Rolls-Royce celebra los 100 años del Phantom metiendo una unidad en la piscina

El Rolls-Royce Phantom cumple 100 años de historia y la marca lo celebra recreando la historia apócrifa de Keith Moon, de The Who, metiendo una unidad en una piscina.

La semana pasada, en medio de una ola de calor en Reino Unido (los ingleses no han estado en el valle del Guadalquivir), varios vecinos de Plymouth se quedaron boquiabierto al llegar a la piscina municipal y encontrarse con que podían refrescarse. El motivo era que había un Rolls-Royce Phantom dentro de la piscina.

El desconcierto se apoderó de los vecinos y también el enfado por no poder darse un chapuzón, pero luego entendieron por qué. El Rolls-Royce Phantom cumple 100 años de vida y la marca lo ha celebrado de esta forma. Y hay razones para ello.

De todos los modelos de Rolls-Royce, el Phantom representa la cúspide de la gama y está estrechamente vinculado al mundo de la música. A lo largo de ocho generaciones, muchas estrellas del han elegido el lujoso sedán británico para sus desplazamientos, atraídas por su excelencia en ingeniería, materiales de calidad y artesanía exquisita.

La compañía ha decidido celebrar esta importante efeméride recreando un extraño accidente ocurrido en 1967, cuando el baterista de The Who, Keith Moon, supuestamente estrelló su propio Rolls en la piscina de un hotel en Flint, Michigan.

Rolls-Royce mete un Phantom en una piscina para celebrar el centenario del modelo

Si ese accidente ocurrió realmente es algo que todavía algunos debaten. Hay quienes dicen que no fue un Rolls-Royce, sino un Lincoln Continental, y otros que la piscina permaneció vacía esa noche

Sea como sea, el relato apócrifo tiene tanta leyenda que ha sido recreado por todos, desde Oasis en la portada de Be Here Now, hasta Jeremy Clarkson en un episodio de Top Gear.

En esta ocasión, el Rolls-Royce no metió directamente el Phantom en la piscina, sino que empleó una plataforma especialmente diseñada.

El Rolls-Royce Phantom se lanzó en 1925 como el buque insignia de la gama, una posición que continuó ocupando a lo largo de seis generaciones antes de dejar de producirse definitivamente en 1990, momento en el que se convirtió en el transporte favorito de la reina Isabel II.

Bajo la propiedad de BMW, el Phantom resurgió en 2003 como un sedán ultra lujoso con motor V12. No sólo revitalizó la fortuna de un fabricante que llevaba tiempo en dificultades, sino que también expuso el nombre Phantom a un público completamente nuevo y, desde entonces, ha vuelto a ocupar un lugar destacado en la marca británica, con la llegada de su octava generación en 2017.

La conexión entre Rolls-Royce y la música

La conexión entre Rolls-Royce y el mundo de la música popular es casi tan antigua como la propia industria discográfica. Mucho antes de que iconos como John Lennon, Elvis Presley y Pharrell Williams formaran parte de la historia de Phantom, artistas como Duke Ellington, Fred Astaire, Count Basie, Ravi Shankar, Edith Piaf y Sam Cooke viajaron en Rolls-Royce, reconociendo la marca como el símbolo definitivo del éxito y el arte. 

Personalidades para las que se creó el término 'magnate de la música', como Brian Epstein, Berry Gordy y Ahmet Ertegun, también se encontraban entre los propietarios más destacados de la marca. En todos los géneros, geografías y generaciones, Rolls-Royce sigue siendo la máxima recompensa a la brillantez creativa y un lienzo para la expresión personal.

Entre las figuras de la música más destacadas que tuvieron un Phantom están las mencionadas Elvis Presley y John Lennon. En 1956, un álbum homónimo de un joven Elvis Presley se convirtió en el primer álbum de rock 'n' roll en encabezar la lista Billboard, donde permaneció durante diez semanas

En 1963, en la cima de su fama, 'The King' compró un Phantom V azul medianoche con una serie de características Bespoke. En lo que pudo haber sido una versión temprana del karaoke en el automóvil, las características incluían un micrófono, un bloc de notas en el apoyabrazos trasero, listo para destellos de inspiración, junto con un espejo y un cepillo de ropa para garantizar que Elvis siempre estuviera listo para hacer una entrada.

Por su parte, en 1964 John Lennon se recompensó a sí mismo por A Hard Day's Night de los Beatles al encargar un Phantom V. El coche era completamente negro, incluidas las ventanas, los parachoques y las llantas. Igualmente, presumía de un mueble bar y un televisor, así como de un refrigerador en el maletero. 

Sin embargo, al igual que el Phantom V de Elvis, el de Lennon también sufriría una transformación completa. En mayo de 1967, justo antes del lanzamiento de Sgt Pepper's Lonely Hearts Club Band, la carrocería se repintó de amarillo, luego pintado a mano con remolinos en rojo, naranja, verde y azul, con paneles laterales florales y el signo zodiacal de Lennon, Libra.

El Phantom de John Lennon se vendió en 1985 por 2.299.000 dólares, casi diez veces su precio inicial. Esta unidad fue la más conocida del cantante, pero tuvo otro, un Phantom V blanco de 1968 para coincidir con el lanzamiento de White Album y marcar una nueva etapa en su vida con Yoko Ono. 

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Álvaro Escobar

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Colaborador redacción motor Auto Bild España

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