Confirmado: los coches conducidos por humanos ocupan el doble de espacio en los aparcamientos

Parking de un aeropuerto
Parking de un aeropuerto
Noticia
Añádenos en Google

Elígenos como tu fuente preferida en Google.

El aeropuerto de Gatwick en Londres implementa un servicio de aparcacoches robótico y deja serias conclusiones sobre la gestión del espacio.

Dejar el coche en el aeropuerto suele ser una fuente garantizada de estrés para los viajeros, pero el verdadero dolor de cabeza es para quienes diseñan y gestionan los aparcamientos. En las grandes infraestructuras internacionales, el espacio no lo consumen los vehículos por sus dimensiones metálicas, sino las personas por sus necesidades físicas según un estudio aplicado al aeropuerto de Gatwick en Londres. 

Para que un conductor pueda abrir la puerta, sacar la maleta del asiento trasero y salir caminando con seguridad, hace falta dejar un margen generoso a cada lado del coche. Siguiendo con esta idea, la prueba en el aeropuerto británico ha demostrado que estas maniobras físicas obligan a proyectar plazas de estacionamiento pensando en la anatomía humana y no en la longitud real de la carrocería, lo que provoca que un garaje tradicional ocupe prácticamente el doble de suelo del que realmente necesitarían los coches para ser guardados.

Es más, el origen de este desperdicio de suelo reside en la propia arquitectura de los garajes contemporáneos. Un hueco de aparcamiento estándar nunca se calcula únicamente en función de la anchura o longitud del vehículo. Al proyectar la instalación, los ingenieros deben incluir el radio de apertura de las puertas, las arterias de circulación peatonal y las amplias zonas de giro para aparcar marcha atrás. Todo ese volumen de aire vacío que rodea a cada vehículo representa un enorme desperdicio de metros cuadrados. Cuando es un ser humano quien conduce dentro del recinto, resulta obligatorio mantener pasillos libres y zonas despejadas.

La cuantía a pagar no le salía rentable

Sin embargo, el nuevo sistema robótico implementado en Gatwick transforma esta dinámica por completo desde el primer minuto. El cambio es evidente nada más llegar a las instalaciones aeroportuarias. En lugar de perder un tiempo precioso dando vueltas por oscuros pasillos buscando un hueco libre antes de un vuelo, el usuario conduce su vehículo directamente hasta una cabina de entrega automatizada situada a la entrada del recinto

Allí se baja con sus acompañantes, descarga el equipaje con tranquilidad y confirma la reserva a través de una pantalla digital. A diferencia de los servicios tradicionales de aparcacoches, el viajero conserva las llaves en su bolsillo en todo momento. En cuanto la familia abandona el habitáculo y la puerta de seguridad se cierra, la tecnología asume la gestión integral de la plaza.

A partir de ese momento, la maniobra dentro del edificio queda a cargo de una flota de robots de plataforma plana y bajo perfil, guiados por sensores de alta precisión e inteligencia artificial. Estas unidades autónomas se desplazan rodando por debajo del chasis del coche, elevan las cuatro ruedas suavemente mediante un mecanismo mecánico y lo transportan en suspensión hacia el interior del garaje. 

Como dentro del recinto ya no hay personas que necesiten abrir puertas ni caminar entre los pasillos, las máquinas alinean los vehículos con precisión milimétrica, pegándolos unos a otros a escasos centímetros de separación. Además, el software optimiza el espacio apilando los automóviles en bloques continuos de alta densidad, ocupando pasillos que antes debían permanecer despejados para las maniobras o el tráfico peatonal

El resultado numérico de eliminar al factor humano de las galerías es contundente. Los datos operativos del proyecto demuestran que este sistema permite meter un 50% más de coches en la misma superficie construida. Dicho de otro modo: los aparcamientos conducidos por personas desperdician la mitad del espacio útil solo en huecos para maniobrar y caminar. 

Para una infraestructura internacional como Gatwick, saturada por el constante incremento de pasajeros y sin posibilidad de expandirse a lo ancho, esta ganancia supone duplicar su capacidad operativa sin tener que levantar una sola pared ni asfaltar más terreno. Esta optimización del espacio también se traduce en ventajas directas de comodidad y seguridad para los usuarios. Por una tarifa de 127 euros para una estancia tipo de cinco días, el viajero no solo elimina el estrés del aparcamiento, sino que deja su vehículo en un recinto cerrado e inaccesible para el público general. 

Por último, el proceso de devolución funciona con la misma fluidez automatizada. El sistema informático se conecta en tiempo real con el estado de los vuelos para conocer la hora exacta de aterrizaje del pasajero. Cuando el cliente cruza las puertas de la terminal, los robots ya han sacado su coche del bloque de almacenamiento denso y lo han depositado en la cabina de salida, orientado en el sentido de la marcha y listo para emprender el viaje de regreso a casa.

Más información sobre:

Ver sus artículos

Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España