Ni multas ni prohibiciones: estas son las marcas de coches que piden a la UE cambios en 2035... y se han puesto a trabajar

La industria del automóvil se cansa de las multas y prohibiciones y pide a la Unión Europea cambios en las políticas para fomentar el uso del coche eléctrico.

Aunque de manera un poco tibia, la industria del automóvil ha dicho basta. Las marcas no quieren más prohibiciones ni multas y han pedido a la Unión Europea cambios de cara a 2035. No significa que ahora estén en contra del coche eléctrico, pero necesitan un ritmo más lento para que sea real.

El idealismo es completamente incompatible con la realidad. Un idealista es aquel que vive de espaldas a la realidad y, por lo tanto, el único final que le espera es el fracaso.

Esto se puede aplicar a la Unión Europea y su política ambientalista, sobre todo, en lo que nos concierne a nosotros, que es el vehículo eléctrico. Una política ‘verde’ completamente alejada de la realidad y cuyos efectos empezó a notar el sector de la automoción el año pasado.

Por eso, Ola Källenius, el CEO de Mercedes y actual presidente de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), ha pedido a Bruselas “una vía realista para descarbonizar la industria automotriz”.

Conviene hacer un paréntesis en este punto, porque siempre que se cuestiona las medidas europeas en relación con el coche eléctrico parece que se está en contra y no es así. 

El coche eléctrico es un producto interesante y, seguramente, en el futuro, la mayoría de los automóviles sean de batería. Pero no se puede forzar que ese futuro sea inmediato.

Pacto Verde que asfixia la industria del automóvil

Todo empezó en 2020, cuando la Unión Europea aprobó el Pacto Verde, un paquete de iniciativas promovidas por la Comisión Europea que presidía entonces y ahora también Ursula von der Leyen. 

El objetivo de este Pacto Verde es alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y, para ello, uno de los pilares clave es la expansión del coche eléctrico o, como dicen en algunos foros, la descarbonización de la movilidad (suena mejor).

En este sentido, el uso del vehículo eléctrico es dundamental para alcanzar los objetivos propuestos. El Pacto fija una meta y un camino hasta alcanzarla, en el que se establecen varias fases que se deben cumplir para lograr esos objetivos climáticos, como reducir las emisiones de los vehículos y la prohibición de los motores de combustión en 2035.

En 2021, empujados por esta iniciativa europea, muchas marcas comenzaron a anunciar ambiciosos planes sobre electrificación, con una fecha en la que solamente fabricarían vehículos ‘cero emisiones’.

Pero, como decíamos antes, el idealismo es incompatible con la realidad, la realidad siempre se impone, es imposible derrotarla y, apenas tres años después, muchas de esas marcas tuvieron que corregir su hoja de ruta inicial, al ver que las ventas de coches eléctricos no terminaban de despegar.

2024 debía ser el año del punto de inflexión y lo ha sido, pero en sentido negativo. Se produjo una desaceleración en las ventas, a pesar de que se lanzaron modelos más asequibles, sobre todo, desde China.

Las marcas automovilísticas se dieron cuenta de que sus planes eran demasiado ambiciosos, como reconoció el propio Ola Källenius, cuando dijo que “quizá, fuimos demasiado optimistas”.

A lo largo del año pasado, muchos fabricantes comunicaron que retrasarán sus objetivos en relación con la electrificación. Incluso, algunos como Mercedes, confirmaron que seguirán produciendo motores de combustión más allá de 2030, año en que iban a dejar de hacerlo.

CAFE, la normativa que aprieta la soga

Si a lo dicho hasta ahora le sumamos una nueva normativa de emisiones que amenaza a las marcas con duras multas en caso de no cumplirla, tenemos un cóctel muy peligroso.

El pasado 1 de enero entró en vigor la normativa Clean Air For Europe (CAFE), que establece a los fabricantes un nuevo límite promedio de emisiones en el total de vehículos vendidos en el año.

Antes, ese tope era de 115,1 gramos de CO2 por kilómetro y ahora pega un bajón hasta los 93,6 gramos, un listón muy exigente que obligará a las compañías a sudar la gota gorda para cumplirlo. 

De lo contrario, la Unión Europea impondrá unas duras sanciones: 95 euros por cada gramo excedido y por cada coche vendido. Y eso puede ser mucho dinero. Prácticamente, las marcas se arriesgan a multas milmillonarias.

Para evitarlo, tendrán que vender muchos coches eléctricos en 2025, pero venimos de un año en el que ha habido una ralentización de esas ventas. En 2024, los eléctricos representaron el 13,6% del mercado, mientras que los híbridos enchufables apenas el 7,1%.

Según algunos informes, para cumplir con la normativa CAFE habría que alcanzar una cuota de mercado del 28% sólo de eléctricos y, al menos, el 8% de PHEV, lo que en total sumaría un 36% (el año pasado fue del 20,7%, juntando eléctricos e híbridos enchufables).

Ola Källenius: “Pacto Verde Europeo debe ser revisado y reorientado”

Todo esto, unido a los desafíos sin precedentes derivados de la competencia global y las tensiones geopolíticas, dibujan un panorama aterrador para una industria del automóvil que constituye un pilar fundamental de la economía europea.

Por eso, a mediados de enero, Ola Källenius escribió una carta a la Unión Europea como presidente de ACEA, en la que describió las prioridades del sector de la automoción para garantizar la competitividad futura e impulsar la descarbonización.

En dicha misiva, Källenius establece tres prioridades críticas:

  • Una vía realista para descarbonizar la industria del automóvil, impulsada por el mercado y no por sanciones; encontrar una solución a los costes desproporcionados del cumplimiento del objetivo de 2025 de CO₂ para automóviles y furgonetas".
  • "Aplicar las recomendaciones del informe Draghi: crear un marco regulador que mejore la competitividad de las industrias europeas".
  • "Promover nuevos enfoques para crear relaciones comerciales a nivel mundial y mutuamente beneficiosos para que la UE siga beneficiándose de un comercio libre y justo”.

Además, Källenius señaló que “el Pacto Verde Europeo debe ser revisado y reorientado para que sea menos rígido y más flexible y convierta la descarbonización de la industria automotriz en un modelo de negocio verde y rentable”. 

Y, por si hay dudas sobre el compromiso con la electrificación, aclara: “Permítanme ser claro: la industria automotriz de la UE sigue comprometida con el objetivo de neutralidad climática de la UE para 2050, así como con la transición hacia un transporte y una movilidad de cero emisiones”.

Finalmente, el CEO de Mercedes insta a Bruselas a “encontrar una solución para el alivio de la carga de cumplimiento para los automóviles y furgonetas en el objetivo de 2025 sobre el objetivo de CO₂ de 2025”.

La respuesta de la UE

Poco después de publicarse la carta de Källenius, la Unión Europea respondió que iniciará “un diálogo estratégico con la industria automovilística europea, los interlocutores sociales y otras partes interesadas”, con el objetivo de “salvaguardar el futuro de un sector vital para la prosperidad europea, al tiempo que avanza en sus objetivos climáticos y sociales más amplios”.

Ese “diálogo” comenzó el 30 de enero con un primer encuentro y continúa con más contactos a lo largo de este mes de febrero con los principales constructores y compañías de la industria auxiliar, todo ello presidido por Ursula von der Leyen.

A la primera cita acudieron 22 compañías e instituciones entre las que figuraban BMW, Renault o el Grupo Volkswagen, junto a representantes de la Asociación Europea del Fabricantes de Automóviles (ACEA).

Este periodo de contactos se canaliza a través de cuatro líneas de trabajo: innovación tecnológica, cadena de valor, impacto para el sector e impacto social. El resultado final se plasmará en un nuevo plan de transición eléctrica que se presentará el próximo 5 de marzo.

Nuevas ayudas y relajación de las multas

A partir de aquí es difícil hacer un pronóstico. De entrada, la línea roja para la UE es modificar la prohibición de los motores de combustión. Parece poco probable que Von der Leyen retrase la fecha fijada en 2035.

Sin embargo, sí es posible otras vías para que el sector respire un poco mejor. La presidenta de la Comisión Europea anunció que iba a estudiar medidas de flexibilización, un plan de acción de “equidad” y “flexibilidad”.

Una de las medidas que se barajan es dar ayudas económicas, una especie de Plan Moves europeo, que englobe a todos los países de la Unión, como ha pedido Alemania. 

La otra solución que se estudia y que tiene que ver con eso de “flexibilidad” es que la Unión Europea no aplique la normativa CAFE de una manera radical, sino que ese baremo de 93,6 gramos de CO2 se aplique en 2028, haciendo una media en el periodo 2025-2028.

En definitiva, puede que la contestación del sector automotriz tenga como respuesta de Bruselas una relajación en las emisiones y algún tipo de mecanismo para subvencionar la compra de vehículos eléctricos.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España