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La increíble historia del Audi A1

Audi A1

Tras mucho tiempo en el que el Audi A3 fue el vehículo de acceso a la gama de Audi (con un periodo en el que el avanzado A2 ocupó el puesto), el Audi A1 se convirtió en la puerta de entrada a la marca premium alemana. Ésta es su historia.

Estamos ante un modelo muy joven, que vio la luz por primera vez en 2010 y cuyo objetivo era abrirse hueco entre los coches premium del segmento B, tales como el Mini, buscando un público joven con un poder adquisitivo medio/alto.

El resultado fue un utilitario que trasladó al formato pequeño el lenguaje de diseño de Audi en aquella época, consiguiendo una imagen muy acertada, de silueta atlética y con detalles vistosos como los pilares de contraste.

Prueba Audi A1 25 TFSI, el más barato… ¿hasta dónde llega?

Medía 3,95 metros de largo, tenía un peso ligeramente superior a la tonelada y ofrecía espacio interior para cuatro personas, así como un maletero de 267 litros, que se podían ampliar hasta 920 abatiendo las plazas traseras. El habitáculo transmitía calidad y era un claro ejemplo de los inicios de la digitalización de aquella época, en la que seguía predominando todo lo analógico.

De inicio tuvo una gama de motores bastante limitada y de potencia baja y media. Contaba con dos versiones del 1.6 diésel con 90 y 105 CV, así como con dos gasolina, un 1.2 TFSI de 86 CV y un 1.4 TFSI de 122 CV. Sin embargo, más adelante la gama se completaría con un bloque de 185 CV, con la versión S1 de 231 CV… y con el Audi A1 quattro.

Audi A1 quattro 

La guinda de la primera generación fue esta radical versión que nació en forma de edición limitada: solo se fabricaron 333 unidades y a día de hoy se han revalorizado, como era de esperar.

Su estética era imponente y parecía sacada del mundial de rallyes: paragolpes específico con enormes entradas de aire, llantas de 18 pulgadas blancas con diseño de turbina, alerón trasero coronando el techo y un agresivo difusor con dos salidas de escape.

Era solo un anticipo de su mecánica: bajo el capó se escondía un motor 2.0 TFSI tetracilíndrico que desarrollaba 256 CV y 350 Nm de par máximo. Se combinaba con una caja de cambios manual de seis velocidades y, como no podía ser de otra manera, con un sistema de tracción quattro. Aceleraba de 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y su velocidad punta era de 250 km/h. 

Segunda generación

La manera más sencilla de explicar lo que ocurrió aquí es que el Audi A1 se hizo mayor. Su segunda generación (lanzada en 2018) supuso un salto hacia la madurez, creciendo en tamaño, espacio interior y ganando una imagen más seria y con mayor presencia.

Superaba los 4 metros de largo, el habitáculo, aunque apretados, podía acoger a tres personas en la fila de asientos trasera y su estética heredaba rasgos míticos de la marca, como las tres finas entradas de aire sobre la parrilla hexagonal.

También dio un paso adelante en lo referente a motores, como una gama mecánica más potente y amplia desde el inicio, aunque prescindiendo del diésel: 1.0 TFSI de 95 CV y 115 CV, 1.5 TFSI de 150 CV y 2.0 TFSI de 200 CV.

Una prueba SUV

Un año después de su lanzamiento, Audi se atrevió a ofrecer una variante ‘suveizada’ del modelo, el Audi A1 Citycarver, que optaba por la fórmula típica: añadir protecciones de plástico a los bajos, refuerzos de aluminio en los paragolpes y aumentar la distancia libre al suelo, en este caso 40 mm.

Con dichos cambios no llegaba a ocupar el lugar de un hipotético Audi Q1, pero presentaba una alternativa para el utilitario que lucía una estética todavía más musculosa.

Prueba Audi A1 Citycarver 1.0 116 CV, un SUV en la ciudad

Eso sí, el periplo del Audi A1 ha sido corto, y es que la marca confirmó en 2021 que no tendrá relevo. No habrá un modelo que ocupo su puesto de manera directa, pero Audi apuntó que el segmento urbano será territorio de eléctricos.

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