Mónica Marí, responsable de una gasolinera: "Muchos conductores creen que el combustible más caro es mejor, pero no siempre es así"

La gasolina premium no siempre es sinónimo de mayor durabilidad de la vida del motor. Así lo relata una trabajadora de gasolinera.
La elección del tipo de combustible al llegar a una estación de servicio sigue siendo una de las decisiones cotidianas que más dudas generan entre los automovilistas. Existe una creencia profundamente arraigada en el imaginario colectivo de que los productos de mayor precio equivalen automáticamente a un rendimiento superior o a un cuidado idílico del motor. Sin embargo, los expertos del sector insisten en que esta correlación no es lineal ni se aplica a todos los casos.
En este contexto, Mónica Marí, una experimentada responsable de gasolinera, ha decidido arrojar luz sobre el asunto para desmitificar las propiedades de las gasolinas de alto coste y guiar a los usuarios hacia un consumo mucho más inteligente, eficiente y adaptado a las necesidades reales de sus vehículos. Marí explica que una gran parte de los conductores acude al surtidor con la firme convicción de que desembolsar más dinero por litro se traducirá de inmediato en una mayor potencia o en una vida útil más prolongada para su automóvil.
Esta percepción es alimentada muchas veces por las potentes campañas de marketing de las grandes compañías petroleras, que asocian los combustibles premium con adjetivos vinculados a la máxima eficiencia y la limpieza extrema. A pesar de estos mensajes comerciales, la realidad técnica que se maneja a diario en las estaciones de servicio es bastante diferente, y la responsable es tajante al afirmar que pagar más no siempre reporta un beneficio tangible para el conductor medio.

Para comprender por qué el combustible más costoso no siempre es la mejor opción, es fundamental analizar en qué consisten realmente estas variantes de precio elevado. En el caso de la gasolina, la principal diferencia entre el producto estándar y el considerado de alta gama radica principalmente en el índice de octano o octanaje.
Este valor mide la capacidad de resistencia del carburante a la detonación prematura cuando se encuentra comprimido dentro del cilindro del motor. Un octanaje más elevado está diseñado de forma específica para propulsores de alta compresión, habituales en coches deportivos o de gran cilindrada, donde se requiere que la mezcla de aire y combustible no explote antes de que salte la chispa de la bujía.
Cuando un conductor introduce gasolina premium de alto octanaje en un vehículo utilitario convencional, diseñado de fábrica para funcionar de manera óptima con combustible estándar, no se produce ninguna mejora mágica en el rendimiento. El motor de un coche común no cuenta con la relación de compresión ni con los sensores necesarios para aprovechar las propiedades de esa resistencia adicional a la detonación.
Por lo tanto, el combustible se quema exactamente de la misma manera que lo haría la opción económica, lo que convierte la diferencia de precio en un gasto superfluo que no aporta caballos de fuerza adicionales ni reduce de forma significativa el consumo de carburante en trayectos urbanos o de carretera.
A pesar de que el octanaje no marque la diferencia en coches normales, las variantes más caras suelen incorporar una serie de aditivos químicos avanzados, como detergentes, anticorrosivos y agentes dispersantes. Estas sustancias tienen como misión principal reducir la acumulación de residuos carbonosos en los inyectores y en las válvulas de admisión, manteniendo el sistema de alimentación relativamente limpio.
Marí señala que, si bien estos componentes son beneficiosos para la salud del motor a largo plazo, su impacto real en la conducción del día a día no justifica un uso exclusivo y continuo si el presupuesto del usuario es ajustado. La clave para el cuidado del automóvil no reside en comprar siempre el producto más prohibitivo del mercado, sino en seguir de forma estricta las recomendaciones técnicas del fabricante del vehículo, las cuales se encuentran detalladas en el manual de usuario o en la propia tapa del depósito.

La durabilidad de un motor depende en una medida muchísimo mayor de un mantenimiento preventivo riguroso que del tipo de gasolina elegido en el surtidor. Cambiar el aceite en los plazos estipulados, sustituir los filtros de aire y de combustible de manera periódica, y mantener la presión correcta de los neumáticos son prácticas comprobadas que protegen la mecánica y reducen el consumo de forma mucho más contundente que el simple hecho de llenar el tanque con la opción más costosa de la estación de servicio.

