Este Volkswagen Golf Mk.II merienda Audi en la ‘drag stripe’

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‘Sleeper’ en toda regla.
La épica de David contra Goliath se ha explotado en multitud de ámbitos, sabedores de que el público general suele posicionarse del lado del débil y celebrar sus victorias ante amenazas a priori imposibles de vencer. El problema cuando hablamos de carreras de aceleración es que las apariencias engañan, con multitud de ‘sleepers’ que a priori parecen la víctima, pero que en realidad son el verdugo. Este Volkswagen Golf Mk.II es un clarísimo ejemplo de ello.
Solo hay que mirarlo para darse cuenta de que el Volkswagen no es normal, pero es viéndolo en acción cuando la verdad se pone de manifiesto:
El Volkswagen Golf llama la atención de primeras por los visibles panales de fibra de carbono que forman su carrocería, así como ciertos apéndices sobredimensionados, como son los pasos de rueda delanteros. No son más que un adelanto de la preparación mecánica del compacto, que esconde bajo el capó un bloque 1.8 turbo tetracilíndrico que desarrolla 730 CV de potencia. Es un buen armamento con el que contar, aunque mantiene el sistema de tracción delantera original, por lo que son muchos caballos que digerir.
Esto es lo que hace que en las salidas pierda metros respecto a sus rivales (que en esta ocasión son un trío de aire), pero una vez que agarra el asfalto recupera el terreno como si no costase, superando a todos sus competidores, que tienen mucho más pedigrí.
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