Hace la machada del siglo con un viejo Citroën AX 1.4 diésel de 53 CV, recorre Nürburgring en 9:55

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El propietario de este Citroën AX 1.4 diésel de 1988 logró bajar de los 10 minutos en Nürburgring. Viajaba 1.115 kilómetros desde Burdeos en cada intento.

Hay hazañas que merecen ser contadas. Algunas, como el viaje de este madrileño hasta París en una moto de 50 centímetros cúbicos, son propias de los que persisten, de los que tienen una meta clara y no paran de remar hasta alcanzarla. Otras están solo al alcance de los que realmente sienten apego por lo que hacen, y en este caso, por los coches clásicos y el mundo de los circuitos.

Para todos ellos, Nürburgring es la meca. El legendario circuito alemán, con sus más de cien curvas repartidas a lo largo de 20 kilómetros de asfalto serpenteante, con cambios de rasante, giros cerrados y continuos desniveles, es el lugar donde cualquier amante de los coches debe peregrinar al menos una vez en la vida.

Allí, los que ya han estado, dan fe de que es territorio de coches deportivos. Propietarios de vehículos de marcas como BMW y Porsche se aglutinan en la pista para luchar contra el crono y poner a prueba sus habilidades al volante. Pero no solo es lugar para este tipo de coches, también los hay que viajan hasta allí recorriendo cientos de kilómetros para entrar a rodar con vehículos más sencillos.

Hace poco hablamos de Gerard Casals, un joven que había viajado desde Barcelona hasta el Infierno Verde con su Citroën C15 modificada. El objetivo estaba claro: rodar en la pista de carreras más famosa del mundo. ¿El desafío? Los 1.265 kilómetros de viaje que separan su localidad del punto exacto en el que se encuentra Nürburgring.

El Citroën AX diésel que necesitó siete años para lograr la vuelta perfecta en Nürburgring

Gerard llegó y pudo rodar sin mayores complicaciones con uno de los coches que más fama tiene de indestructible del mundo, la C15. Pero no es el único que ha hecho semejante machada. Hace ya 11 años, el propietario de otro Citroën protagonizó una gesta parecida viajando desde Burdeos hasta Nürburgring con su Citroën AX 1.4 D.

El propietario de este pequeño utilitario de la firma de los dos chevrones es un francés residente en Burdeos que se puso al volante de su AX de 1988 y recorrió los 1.115 kilómetros que le separan del circuito de Nürburgring. El coche está lejos de ser un deportivo, pero su conductor tenía como objetivo bajar de la barrera de los 10 minutos de tiempo en completar una vuelta al trazado.

El desafío ya no está en el hecho de que hablamos de un coche con casi 40 años de antigüedad, sino que también está de casi de serie, lo que significa que no hay demasiada potencia ni un espectacular comportamiento dinámico.

De hecho, tan solo está equipado con un motor diésel de aspiración natural y 1.360 centímetros cúbicos, cuyos cuatro cilindros en línea producen la friolera de, atento, 53 CV de potencia a las 5.000 rpm. El par tampoco es una maravilla, ya que es un coche de gasóleo que no tiene turbo, por lo que el conductor debe conformarse con sus sencillos 84 Nm a 2.500 rpm.

Pequeñas modificaciones y una gran cantidad de repuestos

Decimos que el vehículo estaba casi de serie porque, aunque no había potencia adicional, sí que se instalaron unas cuantas mejoras que, principalmente, buscaban mejorar el desempeño del humilde AX en los más de 20 kilómetros de superficie asfaltada que tiene el circuito.

Por eso, el propietario modificó las torretas en el vano delantero, la admisión de aire del motor, incrementó la presión de combustión y montó unos neumáticos delanteros Yokohama A048. También instaló un kit de luces de xenón para mejorar la visibilidad, aunque esto tenía más sentido para el viaje por carretera.

A todo esto, hay que añadir el hecho de que el Citroën AX 1.4 D no consiguió bajar de los 10 minutos de vuelta cronometrada en su primer intento. Ni en el segundo, ni en el décimo. Lo hizo después de siete años y 30 días tratando de alcanzar tan ansiada meta. Esto le costó nueve motores y cinco cajas de cambio, además de miles de kilómetros de viaje ida y vuelta al circuito desde Burdeos.

Pero, como se suele decir, quien la sigue la consigue. Y así fue. Tras más de siete años luchando por su sueño, el propietario del pequeño AX diésel finalmente pudo completar la vuelta que llevaba buscando, un recorrido perfecto que paró el cronómetro en los 9 minutos y 55 segundos.

Tal y como asegura el propietario, y así ha quedado patente con su hazaña, “hice este vídeo para demostrar que no es necesario un coche deportivo y un montón de dinero para disfrutar de la conducción”. No te lo pierdas.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España