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Audi A3, para nosotros esta es la mejor generación

Audi A3 para nosotros esta es la mejor generación

Desde que salió, en 1996, ha sido un referente entre los compactos premium, quizá porque fue un pionero. También por la impresionante calidad de sus acabados, que (con las salvedades impuestas por el paso del tiempo) siempre han sido marca de la casa en Ingolstadt. De forma que, ahora que se encuentra en plena cuarta generación, lanzada el año pasado, es una tarea verdaderamente difícil quedarse con una sola de ellas. Aun así, y aunque haya muchas respuestas y motivos posibles para elegir dentro de la historia del Audi A3, para nosotros esta es la mejor generación.

Desde luego, lo fácil sería apuntar a la última. Con un diseño siempre evolutivo (no encontraremos jamás grandes saltos en Audi) pero más agresivo, y con más tecnología que nunca, los fríos números lo sitúan, como es natural que suceda, por encima de sus predecesores.

Audi A3, esta es su mejor generación
Las tres primeras generaciones del Audi A3.

También sería un clásico decir la primera, que fue revolucionaria en el concepto de traer el mercado premium a los compactos. Y la apuesta les salió más que bien, pues se convirtió en un superventas desde el principio. Además, no olvidemos que el S3 apareció ya con esta generación primigenia, en 1999. Nada mal.

Pero, para nosotros, la mejor generación del Audi A3 es la tercera, que se prolongó de 2013 a 2020 con un éxito arrollador. Recogiendo toda la experiencia acumulada en los 17 años anteriores, el lujo que destilaba y su respuesta dinámica lo colocaban muy por encima de sus rivales del momento. También, y esto no es baladí, es la que tuvo (y tendrá) más variantes: Sedan, Sportback, Cabrio, g-tron (de gas), e-tron, S3, RS3... Pues ya sabemos que ni la carrocería de tres puertas ni la cabriolet volverán con esta cuarta.

Y, si bien no era tan ultratecnológico y en sus últimos años ya pedía una actualización, hay que reconocer que mantenía un muy buen equilibrio entre el encanto de lo analógico y la practicidad de lo digital, con esa pantalla retráctil que desaparecía bajo el salpicadero cuando no la necesitabas.

Quizá todas las generaciones del A3 estén llamadas a convertirse en clásicos. Y, desde luego, a durar décadas y décadas, a juzgar por la robustez con que están rematadas. Pero esa quizá quede como el testamento de una época, en la que aún se podía sentir y oír cómo las cosas se movían, haciendo tic, tac, toc o tuc, dependiendo.

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