China y Europa se sientan a hablar: la idea es poner un precio mínimo en lugar de aranceles para sus coches eléctricos

China y la UE negocian reemplazar los aranceles a los coches eléctricos por precios mínimos, buscando un equilibrio comercial sin escalar la tensión.
La tensión comercial entre la Unión Europea y China en torno al mercado de los coches eléctricos podría estar dando un giro importante. Ambas potencias han iniciado conversaciones para estudiar una alternativa a los aranceles impuestos por Bruselas: establecer precios mínimos para los eléctricos chinos en lugar de los actuales gravámenes.
El detonante de esta nueva fase de diálogo fue una conversación entre el comisario de Comercio de la UE, Maroš Šefčovič, y el ministro chino de Comercio, Wang Wentao. Según confirmó un portavoz de la Comisión Europea, los dos responsables acordaron estudiar la posibilidad de fijar precios mínimos de venta para los coches eléctricos fabricados en China.
Por su parte, el Ministerio de Comercio chino ha anunciado que las negociaciones comenzarán "inmediatamente". Esta rapidez en la reacción por parte de Pekín subraya el interés del país asiático por encontrar una salida diplomática al conflicto y garantizar el acceso de sus fabricantes al mercado europeo.
Precios mínimos a los coches eléctricos chinos
La idea de establecer precios mínimos para los vehículos eléctricos no es nueva. Antes de que la UE decidiera aplicar aranceles adicionales a finales del 2024, ya se barajó esta opción durante las negociaciones previas.
En aquel momento, sin embargo, las conversaciones fracasaron y la Comisión Europea optó por aplicar un sistema de aranceles escalonados para contrarrestar lo que considera una competencia desleal derivada de los subsidios estatales que el gobierno chino otorga a sus fabricantes.
Los aranceles impuestos por Bruselas afectaron de manera significativa a las marcas chinas. Se estableció un gravamen adicional del 17% para BYD, del 18,8% para Geely y del 35,3% para SAIC, sumados al arancel base o estándar del 10% que ya estaba vigente en la UE.
Aquellos fabricantes que no cooperaron con la investigación fueron penalizadas con el porcentaje más alto, mientras que incluso fabricantes occidentales que producen en China, como Tesla, Dacia o BMW, también se vieron afectados (Tesla, por ejemplo, recibió un recargo del 7,8%).

Según Šefčovič, los precios mínimos podrían “tener la misma efectividad que los aranceles”. Esto significaría garantizar que los vehículos eléctricos chinos no entren al mercado europeo a precios realmente bajos, gracias a subsidios multimillonarios, y así evitar un desequilibrio competitivo con las marcas europeas.
La intención de Bruselas es clara: proteger la industria local sin cerrar las puertas al comercio internacional.
Tensión comercial a nivel mundial
Este acercamiento entre China y la UE se da en un momento de creciente tensión comercial a nivel global. La guerra arancelaria iniciada por Estados Unidos contra el gigante asiático ha tenido un efecto dominó en otros frentes.
De hecho, la última decisión de Washington, bajo la presidencia de Donald Trump, fue imponer un arancel del 145% a todos los productos importados desde China. Pekín respondió con la misma contundencia, manteniendo gravámenes del 84% a las importaciones estadounidenses y advirtiendo que “no retrocederán”.
Europa, cuyo principal socio comercial es precisamente China, ha tratado de mantener una posición más equilibrada. Sin embargo, la presión por parte de algunos Estados miembros y de los propios fabricantes de automóviles ha llevado a tomar medidas más proteccionistas.
Aun así, la decisión de abrir una vía negociadora muestra la voluntad política de evitar una escalada que perjudique aún más a las economías europeas, ya afectadas por la inflación, la guerra en Ucrania y la desaceleración global.
El rol que juega España
El proceso de aprobación de los aranceles hace cuestión de un año reveló una clara división entre los Estados miembros de la UE. Diez países votaron a favor de las nuevas tarifas, cinco las rechazaron y doce se abstuvieron.
España fue uno de los países que optó por no definir su postura, en parte debido al giro diplomático del presidente Pedro Sánchez durante su visita a Pekín en julio del mismo año. Allí, Sánchez solicitó a la Comisión Europea que reconsiderara su estrategia frente a China, un gesto que buscaba reforzar los lazos comerciales con el país asiático y reducir el déficit comercial español.
Actualmente, Sánchez ha vuelto a viajar a Pekín con el objetivo de impulsar las exportaciones españolas y consolidar una relación bilateral más equilibrada. Esta visita coincide con el inicio formal de las negociaciones para eliminar los aranceles a los coches eléctricos, lo que refuerza la idea de que España podría jugar un papel clave en la búsqueda de una solución pactada.
El camino hacia un acuerdo
Según ha informado el diario económico alemán Handelsblatt, uno de los jefes de Gobierno de la UE ha mantenido recientemente una conversación con el presidente chino, Xi Jinping, lo que demuestra que las conversaciones no se están limitando al ámbito técnico, sino que tienen una dimensión política de primer nivel.
Ambas partes han manifestado su disposición a continuar negociando. La Comisión Europea ha dejado claro que sólo aceptará una alternativa si garantiza la misma protección que los aranceles. Pekín, por su parte, parece estar dispuesto a aceptar compromisos si eso permite recuperar el acceso al mercado europeo sin trabas adicionales.




