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27 empleados cuentan desde dentro cómo ha fracasado esta marca de coches eléctricos

fisker ocean

Descubrimos algunas de las causas que han llevado a Fisker, una marca de coches eléctricos estadounidense, a verse en una delicada situación. La compañía podría declararse en bancarrota después de una serie de problemas y errores de gestión.

El mercado de coches eléctricos que, en cierta medida, revolución Tesla hace más de una década cuando lanzó al mercado el Tesla Model S, ha visto cómo se han ido sumando tanto fabricantes tradicionales con una dilatada trayectoria en el sector, como empresas de nueva fundación que trataban de aprovechar las oportunidades de esta nueva tecnología de propulsión.

Entre las compañías de nueva creación figuran nombres como Lucid, Rivian y Fisker. Sin embargo, ninguna de ellas ha logrado cosechar ni una pequeña fracción del éxito comercial que está teniendo la marca de Elon Musk, incluso contando entre sus filas con un prestigioso diseñador de automóviles creador del Aston Martin V8 y el BMW Z8.

La delicada situación que atraviesa Fisker

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Hablamos de Henrik Fisker, una figura de referencia dentro de la industria automotriz incluso colaboró en el desarrollo del Model S. Fisker no solo no ha triunfado en el campo del vehículo electrificado, sino que se enfrenta a la que podría ser su segunda quiebra después de que su primera startup se declarara en bancarrota en 2013.

Tres años más tarde, en 2016, Fisker volvía a escena con una segunda startup, una empresa en la que trataría de remendar los errores del pasado intentando hacer las cosas diferentes, como externalizar la producción de sus vehículos a través de Magna International o de cambiar su público objetivo a la clase media con un coche más económico que también rivalizara con el Tesla Model Y.

Fisker condenada a desaparecer

Incluso con todos estos esfuerzos, Fisker se encuentra en un momento complicado en el que podría acabar en quiebra, como cuentan nuestros compañeros de Business Insider después de entrevistar a 27 empleados de la compañía para conocer cuáles han sido las causas del que tiene pinta que acabará siendo el segundo gran fracaso de Henrik Fisker.

“Al principio tenía esperanzas. Parecía que Fisker había aprendido de sus errores. Más tarde se hizo evidente que no lo había hecho”, afirma un antiguo vicepresidente que trabajó en las dos empresas del famoso diseñador de automóviles.

Los recortes de gastos

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Según cuentan los entrevistados, el origen de la delicada situación en la que se encuentra Fisker actualmente, que habría llevado a empresa a realizar despidos masivos reduciendo su plantilla por debajo de los 100 empleados, radica en el matrimonio entre el diseñador y su esposa, Geeta Gupta-Fisker.

Al parecer, Gupta-Fisker ejerce el cargo de directora Financiera y directora de Operaciones en la compañía, mientras que Henrik Fisker actuaría como una figura decorativa. Su esposa, sin apenas experiencia en la industria automotriz, se habría involucrado en todo tipo de decisiones, tanto a nivel de ingeniería como en acuerdos con Magna e incluso decisiones sobre software.

Gupta-Fisker destacó rápidamente en la startup por su capacidad para reducir costes, algo que habría llevado a Fisker incluso a utilizar piezas más baratas, en contra del consejo de los ejecutivos de Fisker y de Magna, que no cumplían con las especificaciones correctas para el único modelo de la marca, el Fisker Ocean.

Los trabajadores afirman que muchos de los fallos del Ocean se deben precisamente a estos esfuerzos por reducir costes, a lo que habría que sumar los informes que recomendaban la realización de pruebas y desarrollos antes del lanzamiento del SUV eléctrico al mercado. “El objetivo era sacar el coche al mercado lo antes posible. Se pensaban que podríamos arreglar las cosas con actualizaciones más adelante”, afirma un extrabajador.

Todo esto ha llevado a la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carretera de Estados Unidos (NHTSA) a poner en marcha cuatro investigaciones sobre el vehículo de Fisker tan solo en el último año, incluyendo problemas de frenado involuntario y fallos en el sistema de cierre de las puertas.

Por si todo esto no fuera suficiente, Fisker tampoco estableció un sistema eficaz para procesar las órdenes de reparación y las reclamaciones de garantía, lo que llevó a la empresa a no disponer de un registro adecuado de las piezas que se utilizaban para las reparaciones, muchas de las cuales salían de la línea de producción y otras procedían de vehículos de preproducción, según estas fuentes.

Cuando la industria del automóvil se enfrentó a una escasez generalizada de piezas y componentes para vehículos a raíz de la pandemia, algunos jefes en Fisker tomaron la decisión de exigir a los trabajadores que visitaban la sede de Magna en Graz (Austria) que trajeran piezas en sus maletas para evitar pagar las tasas de importación.

Las malas críticas

Y en mitad de esta vorágine de problemas internos y de producción, Fisker se enfrentó a la realidad de un mercado no del todo convencido de la calidad y fiabilidad del Ocean. Tras un año en el mercado y entregar unos 7.000 vehículos de las más de 65.000 reservas que afirmaba tener Fisker, las críticas negativas asestaron el golpe definitivo a la empresa.

La crítica que hizo el youtuber MKBHD, que calificó el Ocean como “el peor coche que he visto jamás” desencadenó una ola de cancelaciones de reservas por parte de muchos clientes que estaban esperando el vehículo.

La solución de Fisker a este problema fue intentar conseguir ventas empleando a un equipo comercial mas grande que dio como resultado registros duplicados y clientes que recibían varias llamadas al día por parte de diferentes representantes de la empresa.

Tampoco ayudó la decisión de la compañía de iniciar una campaña agresiva en la que se dirigían a los clientes que habían cancelado sus pendidos acribillándolos a llamadas en un intento por revocar la decisión. A esto se sumaron varios eventos con clientes y potenciales compradores, incluyendo uno en el que Fisker no pudo lograr el permiso del propietario del lugar para realizar este evento, lo que acabó con su cancelación.

En Fisker se dieron casos tan extremos de descontrol como la entrega de coches a clientes que ya habían cancelado la compra. A pesar de ello, la compañía hacía entrega del vehículo antes de haber firmado el pedido o de haber realizado el pago.

Esta situación supuso que la marca perdiera temporalmente la pista de millones de dólares en pagos de clientes durante varios meses, lo que obligó a Fisker a realizar una investigación en la que descubrió que estos coches habían llegado a los clientes sin que éstos hubieran pagado. La empresa tuvo que recuperar los vehículos.

Toda esta cadena de problemas y errores de gestión han llevado a Fisker a una situación complicada en la que podría verse en una segunda quiebra 11 años después de su primera bancarrota.

Etiquetas: SUV

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