Adiós a los nombres legendarios, por qué muchos coches ya se llaman como un teléfono móvil

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Otra de las consecuencias que ha tenido la irrupción de los coches chinos ha sido el cambio en los nombres que ahora evocan más a móviles que a vehículos.
Con la irrupción de los coches chinos en Europa, se está produciendo un fenómeno cuanto menos curioso en el sector de la automoción, como es el cambio de los nombres de los modelos. Ahora, muchos coches se llaman como un teléfono.
Probablemente, te haya pasado que has escuchado o leído el nombre de un modelo y no sabías si se trataba de un vehículo o el último móvil, tablet o cualquier dispositivo electrónico en llegar al mercado.
Efectivamente, es algo que venimos presenciando desde hace un tiempo y cada vez va a más. Las marcas chinas han traído un cambio de nomenclatura que nos suenan más a móviles que a coches.
Ejemplos hay montones, desde el Xiaomi SU7 hasta el Xpeng G6, pasando por el BYD Seal U, Omoda 5, Zeekr X, Dongfeng Box, NIO ET7…
La importancia del nombre en un coche

El nombre de un coche es muy importante. Es capital y muchas veces influye en el éxito o fracaso del modelo (aquí te mostramos diez coches que tuvieron que cambiar de nombre). Por eso, las marcas acostumbran a contar con departamentos encargados exclusivamente de encontrar la denominación más adecuada.
Por poner un ejemplo reciente, el Renault Rafale, buque insignia de la marca francesa, el nombre alude a un pasado de la compañía a veces olvidado.
Como explicó la responsable de la estrategia de denominación de modelos en la Dirección General de Marketing de Renault, Sylvia Dos Santos, “pocas personas saben que el nombre 'Rafale' pertenece a Renault y forma parte de la historia de la marca. Hoy lo utilizamos por primera vez para bautizar un vehículo".
Rafale hace referencia a un famoso caza francés de los años 30 y evoca los logros más prestigiosos de Francia en el campo de la aviación. Esa historia comenzó con Louis Renault hace 89 años, pero pocos saben que el nombre Rafale pertenece a Renault desde 1936. Los cazas actuales siguen llamándose Rafale.
Ahora, Renault recupera ese nombre para dejar claro el posicionamiento e imagen que quiere para el modelo que encarna su gama alta.
Es sólo un ejemplo, pero no sirve para ver cómo los fabricantes estudian mucho este asunto. Antiguamente, la mayoría de las marcas optaban por un número que, normalmente, hacía referencia a la cilindrada del motor. Por ejemplo, Fiat/Seat.
Esta tendencia cambió en los 80, cuando empezaron a utilizar nombres, como Ritmo, Uno, Panda, etc. en el caso de Fiat. Seat también empezó a usar nombres de ciudades españolas. El primero fue el Ronda y luego le siguieron el Málaga, el Ibiza, el Toledo…
Así es el proceso en Seat

Por cierto, que el proceso para la elección de un nombre nuevo en Seat es bastante curioso. Se hace siguiendo una serie de pasos y detrás de cada uno hay una explicación técnica, así como muchas similitudes como cuando se tiene un niño.
Se barajan numerosas opciones y lo primero que se tiene en cuenta es la seña de identidad de la marca y el carácter del modelo. Seat tiene un espíritu joven y entre sus valores está el dinamismo y la pasión por el diseño.
El nombre debe ser fácil de recordar y pronunciar, teniendo en cuenta que el coche se va a comercializar en más de 80 países. Por tanto, debe funcionar correctamente a nivel fonético y que no tenga un significado malsonante o peyorativo. En este sentido, recordemos casos como el Mitsubishi Pajero, que pasó a llamarse Montero en España.
Una vez escogidas las diferentes opciones, se verifica que se puedan utilizar legalmente, comprobando que sean válidos a nivel internacional y que, por ejemplo, no estén registrados por otras marcas en cualquiera de los países en los que opera Seat.
Por último, se crea un focus group, es decir, un grupo integrado por decena de hombres y mujeres de perfiles diferentes, previamente estudiados, que encajarían como potenciales compradores del vehículo, y se les hace preguntas del tipo “¿Qué os evoca este nombre?”, “¿En qué os hace pensar?” o “¿Creéis que tiene fuerza?”.
El apego a la historia y la tradición

Como vemos, el proceso para elegir un nombre, también denominado naming, es más complejo de lo que se cree. Sin embargo, las marcas chinas simplifican mucho este apartado.
No es que le den poca importancia, sino que, en la mayoría de los casos, son fabricantes de reciente creación, con pocos años de carrera y, por tanto, no tienen un apego a ninguna historia, al pasado o a la tradición.
Por ejemplo, en los últimos años estamos viendo cómo algunas marcas occidentales recuperan nombres míticos para modelos nuevos. Tenemos los casos de Renault con el 5 y el 4, pero también Ford con el Capri u Opel con el Frontera. Aunque estos nuevos modelos no tengan nada que ver con el original, si acaso algún parecido estético.
Las marcas chinas no tienen esta opción y utilizan nombres sencillos que evocan más a un aparato electrónico que a un coche, sabiendo además que sus potenciales clientes son personas familiarizadas con las nuevas tecnologías.
A esto hay que añadir que actualmente los automóviles se han convertido en verdaderos dispositivos electrónicos con ruedas. Y más lo serán a medida que avance la conducción autónoma. De automóviles y móviles.
