Cruza tres continentes y deja abandonado su coche en el parking del aeropuerto durante seis años: el precio a pagar da miedo

La cuantía a pagar no le salía rentable
La cuantía a pagar no le salía rentable

La experiencia de este viajero manda un claro mensaje a aquellos que dejan sus vehículos en los parkings de aeropuertos o estaciones. 

Los aparcamientos de las terminales aéreas internacionales suelen ser escenarios habituales de historias singulares, vehículos cubiertos de polvo y olvidos prolongados por parte de viajeros despistados o con prisas. Sin embargo, el caso que ha captado la atención pública recientemente supera cualquier precedente común dentro de la gestión de este tipo de infraestructuras de transporte. 

Un automóvil de gama media permanece estacionado en las dependencias de estacionamiento de un aeropuerto principal tras haber sido abandonado por su propietario, quien emprendió un viaje de larga distancia que lo llevó a cruzar tres continentes. Seis años después de aquel día en que el conductor apagó el motor y cerró las puertas de su vehículo con llave por última vez, diversos analistas y curiosos han echado mano de la calculadora para evaluar el coste acumulado por la estancia prolongada del vehículo. 

El resultado de dicha operación matemática arroja una cifra económica tan astronómica y desorbitada que, con total seguridad, infunde verdadero pavor a cualquiera y plantea serias dudas sobre la posibilidad de que el dueño decida regresar algún día a recuperar su propiedad.

La génesis de esta historia se remonta a más de un lustro atrás, cuando el titular del vehículo accedió al recinto aeroportuario con la intención aparente de tomar un vuelo de larga distancia. Las investigaciones e indagaciones en torno al paradero del conductor revelaron una trayectoria de viaje sumamente compleja que abarcó desplazamientos sucesivos a través de tres masas continentales distintas. 

Lo que en un principio podría haberse planificado como una estancia temporal, unas vacaciones prolongadas o un viaje de negocios de varios meses, terminó convirtiéndose en un abandono sistemático y definitivo en el tiempo. 

A medida que los meses se transformaban en años, la carrocería del automóvil comenzó a acumular las inevitables huellas del abandono masivo, cubriéndose de densas capas de suciedad, sufriendo el desgaste natural de los neumáticos por la pérdida de presión y convirtiéndose en un elemento fijo e inamovible del paisaje cotidiano para el personal de seguridad y los usuarios habituales del aparcamiento.

El verdadero impacto de este suceso reside en la acumulación diaria de las tarifas de estacionamiento del aeropuerto, las cuales están diseñadas bajo una lógica de rotación a corto plazo y penalizan severamente los periodos excesivos de ocupación. Los cálculos realizados en base a los precios oficiales por jornada de este tipo de parkings desvelan que la deuda total acumulada asciende a decenas de miles de euros

Este tipo de tarifas comerciales suelen aplicar un precio fijo por las primeras horas, que luego se estabiliza en una tarifa máxima diaria orientada a estancias de fin de semana o viajes de pocos días. Multiplicar esa tarifa diaria estándar por los más de 2.100 días que componen el periodo de seis años de abandono da como resultado una suma líquida que supera con creces el valor de mercado original del coche cuando este salió del concesionario oficial, e incluso sextuplica el valor tasado actual de cualquier automóvil de similares características de segunda mano.

Ante un panorama financiero de tales magnitudes, la viabilidad económica de la recuperación del coche es nula desde cualquier punto de vista lógico o empresarial. Para que el propietario legítimo pudiera retirar el vehículo del aparcamiento de la terminal, la normativa interna de la empresa concesionaria exige el abono íntegro y previo del ticket acumulado en las cajas de cobro automático o en las oficinas de atención al cliente. 

Teniendo en cuenta que hacer frente a dicha deuda supondría un desembolso monetario equivalente al coste de adquisición de un coche deportivo de lujo de última generación, resulta de todo punto incomprensible que alguien decida saldar la cuenta por un vehículo antiguo, deteriorado por el paso del tiempo y con la mecánica previsiblemente dañada tras seis años de inactividad absoluta.

Este tipo de situaciones límite coloca a las empresas gestoras de los aeropuertos ante un complejo dilema legal y logístico que suele requerir la intervención de las autoridades de tráfico y de la justicia. La legislación vial de la mayoría de los países estipula que, cuando un coche permanece abandonado de forma evidente en un recinto privado de uso público durante un periodo prolongado, la entidad afectada puede iniciar un expediente administrativo por abandono. 

Mientras estos trámites judiciales y administrativos siguen su curso lento y burocrático, el automóvil continúa acumulando polvo en su plaza de aparcamiento, erigiéndose como un monumento mudo al viaje más largo y costoso de la historia de su dueño.

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Alicia Pérez

Colaboradora

Colaboradora redacción motor Auto Bild España