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Reportaje

Motor

La increíble historia del Mercedes SLK

La increíble historia del Mercedes SLK

Bonito e innovador

A mediados de los 90, Mercedes se sacó de la chistera un nuevo concepto de vehículo, un roadster biplaza con techo rígido plegable que acabaría provocando una auténtica oleada de coupé-cabriolet en los años siguientes. Esta es la increíble historia del Mercedes SLK.

Para hacer honor a la verdad y ser justos, el SLK (hoy lo conoces como Mercedes SLC) no fue el primer automóvil con un techo rígido descapotable, ni fue Mercedes la que inventó este sistema. 

En 1937, Peugeot patentó un sistema parecido en el Eclipse 402. Sí, en los años 30 nació el primer coupé-cabriolet de la historia. Pero, lógicamente, el sistema de la marca alemana era mucho más sofisticado, ya que permitía plegar el techo, de manera que no ocupara demasiado espacio atrás y, además, dejar un poco de hueco en el maletero.

La increíble historia del Mercedes SLK

El Mercedes SLK nació en una época en la que los descapotables comenzaron a vivir un ‘boom’, después de varias décadas en el olvido. La marca de la estrella quería producir un nuevo modelo deportivo, que estuviese situado por debajo del lujoso Mercedes SL, que representaba en ese momento la cúspide de la deportividad. 

De hecho, el nombre SLK viene de ‘SL corto’ (Kurz, en alemán), porque así lo llamaban internamente los ingenieros alemanes. El nuevo modelo debía ser un deportivo más accesible, pero que incluyera los nuevos estándares de ingeniería y una tecnología puntera.

Prueba del nuevo Mercedes SL: igual de lujoso, mucho más deportivo

El prototipo del SLK fue presentado en el Salón de París de 1994 y fue tal la sensación causada que, menos de dos años después, fue lanzado al mercado. Y tardó poco tiempo en convertirse en un éxito para la marca, gracias a sus innovaciones tecnológicas y a su imagen deportiva y atractiva

El Salón de Turín de 1996 fue el escenario escogido para presentar el modelo de producción definitivo. Desde ahora, no era necesario acudir al caro y exclusivo SL para disfrutar de un roadster biplaza con la estrella en el morro. 

Bonito e innovador

La increíble historia del Mercedes SLK

El SLK presentaba un diseño muy deportivo y compacto. Era claramente más pequeño que el SL, hasta 50 centímetros menos. La combinación entre esas proporciones compactas y líneas sencillas creaban una estética muy armoniosa y equilibrada. 

Quizá gran parte de su éxito lo explique el hecho de ser, a la vez, un coupé y un descapotable. O, dicho de otra manera, un coupé que se convertía en un descapotable. Esto fue muy aplaudido por muchos usuarios en la época que les gustaban los cabriolets, pero no la capota de lona por cuestiones de seguridad

Tres prototipos de Mercedes que se deberían haber fabricado

También es cierto que el sistema del techo retráctil era mucho más complejo que los techos de lona y también más pesados. Precisamente esto es lo que ha hecho que la mayoría de los fabricantes hayan abandonado este mecanismo por motivos de consumos y emisiones, pero también de rendimiento, además de las mejores técnicas para los revestimientos de las capotas textiles.

El techo retráctil del SLK tenía un mecanismo electrohidráulico que le permitía plegarse y replegarse en 25 segundos, gracias a que los elementos de acero y cristal se plegaban hacia atrás y quedaban ocultos bajo la tapa del maletero.

La compañía alemana realizó numerosas pruebas de este mecanismo, de hecho, hasta 30 prototipos fueron sometidos a ciclos de apertura y cierre del techo de 20.000 veces al día, equivalente a seis veces durante diez años

Mecánicas potentes

La increíble historia del Mercedes SLK

En el momento del lanzamiento, el SLK estuvo disponible con dos mecánicas de cuatro cilindros: el SLK 200, con 136 CV, y el SLK 230 Kompressor, con 193 CV. En algunos mercados se comercializó una versión sobrealimentada del 200, con 163 CV.

Más adelante, llegaron los motores de seis cilindros en V, el SLK 320, con 218 CV, y la variante 32 AMG, que recurría a un V6 de 3.2 litros y 354 CV, el mismo motor que montaba el Clase C 32 AMG. Esta versión solo estaba disponible con cambio automático de cinco relaciones, mientras que las demás podían llevar uno manual de cinco o seis velocidades. 

En 2004, llegó la segunda generación del Mercedes SLK, que tomaba algunos rasgos estéticos del SLR McLaren, sobre todo, en el frontal. En este caso, la gama de motores fue más amplia, coronada por el 55 AMG con un V8 de 5.4 litros y 360 CV

La versión más radical del SLK fue la denominada 55 AMG Black Series, de la que solo se fabricaron 120 unidades y elevaba la potencia del V8 hasta los 400 CV.

Esta segunda generación introdujo, además, algunas innovaciones tecnológicas, como el sistema AIRSCARF, que mantenía los asientos calefactados y proyectaba aire caliente desde los reposacabezas, lo que permitía conducir descapotable, incluso, en invierno. 

El precursor de los coupé-cabriolet

La increíble historia del Mercedes SLK

La tercera generación trajo algunas novedades, entre ellas, la inclusión de una versión diésel, mejoras en la eficiencia y tecnología punta compartida con el Clase C. En 2016, tras una reorganización de la nomenclatura de modelos, Mercedes pasó a llamar SLC al SLK. 

Curiosamente, ya existió un Mercedes SLC en los 70 y 80, un coupé pasado en el SL R107, aunque su éxito fue mucho más discreto que la versión cabriolet. 

A lo largo de sus tres generaciones, se han vendido más de 700.000 unidades del SLK, de las cuales, más de 311.000 corresponden a la primera generación. No fue el primero en utilizar un techo rígido retráctil, como ya hemos visto, pero sí el que inició una tendencia que luego fue imitada por casi todas las marcas a finales de los 90 y buena parte de los 2000. 

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