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Francia ya ha regulado la conversión de los coches usados en eléctricos

Francia ya ha regulado la conversión de los coches usados en eléctricos

Francia ha apostado por el retrofit, es decir, convertir un coche tradicional en uno eléctrico. Una práctica que hasta ahora llevaba tiempo y dinero, pero que, desde 2020, se ha convertido en una opción más barata que la compra de estos vehículos. Al menos en el país galo, donde pretenden democratizar los vehículos cero emisiones y reducir el uso de recursos en la industria.

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En abril de 2020, Francia aprobó una ley mediante la cual se simplifican todos los trámites necesarios para transformar un coche de combustión usado en uno eléctrico… y homologarlo. Una normativa que abre las puertas a la industrialización de este proceso porque permite hacerlo en serie.

Francia ya ha regulado la conversión de los coches usados en eléctricos

Producción en serie

Tal y como explican en El Diario, para las empresas especializadas en estos procesos, transformar el primer vehículo es caro por todo el trabajo que implica: no en vano, hay que modificar las entrañas del coche por completo. Sin embargo, cuando se homologa el primer ejemplar es sencillo (y más barato) hacer lo mismo con 50 o con 10.000 ejemplares. 

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Las marcas no han ignorado esta normativa. A finales del año pasado, Renault comunicaba que iba a reacondicionar su fábrica de Flins para transformar sus modelos de ocasión de gasolina y diésel en eléctricos. Según AIRE, una empresa dedicada a ello, llevar a cabo este proceso en un Renault Clio costaría 13.000 euros… teniendo en cuenta que el conductor cuenta con una ayuda de 5.000 euros.

Francia ya ha regulado la conversión de los coches usados en eléctricos

El proceso

Cuando un coche de combustión se transforma en uno eléctrico, la presencia de la marca desaparece del motor y de las baterías ya que la responsabilidad pasa a ser de la compañía transformadora. Los vehículos tienen menos autonomía que un modelo nuevo, pero han centrado el foco en aquellos conductores que emplean el coche a diario, en la ciudad, y que no recorren un gran número de kilómetros.

Además, su frente de acción no está sólo en los turismos. Ponen especial énfasis en las ventajas que esta iniciativa supone para el transporte de mercancías: la mayor parte de las furgonetas y camiones que circulan por las urbes son diésel porque, por ahora, renovar por completo la flota para sustituirlos por modelos eléctricos es muy caro.

¿Y en España?

Nuestro país tiene leyes que permiten homologar los vehículos de combustión que se transforman en uno de cero emisiones, pero hay un problema: los casos se tramitan de forma individual, encareciendo el proceso y alargándolo en el tiempo. No en vano, una empresa de Barcelona se dedica a ello desde hace seis años y sólo han modificado seis modelos. Ahora se plantean mudarse a Francia para democratizar el retrofit.

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