Hallazgo inesperado: encuentran un Ferrari Dino enterrado en el jardín y esto es lo que sucede

Esta es la historia de un increíble hallazgo en una vivienda de Los Ángeles: mientras jugaban, unos niños encontraron un Ferrari Dino enterrado en el jardín.
Imagina que tus hijos están jugando tranquilamente en el jardín de tu casa y encuentran un Ferrari Dino enterrado. A cualquiera resultaría surrealista, pero ocurrió de verdad. Es uno de esos casos de coches abandonados más sorprendentes.
Hay que remontarse hasta febrero de 1978, en la ciudad de Los ángeles, Estados Unidos. Mientras en España nuestra clase política negociaba los últimos flecos de una Constitución que se sería refrenada finalmente el 6 de diciembre, unos niños jugaban en el jardín de una vivienda ubicada en el 1.137W con la calle 119, una zona residencial conocida como West Athens.
Uno de ellos quería hacer un hoyo y empezó a cavar, hasta que chocó con algo que le impedía aumentar la profundidad del agujero. En principio, nada raro. Podría tratarse de alguna piedra u objeto metálico con el que golpeara la pala del crío.
Cuando habló con su madre, ésta probó a sacar algo más de tierra y se dio cuenta de que ahí abajo había algo… Lo siguiente que hizo fue llamar a la Policía.
Quizá pueda parecer exagerado, si no fuera porque un año antes se produjo un caso en Estados Unidos, en el que una mujer apareció enterrada en su propio coche. Así que la Policía acudió a la vivienda de Los Ángeles con una excavadora y un equipo de hombres para desenterrar lo que podría ser un coche… y quién sabe si un cadáver dentro.
El día que encontraron un Ferrari Dino enterrado en un jardín

Finalmente, lo que estaba enterrado en el jardín era un Ferrari Dino 246 GTS, el famoso modelo que Enzo había hecho con honor a su hijo, apodado Dino, equipado con un motor V6, la arquitectura que tanto defendía Alfredo, que así se llamaba.
El motor tenía una cilindrada de 2.4 litros y producía 195 CV, aunque en Estados Unidos se reducían a 175, por la normativa anticontaminación norteamericana.
Cuando sacaron el coche de su ‘escondite’, comprobaron que no había ningún cadáver. En general, no presentaba muy mal estado, salvo algunas abolladuras y rozones, quizás provocados por la pala excavadora. Tenía matrícula 832 LIQ.
Ahora venía la parte más difícil: averiguar cómo había terminado ahí el Ferrari. Pronto las autoridades descartaron la implicación de los propietarios de la vivienda y tampoco los vecinos de la zona tenían la más remota idea.
A través de la matrícula y el número del chasis, los detectives que llevaron el caso, Joe Sabas y Lenny Carroll, comprobaron que el coche se vendió en octubre de 1974 en Hollywood Sports Cars, un concesionario que presumía de clientes exclusivos, como el cantante Frank Sinatra, el actor Sammy Daves Jr. o el director de cine William Holden.
Lo compró un fontanero

Sin embargo, quien compró ese Ferrari Dino no fue ninguna celebridad, sino un fontanero llamado Rosendo Cruz de Alhambra, como regalo de cumpleaños a su esposa. Un regalo de 22.500 euros.
Según se supo tras la investigación, la noche del 7 de diciembre de 1977 la pareja fue en el Ferrari a cenar al restaurante Brown Derby, en Wilshire Boulevard, para celebrar su aniversario de boda. Al salir, el coche ya no estaba. Se lo habían robado.
Tras la consiguiente denuncia, la compañía Farmers Insurance Group con la que tenía el seguro pagó a Rosendo los 22.500 euros que éste había pagado por el vehículo y el asunto quedó zanjado.
Finalmente, el misterio alrededor de este Ferrari dino enterrado se desveló. El propio Rosendo confesó que, en aquel momento, estaba pasando por apuros económicos y encargó a unos ladrones que le robaran el coche y lo tirasen al mar para cobrar la indemnización del seguro.
Pero los ladrones, de los que nunca se supo nada, en lugar de tirarlo al mar, lo enterraron en el jardín de una casa que, en aquel momento, estaba deshabitada, con la intención de desenterrarlo en el futuro, cosa que nunca ocurrió.
Sigue circulando en la actualidad

El coche se entregó a la aseguradora con la pintura muy deteriorada, la carrocería llena de corrosión, humedad en el interior… porque lo habían enterrado con las ventanillas bajadas.
El Dino levantó mucha expectación y la aseguradora lo trasladó a un almacén para que cualquiera hiciera una oferta y lo comprara. Al final, un joven mecánico ofreció una cantidad que nunca trascendió, pero que debió oscilar entre los 5.000 y 9.000 dólares.
Posteriormente, el coche se sometió a una profunda restauración y hoy sigue funcionando, en un estado excepcional, pintado de verde metalizado, con un techo desmontable tipo Targa y, donde tenía la matrícula original, ahora puede leerse: ‘Dug Up’ (desenterrado, en español).
