

Vicente Cano

03/05/2013 - 10:57

Un equipo formado por dos estudiantes, un coche de más de 20 años, menos de 1.200 cc y tracción delantera para enfrentarse al desierto de Marruecos con un fin solidario... La Unidesert volverá a celebrarse en 2014 tras el éxito de su primera edición

Un equipo de dos personas y un coche con más de veinte años de antigüedad, 1.200 cc de cilindrada máxima y tracción a dos ruedas. Así me presentaron UniDesert, un raid marroquí destinado exclusivamente a estudiantes con la solidaridad como telón de fondo.

Se trataba de recorrer unos 2.000 kilómetros, del norte al sur de Marruecos, a la vez que dejábamos material humanitario a los habitantes de las zonas desérticas. Nueve días inolvidables al volante de un Citroën AX de 1989 y 50 CV de potencia. En ese tiempo conocí a grandes amigos, ayudé a quienes de verdad lo necesitan y comprobé que mis límites están mucho más lejos de lo que pensaba. La pareja con dorsal #51: mi compañera Judith, nuestra “bala blanca” y yo; el único equipo íntegramente femenino.

Estas somos nosotras. Equipo con dorsal #51: mi compañera Judith y yo.

La primera etapa de la UniDesert nos sirvió como toma de contacto con el ‘roadbook’, del que tanto habíamos oído hablar. Fue una jornada sencilla, por asfalto, en la que comprobamos que el modo de conducción africano es bastante más “relajado” que el nuestro. Tomamos la salida en Tánger y, tras 500 kilómetros por carreteras locales y paisajes espectaculares -como la Coordillera del Atlas o los bosques de enormes cedros-, llegamos a Midelt. Ésa sería la última noche en hotel hasta nuestra llegada a Marrakech. A la mañana siguiente partiríamos hacia un escenario idílico: el desierto.

La segunda etapa, de Midelt a Er Rachidia, comenzó con un puerto de montaña y terminó en pleno desierto. Era increíble cómo en un mismo día pasamos de la nieve a las dunas. Tuvimos de todo: tramos de asfalto, de tierra y de arena; ‘oueds’ -ríos secos-, piedras… Nos sirvió como introducción a lo que nos esperaba en días posteriores. Ya se dejaban ver las primeras relaciones entre participantes. Nosotras vivimos esta aventura junto a cuatro equipos: un Ibiza, un Panda, un Renault 5 y un Astra. Ocho personas que hicieron de este ‘raid’ algo muy especial y consiguieron que no hubiera un solo día sin risas. Llegamos al campamento al atardecer, un momento en el que el desierto se vuelve mágico; mares de arena naranjas y amarillos, y una enorme luna llena que nos alumbró en nuestra primera noche entre las dunas. Nos unimos a una pequeña fiesta ‘tuareg’ donde cantamos, bailamos, bebimos y compramos (demasiado). No había sueño ni prisa por irnos a dormir.

¡La tercera etapa de la UniDesert fue una pasada! 180 kilómetros de puro y duro desierto que nos llevaron desde Er Rachidia hasta Erg Chebbi. Entre éste y el día siguiente, completaríamos la etapa reina del Paris-Dakar africano. Algo que aún me cuesta asimilar, recuerdo que le preguntaba a Judith: “¿Te das cuenta de que estamos en medio del Sáhara haciendo el gamberro con un coche? ¡Con un AX!”. Ahí me di cuenta de lograr lo que me proponga, que sólo hacen falta ganas. Al fin y al cabo estaba allí, sin tener ni idea de conducción ‘off road’. Esa jornada me encantó y tengo muchísimas ganas de repetirla. Resulta que la conducción todoterreno no se nos dio mal y terminó siendo adictiva.

Cruzamos muchos ríos de arena donde, antes o después, todos nos quedamos encallados y tuvimos que empujar los coches o tirar de eslinga... En arena teníamos que pisar a fondo el acelerador y atravesar el tramo en primera o segunda, sin cambiar y sin levantar el pie. Fue muy divertido pero los coches sufrieron mucho, fue una etapa dura para las suspensiones, los embragues y los radiadores. Nuestro AX no nos dio ningún problema, se comportó de forma ejemplar. Llegamos al campamento por la noche, en torno a las 23:00 horas, después de todo un día sin comer y sin parar más que a empujar los coches. Pero no había cansancio, o al menos éste no se dejaba ver. Después de cenar nos quedamos charlando, sin prisas, entre dunas y silencios, en medio de la nada, de la oscuridad, de la más absoluta tranquilidad… Y comprobé que, ante la inmensidad del Sáhara, te sientes muy pequeña.

La cuarta etapa rodamos desde Erg Chebbi hasta Fezzou. El recorrido pasaba por una escuela donde dejaríamos una gran parte de material humanitario que llevábamos, al día siguiente entregaríamos el resto. Nos esperaban unos niños uniformados, muy tímidos y educados. Fue un momento bonito a la vez que duro. Para nosotros no suponía ningún tipo de esfuerzo recaudar material escolar, sanitario o ropa de abrigo, y para ellos era de gran ayuda. La parte solidaria del ‘raid’ fue una de las experiencias de UniDesert que de verdad me marcó. Me hizo parar a pensar en la importancia que le damos a cosas innecesarias y en cómo nos dejamos llevar por el materialismo y el consumismo.

A salir de la escuela, nosotras nos adelantamos para parar en un taller de Rissani. Teníamos que soldar un gancho del coche que se había doblado al ser remolcadas en un tramo de arena el día anterior y pinzaba el manguito del radiador. Se suponía que era una reparación rápida y sencilla, pero perdimos toda la mañana mientras nos lo arreglaban y, a pocos kilómetros de salir del pueblo, aparecieron más problemas. El coche empezó a calentarse y tuvimos que parar. Según los mecánicos que nos acompañaban en el ‘raid’, el problema era la junta de la culata, así que tuvimos que ser remolcadas hasta el campamento. Ese día nos perdimos la etapa, fue un día horrible y muy aburrido. Por la noche, nos fuimos a dormir y dejamos al equipo de mecánicos reparando nuestra ‘bala blanca’ en medio del desierto, delante de un foco. A la mañana siguiente, cuando nos despertamos, el coche estaba como nuevo. ¡Esos hombres eran unos cracks!

La quinta y última etapa de la UniDesert oficial nos llevó hasta Zagora. Otra jornada complicada para el coche, esta vez los problemas venían del alternador y los cables de arranque. Los mecánicos nos hicieron un ‘apaño’ y pudimos continuar la etapa, eso sí, para parar el motor teníamos que calar el coche. A pocos kilómetros, estaba el colegio donde entregamos el resto del material que portábamos. Allí nos encontramos un escenario muy distinto al del día anterior. No había uniformes y los niños no eran tan tímidos. Se acercaban a hablar con nosotros, te abrazaban y con una sonrisa te preguntaban: “Madame, comment ça va?”. Formaron tres o cuatro filas para recibir el material pero, de repente, vieron a un compañero que llevaba un balón y se volvieron literalmente locos. Creo que a todos se nos pasó la misma idea por la cabeza: “el año que viene, ¡lleno el coche de balones!”. Cada sonrisa, cada aplauso o cada beso confirmaban que, efectivamente, el dinero no da la felicidad. Una vez más, te paras a pensar en lo poco que valoramos lo mucho que tenemos. Era imposible no emocionarse al verlos.

Esta quinta etapa fue más relajada, o así nos la tomamos nosotros. En las anteriores había más prisa por llegar a tiempo al campamento, las paradas a comer eran más cortas y si nos encontrábamos a la organización, aligerábamos el paso. Ese día nos lo tomamos con calma, disfrutábamos de la situación, del paisaje, de la compañía… del que sería nuestro último día en el desierto. Parábamos sin mirar la hora, el tiempo era un concepto que había desaparecido de nuestro vocabulario. Ahora importaban la música, las risas, los ‘piques’ y las bromas. En definitiva, sabíamos que se acercaba el final y queríamos aprovechar todos los momentos al máximo. A la hora de comer, pusimos sobre el capó del Panda del equipo Ítaca un montón de comida y nos despreocupamos de la hora.

Parecía que habíamos asimilado por fin aquella maravillosa frase de “en el Sahara tenemos tiempo, pero no reloj”. Cuando llegamos al campamento, de noche, se llevaron a reparar nuestra ‘bala blanca’ a Zagora, a pocos kilómetros. Para nuestra sorpresa, la jaima de la organización estaba junto a un albergue, lo que significaba que dormiríamos en camas, ¡todo un lujo! El la última noche en el desierto no puede evitar hacer repaso de los atardeceres que se habían clavado en mi retina. En aquel escenario, el tiempo se paró… Pero cuando se puso en marcha de nuevo lo hizo aún más rápido, y los días siguientes pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

A la mañana siguiente poníamos rumbo a Marrakech. Nos esperaba la gran ciudad. Una vez allí, las próximas 24 horas serían de relax. Fue una etapa de enlace muy peligrosa en la que cruzamos de nuevo el Atlas y lo hicimos a una velocidad media de 20 km/h. Eran tramos de montaña muy arriesgados, con grandes pendientes y pistas viradas en pésimas condiciones. Llegamos al hotel ya de noche pero, una vez más, no había signos de agotamiento y una hora más tarde estábamos camino de una merecida recompensa por todos los esfuerzos de días anteriores. El día siguiente fue libre y aprovechamos para hacer turismo por la ciudad, visitar su famosa Plaza Jema Fna y regatear en el zoco.

Por la tarde tuvo lugar la entrega de premios en la que se entregaron: el Premio UniDesert 2013 a los ganadores del ‘raid’; el de Seguridad que entregó Cybex; el especial a la constancia, que fue a parar a manos de los chicos Ítaca que, a pesar de sufrir innumerables problemas con el coche y ser remolcados a diario, no perdieron la sonrisa ni las ganas de pelear; y los premios que representaban los cuatro pilares de UniDesert, que eran Aventura (al equipo #17), Formación (al equipo #32), Solidaridad (al #26, por repartir 50 kg de material humanitario) y Experiencia (para nosotras). Este último es el que trajimos a casa Judith y yo. Es el premio perfecto, por todo lo que simboliza. Cuando anunciamos nuestra intención de participar en el raid, nadie confiaba en nosotras y esta placa demuestra la superación de unos límites que otros nos habían impuesto. El día 3 de marzo cruzamos el estrecho hacia Algeciras, que ahora se convertía en el punto de despedida. Había terminado. Fue breve, pero inolvidable, me quedo con eso. Lo vivimos con intensidad, como deberíamos vivir todo en esta vida, al 110%. Pero toca mirar hacia adelante y fijar la vista en la próxima edición.

Comienza la cuenta atrás para la UniDesert 2014 y, con ella, una nueva búsqueda de patrocinadores. Gracias a los de este año -Jaleo Disco Pub, Automoción Hernández, BAPE Tiedra, Family on board, Body Factory, BOS Ibéricos, Íñigo Agirrezabal, Carnicería Castro, Cazture, Cogal, Hermi, Cyltv, Disco-bar Como Tú, Feliciano y Domingo González, Granja Los Chopos, Huevos Asun y Panadería Tu pan- Judith y yo pudimos vivir esta aventura. Mi intención es repetir la experiencia en UniDesert 2014, y hacerlo junto a esas personas que el destino cruzó en mi camino. Como dice la canción: “algunos recuerdos merecen futuro”. ¡EL DESIERTO ES NUESTRO!

Por Natacha Alfageme

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