La bajada del precio de la gasolina y el diésel hace que el IPC baje hasta el 2,9%

La cifra es ligeramente inferior a la del año pasado y genera confianza en una regulación de los precios.
La economía española ha cerrado el ejercicio de 2025 con una señal de alivio para el bolsillo de los consumidores, aunque con matices que invitan a la cautela. Según los datos definitivos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, la inflación se moderó en el último mes del año hasta situarse en el 2,9%, confirmando así una tendencia de suave descenso que ha marcado la recta final del calendario.
Este dato supone una reducción de una décima respecto al mes de noviembre y permite que la media anual de la inflación en 2025 se asiente en el 2,7%, una cifra ligeramente inferior a la registrada el año anterior, lo que en términos macroeconómicos sugiere una estabilización progresiva de los precios tras los años de turbulencias post-pandemia.
El motor principal de esta bajada ha sido el comportamiento del sector energético y, más concretamente, el descenso en los precios de los carburantes. La gasolina y el diésel, que durante gran parte del ciclo inflacionario reciente actuaron como catalizadores de las subidas, han dado un respiro en diciembre de 2025.

Esta caída en el coste del transporte no solo afecta de forma directa a quienes llenan el depósito, sino que alivia la estructura de costes de la logística y el transporte de mercancías, frenando el efecto contagio hacia otros sectores de la economía.
Junto a los combustibles, el sector del ocio y la cultura también ha contribuido a este enfriamiento de los precios, al registrar subidas menos pronunciadas que las habituales durante la campaña navideña del año pasado.
Sin embargo, este escenario de moderación generalizada encuentra una resistencia notable en la cesta de la compra. A pesar de la caída de la energía, los alimentos y las bebidas no alcohólicas han seguido presionando al alza, cerrando el año con un incremento interanual en torno al 3%.
Los productos básicos han mantenido una dinámica alcista que contrasta con la deflación de los productos energéticos, lo que explica por qué la sensación térmica de la inflación para las familias no siempre coincide con la bajada del índice general.
En lo que respecta a la inflación subyacente, aquella que excluye de su cálculo los alimentos no elaborados y los productos energéticos por su alta volatilidad, el dato se ha mantenido estable en el 2,6%. Este indicador es fundamental para los analistas, ya que refleja la salud estructural de los precios y la persistencia de la inflación en el corazón del sistema productivo.
El hecho de que la subyacente permanezca por debajo del índice general es una noticia positiva, ya que sugiere que las tensiones inflacionarias no están cronificadas en el sector servicios o en los bienes industriales, sino que dependen en mayor medida de factores externos como el precio del petróleo o las cosechas agrícolas.

Desde el Ministerio de Economía se ha valorado positivamente este cierre de año, destacando que la inflación media del 2,7% en 2025 se sitúa por debajo de los incrementos salariales pactados en la mayoría de los convenios colectivos.
Este diferencial es la clave que está permitiendo a los hogares españoles recuperar parte del poder adquisitivo perdido en los años previos, donde la inflación llegó a alcanzar los dos dígitos.
Según los informes gubernamentales, la moderación de los precios, sumada a la fortaleza del mercado laboral, sitúa a España en una posición de crecimiento sólido en comparación con sus socios de la zona euro, donde algunos países todavía luchan con tasas de inflación más persistentes.
De cara al futuro inmediato, el año 2026 comienza con retos estadísticos y económicos significativos. El Instituto Nacional de Estadística ha confirmado que, a partir del dato adelantado de enero, se implementará la nueva base 2025 para el cálculo del IPC.
Este cambio técnico, que se realiza de forma periódica para adaptar la cesta de la compra a los hábitos de consumo reales de la población, permitirá una medición más precisa pero también obligará a reajustar las series históricas.
Además, la evolución del mercado de la vivienda, que ha mostrado subidas de dos dígitos en grandes ciudades y zonas turísticas durante 2025, sigue siendo la gran asignatura pendiente que podría amenazar la estabilidad de precios en los meses venideros si no se contiene el encarecimiento de los alquileres.
De este modo, España despide el año con una inflación controlada pero vigilante, donde la evolución de las tensiones geopolíticas y su impacto en el precio del crudo seguirán siendo los factores determinantes para saber si en 2026 se logrará finalmente alcanzar la senda de estabilidad total.


