Que la ley de adelantamientos lentos fuera un fracaso es algo que no sorprende a nadie

Según la propia DGT, los fallecidos en adelantamientos en carreteras secundarias se han doblado: ¿adelantamientos lentos y largos son más seguros?
Unas semanas antes de escribir esto, estaba haciendo mi recorrido habitual para medir el consumo de un coche. Si te lo preguntas, era un Golf GTI Clubsport, que por cierto me encanta: pienso que en Volkswagen han conseguido limitar el desastre que han supuesto sus últimos cinco años con el tema de los paneles táctiles en el volante, los fallos electrónicos, los sistemas multimedia fallidos…
Pero de eso hablo otro día. Ahora vuelvo a esa carretera en algún punto indefinido entre la frontera de Madrid y Guadalajara. Había estado hablando unos días antes en la redacción acerca de esa Ley de Tráfico que eliminó la posibilidad de superar en 20 km/h la velocidad máxima en carreteras convencionales para adelantar y aún lo tenía en mi cabeza.
Me imagino una sesuda reunión en alguna oficina de la DGT de varias horas. Unos asesores que probablemente no han conducido por una nacional en años animados por otros que simplemente no han conducido en años:
- ¿Y si limitamos la velocidad de adelantamientos?
- ¡Sí! La velocidad mata
- ¿Qué podría salir mal si en lugar de 20 segundos dura un minuto y medio?
- ¡Eso! ¡Que se vayan a correr a los circuitos!
Esta última frase me la he inventado, como todo el absurdo diálogo, pero lo cierto es que me lleva a aquella mítica frase de Pere Navarro, Director General de la DGT: "Si no se puede adelantar, no se adelanta", que aún me parece digna de enmarcar.
El caso: volviendo al Golf GTI Clubsport, a la velocidad máxima genérica de la vía, me topé con la típica furgonetilla de pueblo (para los de los años 80, ¡era una Seat Trans!) que debía ir como a 85 km/h. No lo critico: probablemente era la velocidad que necesitaba llevar en ese momento.
Yo, como iba a 90 clavados, y ante una recta que sé que mide varios kilómetros por razones que no podría explicar aquí sin temor a recibir un consejo administrativo, decidí adelantarlo a la máxima velocidad genérica de la vía.
Con el horizonte bien visible, un día claro, con la certeza casi absoluta de que no me iba a cruzar con ningún coche, fue una sensación tirando a horrible y llegué a la conclusión de que, efectivamente, el que aprobó esa norma hacía años que no se acercaba, ni siquiera por casualidad, a nada parecido a ponerse tras el volante.
Y por cierto, el resultado, era el que todos preveíamos: la Ley de Tráfico que restringía los adelantamientos no solo no ha tenido un efecto positivo, sino que ha multiplicado ¡por dos! las posibilidades de sufrir un accidente.
Una reflexión
El objeto de esa reducción en los márgenes dinámicos de velocidad tiene un fondo tan noble que no se le puede poner ni una sola pega: en 2019 fallecieron 239 personas en adelantamientos en secundarias.
Pero uno, cansado de tanta palabrería, ya tiene el colmillo un poco retorcido: ¿no será todo por la pasta? Con un límite de velocidad estático, también es más sencillo poner radares de velocidad, ya sean fijos, móviles o de tramo. Estos últimos, por cierto, aunque me moleste admitirlo, creo que son los más efectivos, porque solo así te aseguras de que la gente hace un determinado tramo a una velocidad adecuada.
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Luis Guisado
Webmanager
Luis Guisado es Webmanager en TOPGEAR.es y AUTOBILD.es. Prueba coches desde 2001 y es un apasionado de los clásicos y la historia del automóvil. Tan porschista que hasta el Cayenne diésel o los 718 eléctricos le parecen genial.