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Prueba

Prueba BMW 840d xDrive Coupé: el GT que todos queremos

Prueba BMW 840d xDrive Coupé
Nota

8

El Serie 8 ha sido uno de los modelos más míticos y emblemáticos de BMW; triunfó en los 90 y ahora vuelve con nuestra prueba del BMW 840d xDrive Coupé.

Delante de mí lo tengo todo despejado. Gas a fondo. La caja de cambios de ocho velocidades ZF baja tres marchas de golpe y este BMW 840d xDrive Coupé de mi prueba se olvida por un momento de la exquisita suavidad de marcha con la que me traía. Este BMW parece querer demostrarme de lo que es capaz. Esconde bajo el capó un corazón diésel, un seis cilindros en línea con doble turbo que, con su patada, acaba de activar todos mis sentidos. Con sus 320 CV y 680 Nm entra por derecho propio en el selecto grupo de modelos que necesitan menos de cinco segundos para pasar de 0 a 100 km/h. 

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La aceleración es intensa, pero a la vez todo fluye con exquisita naturalidad. Buena culpa de esta puesta en escena está en que el desarrollo de este BMW Serie 8 de calle se ha hecho en paralelo al de competición y eso es toda una declaración de intenciones respecto a sus ambiciones dinámicas. A pesar de contar con casi dos toneladas de peso, se nota ligero, sus reacciones son rápidas y llega a tus manos la suficiente información como para que puedas negociar cada curva a buen ritmo, sin que se disparen las alarmas en tu cerebro. Te lo pone fácil, y es que lleva un verdadero batallón de ayudas de última generación.

Prueba del BMW 840d xDrive Coupé

Y todo hay que decirlo: cuento con el paquete M Technic (cuesta la friolera de 11.137 euros), que eleva a la enésima potencia la deportividad de un modelo que por fuera es una escultura rodante. Sí, te miran. No pasas desapercibido ni aunque quieras. Los 4,84 metros de longitud de su carrocería, junto a sus casi dos metros de anchura y solo 1,34 de altura le otorgan unas proporciones espectaculares. Pero estaba hablándote de lo bien que iba este 840d...

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Por la carretera que estoy circulando ahora mismo apenas tengo que tocar el freno. Son curvas rápidas enlazadas que te invitan a rodar a un ritmo brutal. Basta con levantar el pie derecho, bajar una marcha y apuntar con la dirección. La nobleza con la que pisa este chasis es bastante alta. Y es que no te lo he dicho todavía, pero este BMW se guarda un as en la manga: son las cuatro ruedas directrices (de serie) que le guían con precisión milimétrica a cada orden del volante. La agilidad es impropia de un modelo de estas cotas y de este peso. 

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Pero quiero buscarle las cosquillas. Ir a por el límite. Activo el modo Sport y me dejo llevar. Los frenos de alto rendimiento elevan su trabajo. Cada vez llego más rápido a las curvas y se empiezan a notar los 1.900 kilos. Una pequeña colada en un giro a izquierdas acaba en un ligero subviraje. Nada que no pueda solucionar al levantar el pedal del acelerador y quitar un poco de dirección. Después, su tracción xDrive me ayuda a salir catapultado a la salida de las curvas más lentas, que me empiezo a encontrar poco a poco. Cuanto más retorcido es  el asfalto, más se notan las inercias. Los neumáticos (de hasta 275/35 en el eje trasero) toman ahora mucho más protagonismo. El nuevo coupé de BMW se nota menos ligero y más torpón en estas circunstancias, pero sigue teniendo un comportamiento muy estable como buen GT que es: mantiene el tipo en carreteras con muchas curvas cerradas y se exhibe sobre asfalto más abierto. Todo con un confort muy alto. 

En el interior se respira un ambiente de auténtico lujo, propio de un coche que supera los 112.000 euros y que no es ninguna ganga. 

¿Tiene pegas? Hay cosas a mejorar, como el nuevo cuadro de instrumentos digital (se llama BMW Live Cockpit Professional y se basa en una pantalla de 10,25"), que no se lee bien del todo, aunque, por contra, ofrece información por doquier. Y luego hay otras con las que tienes que lidiar, como unas plazas traseras solo aptas para personas de talla pequeña y que requieren de cierta agilidad para entrar y salir. Pero es peccata minuta para un coche que destaca en el resto de apartados y te hace sentir un auténtico privilegiado desde el mismo momento en el que te acercas a él con la llave en el bolsillo y te da la bienvenida activando las luces de cortesía de los tiradores, los faros y los pilotos traseros. 

BMW ha hecho un buen trabajo en este nuevo Serie 8. Si nos ponemos en la piel de diseñadores e ingenieros, no era un trabajo fácil: había que hilar fino para no defraudar, porque la misión era nada más y nada menos que resucitar a uno de los GT más carismáticos de la historia de BMW y convertirlo en un rival de cuidado para los Lexus LC, Mercedes Clase S Coupé e incluso un Maserati GranTurismo. ¡Misión cumplida! 

Mi Opinión

Por mucho que sea la versión diésel, probar este Serie 8 ha sido una auténtica experiencia. Si ha sabido ofrecerme sensaciones de primer nivel, no quiero ni imaginarme lo que es capaz de hacer la versión de gasolina 850i o lo que es mejor, el futuro BMW M8 que no tardará en llegar a los concesionarios. 

Conclusión

Lo mejor

Sistemas de seguridad y asistentes, conducción, motor,

Lo peor

Peso algo elevado, algunas inercias, precio

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