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Reportaje

Coches 4x4

Suzuki Jimny, Mercedes Clase G y Jeep Wrangler: 3 viejos rockeros para disfrutar como niños

Suzuki Jimny, Mercedes Clase G y Jeep Wrangler

Toca mancharse.

A veces, la vida no es un campo de rosas, sino un lodazal. No me malinterpretes, porque no lo digo en el mal sentido, sino todo lo contrario. Es primavera, es hora de que los niños salgan al  campo a jugar con el barro. Por niños me refiero a mis compañeros Tim y Jan y a mí mismo, claro. A todos nos encantan los 4x4 de toda la vida, de esos rudos y cuadradotes. Y aquí estamos, junto al Suzuki Jimny, el Jeep Wrangler y el Mercedes Clase G.

VÍDEO: Mercedes Clase G, ¿te atreverías a meterlo por aquí?

Por la mañana, en el garaje de la redacción, me encuentro con Tom, que acababa de llegar con el Wrangler azul, y una sonrisa en su cara tan grande como la parrilla XXL del todoterreno americano. "Es una pasada lo que este coche puede generar en una persona. Me ha hecho inmensamente feliz viniendo hasta aquí", me dice. Y eso que solo lo ha conducido por carretera, inmerso en el denso tráfico de la ciudad. Si supiera cómo se las gasta en el campo...

Como un niño con juguete nuevo

Siguiente parada, una finca gigante llena de tierra en la que solo habrá camiones pesados, excavadoras y... nosotros. A mí me ha tocado el Jimny. Hay aún 70 kilómetros de carretera hasta allí y con el Suzuki no tengo que preocuparme por los límites de velocidad, porque para llegar a ellos hay que ir casi a fondo. Las prestaciones no son lo suyo. Tanto, que casi te alegras cuando rompes la barrera de los 100 km/h después de 13 segundos. Desde luego, su terreno natural es el campo.

Arena a la vista. Pongo la tracción a las cuatro ruedas. ¡Clac! A mano, como se ha hecho siempre. Además, me gusta la palanca de cambios larga con el fuelle de goma y su guiado en H de cinco marchas. El Jimny se mueve sin esfuerzo en la tierra. Como conductor, sientes cada grieta, cada zona desigual del terreno. Los escasos 1.104 kilos de este peso ligero de los 4x4 se balancean en las curvas que da gusto. Cuando te quieres dar cuenta, estás más hundido en la tierra de lo que pensabas.

Probamos el Suzuki Jimny, único en su especie

Me bajo y se sube Tim; Jan se pone al volante del Clase G. Los dos dejan volar la arena y el agua, no parece importarles mucho mi presencia. "¿Ya habéis logrado mancharme del todo?", les pregunto sarcástico. No importa, en estos coches uno puede subirse sin haberse duchado antes. Incluso lleno de barro, como es mi caso.

No es de extrañar que la producción anual de Suzuki ya esté agotada. Hay que tener en cuenta que los japoneses han puesto a nuestra disposición un coche que no es una ganga (desde 17.000 euros), ni va sobrado de potencia (102 CV) ni tampoco es particularmente bueno en carretera, y, pese a todo, la gente lo quiere. ¿Por qué? Porque tiene carácter, destaca entre la multitud, parece un pequeño Mercedes (1,20 metros más corto). Durante 20 años, el Jimny ha sido un sólido coche para cazadores. Y, de repente, con el nuevo diseño, se convierte en un objeto de deseo.

Lo mismo, solo que en grande, se aplica al Jeep. Sus antepasados tienen experiencia hasta en la Segunda Guerra Mundial. Pero hoy en día Jeep pertenece a Fiat. No obstante, es algo que no se nota en el Wrangler. Es un 4x4 americano por los cuatro costados. Cuando te pones al volante y miras por encima del morro, te sientes como un rey contemplando sus vastas tierras. Aunque, en este caso, claro, hablamos de una finca privada llena de barro. Pero volvamos a su espíritu netamente americano. Es tan born in USA que puedes quitar las puertas, doblar el parabrisas hacia delante para, por ejemplo, atrapar a una vaca con el lazo, al más puro estilo cowboy. Todo es posible en el Wrangler. Bueno, lo de la vaca...

Elementos estéticos únicos

El Jeep es único. Si rodeas el coche y echas un vistazo a su diseño, descubres elementos que ya no existen en ningún otro coche: una antena larga desmontable, las enormes bisagras de las puertas, el abultamiento del capó; solo falta la manivela para arrancar el motor. ¡Es maravillosamente anacrónico!

Pero su precio no es de otra época, porque si lo quieres, debes pagar como poco 50.000 euros. Con cinco puertas, techo rígido, diésel de 200 CV y transmisión automática de ocho velocidades, sube hasta los 54.000. En los Estados Unidos, una versión equivalente comienza en unos más que razonables  25.000 euros, más impuestos. Pero es que allí el Jeep es a los todoterreno lo que el Ford Mustang a los deportivos: un auténtico icono nacional.

Probamos el Jeep Wrangler Rubicon: ¡imparable!

Y luego está el Mercedes Clase G, otro icono de los vehículos todoterreno que en 2019 celebra su 40 cumpleaños. Este cuarentón, que se fabrica en Graz (Alemania) se conserva con una salud de hierro y en todo este tiempo ha demostrado que es un coche perfecto para moverse como un jeque en el campo. Más aún con su motor de seis cilindros y 286 CV. En situaciones tan complicadas como las de esta prueba no tiene nada que temer, porque es capaz de vadear ríos de 70 centímetros de profundidad. Aunque, sinceramente, hemos preferido no comprobarlo, porque el G 350d cuesta, como poco, 114.500 euros.

Es hora de volver a casa. Por autopista, claro. "¿Alguien quiere el Jimny?" Mis compañeros niegan con la cabeza. Ya lo disfruto yo.

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