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El futuro de los coches diésel pasa por el hidrógeno, así pueden evitar su desaparición

El futuro de los coches diésel pasa por el hidrógeno

Antes deseados y ahora demonizados, los coches diésel pueden tener una segunda oportunidad, gracias al hidrógeno, que ayuda a reducir significativamente las emisiones.

Hasta no hace mucho, el diésel, hoy demonizado, era el tipo de motor favorito por la mayoría de los conductores en Europa. Pero hoy vive horas bajas, hasta el punto de que cada vez son más los fabricantes que eliminan o reducen esta opción de su gama. Sin embargo, puede que el futuro de los coches diésel pase por el hidrógeno.

La industria del automóvil parece haber aceptado de buen grado la transición hacia los coches eléctricos, en parte, motivado por la Unión Europea, que ya ha aprobado la prohibición de motores de combustión interna en 2035. La misma Unión Europea que antes incentivaba con ayudas la compra de coches diésel. 

Pero esa transición también se produce por interés de los propios fabricantes de automóviles, que ven cómo a través de la electrificación y el aumento de precios de los vehículos obtienen mayores beneficios, pese a la reducción de las ventas. 

Dicho de otro modo: se venden menos coches, pero más caros y, probablemente, esta siga siendo la tendencia en los próximos años. Lo cual no es un problema para las marcas, siempre que las cuentas sean positivas al cierre del ejercicio. 

 

El futuro de los coches diésel pasa por el hidrógeno, así pueden evitar su desaparición

El futuro de los coches diésel pasa por el hidrógeno

Sin embargo, los coches eléctricos plantean algunos problemas que, a día de hoy, son difíciles de atajar. El principal de ellos es la batería, un elemento clave para su funcionamiento. 

Las baterías de los coches eléctricos son muy caras de fabricar, porque requiere de minerales como el cobalto, el litio y el níquel que son caros a la hora de extraerlos y procesarlos posteriormente. Además, la mayoría de estas materias se extraen en otros países y se procesan en China. De hecho, el 70% de las baterías de fabrican en China.

Aparte, hay que recordar otros problemas de los coches eléctricos actuales, como son la falta de suficientes puntos de recarga y la autonomía, aunque estos problemas dejarán de serlo en los próximos años. Al menos, en teoría.

La movilidad del futuro será eléctrica, pero, hasta que eso sea realidad, tendremos que esperar muchos años. Posiblemente, más allá de 2035, como que quiere la Unión Europea y otros países del mundo. 

Mientras esa realidad llega, el motor diésel puede contribuir a la disminución de las emisiones, por muy contradictoria que esto pueda sonar. Y puede hacerlo, gracias al hidrógeno

El hidrógeno al rescate de los motores diésel

El futuro de los coches diésel pasa por el hidrógeno

El futuro de los coches diésel pasa por el hidrógeno. Este elemento reduce significativamente el consumo y las emisiones de partículas nocivas y CO2. El hidrógeno produce una serie de beneficios en el motor diésel, como una combustión más limpia. 

Esto no es una novedad. Además, ya hace tiempo que se emplea en procesos de descarbonización. Pero, en este caso, se trata de inyectar el hidrógeno directamente en el motor, mezclado con el gasóleo, para que la combustión sea más limpia.

Hace poco conocimos un revolucionario invento que convierte los motores diésel en limpios motores de hidrógeno, elaborado por un grupo de científicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sidney. 

Este invento consiste en un sistema de inyección dual que pasa a consumir un 90% de hidrógeno y un 10% de diésel y consigue reducir las emisiones contaminantes en un 85%, con respecto al motor original utilizando solo gasóleo. Además, reducía también el consumo. 

Lógicamente, se trata solo de un primer invento, al menos que tengamos constancia, y su aplicación en la industria automotriz todavía está lejos de hacerse realidad. La solución del hidrógeno en los coches diésel no está exenta de dificultades tampoco, ya que hará falta algún dispositivo que lo proporcione, así como un sistema que regule su caudal. 

El hidrógeno precisa de un lugar donde almacenarlo y una red de distribución. En segundo lugar, ese dispositivo que lo proporcione debe ser pesado y voluminoso, por ello, solo se ha utilizado en vehículos pesados. 

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