Reportaje

Coches clásicos

Seat 1500: no necesitabas más

Javier Leceta

06/12/2011 - 10:00

El Seat 1500 ha sido de todo. Coche de ministro, de padres de familia, también taxi... Lo malo, su poco potente motor, que es lo único que empaña, y solo ligeramente, su recuerdo.

El Seat 1500 está presente en los recuerdos de todo aquél que tenga una cierta edad. Ha sido de todo: furgoneta de reparto, pick-up, taxi, ambulancia... Se presentó en la Feria de Muestras de Barcelona de 1963 con la misión de sustituir al Seat 1400C, aunque es complicado distinguir a uno de otro, puesto que salvo detalles como los pilotos de dirección delanteros, tapacubos, salpicadero y algunos detalles más, apenas se diferenciaban. Como me contó José Sánchez, especialista en Seat 1500, los primeros 2.300 coches, aproximadamente, llevaban directamente la carrocería de su predecesor.

Y es que en 1963 su diseño no dejaba de ser atractivo: lo dibujó Pininfarina para los Fiat 1800 y Fiat 2100 inspirándose en los coches americanos de la época, de ahí sus características formas angulosas y sus aletas traseras. Por supuesto, los elegantes neumáticos con banda blanca tampoco podían faltar. Sí, el Seat 1500 pronto se convirtió en el 'haiga' más deseado por los padres de familia acomodados: seis plazas, acabado de lujo, maletero infinito...

El gran número de unidades vendidas del 1500, no nos vamos a engañar, venía propiciado por los aranceles, que convertían en algo casi prohibitivo cualquier cosa que no fuera producto nacional... Y ni por esas. Por ejemplo, un Dart de Villaverde costaba casi el doble.

Básicamente tuvo dos etapas básicas a lo largo de su trayectoria. La primera, desde 1963, cuando compartió la imagen del Seat 1400C, que se siguió vendiendo hasta agotar existencias. El nuevo 'milqui' estrenaba un motor más potente de 1.481 cc y 72 CV SAE de origen Fiat, el mismo que utilizaba el Fiat 1500 L (de Lunga), una versión descafeinada.

Pero también tendría otros motores. Aparte de las 'adaptaciones' a motores de gasóleo Perkins y Barreiros (transformaciones que, literalmente, desmontaban el coche si no se reforzaba y que llegaban a costar un tercio del valor del coche) llegarían los motores Mercedes de 1.800 y 2.000 cc con el bloque OM 636, que se fabricaba en Barcelona y era el mismo que utilizaba el Mercedes 180D. Lo montaron aprovechando el primer "retoque" importante del 1500, muy fácil de distinguir: pasó a utilizar la carrocería del Fiat 2300 que era bifaro. El motor de gasolina, por su parte, recibió alguna modificación y aumentó su potencia hasta los 75 CV SAE.

Un poco antes, el Seat 1500 de 1968 (fabricado en el 67 y aún monofaro) se benefició de una mejora en los frenos: de cuatro tambores pasó a tener discos asistidos por un servofreno en ambos ejes, además de contar con repartidor de frenada en el trasero.

El Seat 1500 de las fotos pertenece al museo de Seat y tiene el chasis número 4, lo que hace que dé un salto hasta 1963 cuando me monto en su espacioso interior con dos banquetas corridas. Que vayan tres personas adultas delante aún está por ver casi cinco décadas después, pero con la gente acostumbrada al Seat 600, eso parecía el Taj Mahal. Eso se logra gracias a la palanca de cambios (de interminables recorridos) en la columna de dirección, un 'invento' que utilizaban muchos coches de la época; sobre todo, los enormes americanos.

Al iniciar la marcha lo primero que me llama la atención es lo poco que frena. Los primeros Seat 1500 tenían todavía cuatro tambores, aunque para hacer honor a la verdad, y según lo que me cuenta José, no tenían zapatas autorregulables, sino que necesitaban de ajuste manual por medio de una excéntrica. Por eso, si la puesta a punto no es la adecuada, pueden aparecer estos inconvenientes.

Una vez acostumbrado al tacto del pedal central, noto que el 'Milqui' se mueve con soltura entre el tráfico urbano. El grande y fino volante acciona una dirección dura con bastante tendencia al autocentrado, algo solucionado a partir del modelo 68. Por lo demás, el cuatro cilindros en posición longitudinal tiene fuerza a bajo régimen y circula con soltura a 100 km/h, aunque en carreteras secundarias hay que tomarse las cosas con calma: hoy en día, lo suyo no son las prisas, sino las velocidades más bien contenidas, un terreno donde demuestra una vez más que es una berlina cómoda y relativamente silenciosa.

Desde luego, hay algo que no le falta: encanto. Uno muy especial que aún hoy muestra unas capacidades aceptables que hace cinco décadas eran lo más de lo más en nuestro catálogo nacional.

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Javier Leceta

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