Arabia Saudí, acorralada por la crisis en Oriente Próximo, cancela el envío de petróleo a Europa, añadiendo más tensión al precio de la gasolina y diésel

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El país saudita no puede exportar su crudo por el bloqueo de Irán en el Estrecho de Ormuz y el control de los Hutíes en el Estrecho de Bab el-Mandeb.
Ir a una gasolinera se ha convertido en un terrible dolor de cabeza. El precio de los combustibles ya está en el entorno de los 2 euros/litro, y eso que el diésel tiene un descuento de 20 céntimos desde el 1 de septiembre. Todo el mundo se pregunta el porqué de esta escalada en los carburantes y, para entenderlo, hay que mirar a un país: Arabia Saudí.
El precio de la gasolina y el diésel no ha parado de subir desde julio y, de forma más acusada, desde que comenzó el mes de septiembre. Ahora mismo, la gasolina 95 cuesta 1,923 euros/litro de media en España, mientras que el diésel está a 1,899 euros/litro, según el portal dieselogasolina.com.
Por su parte, la gasolina 98 supera la barrera de los 2 euros por cada litro y el gasóleo A+ se acerca a ese umbral. En cuanto al precio del petróleo, los pasivos del barril de Brent superan los 108 dólares.
A pesar de las rebajas fiscales (20 céntimos en el caso del diésel y 5 céntimos en la gasolina), los precios están disparados y ambos carburantes están un 20% más caros que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo, a finales de febrero.
Es más, la gasolina ha alcanzado su nivel más alto desde octubre de 2022 y el gasóleo marcaría su precio más caro desde abril, de no ser por la ampliación del descuento gubernamental.
Arabia Saudí cancela el envío de petróleo a Europa

Arabia Saudí ha anunciado que cancela el envío de petróleo a Europa, al menos durante septiembre. Esta decisión que ha tomado el Gobierno de Riad está motivada por varios factores geopolíticos.
Si cogemos un mapa, vemos que Arabia Saudí está ubicada en la Península Arábiga, flanqueada por el Mar Rojo al oeste y el Golfo Pérsico al este. El mejor petróleo del mundo es el que se extrae de ahí y, en concreto, el diésel se extrae principalmente de dos lugares: el país árabe y Rusia.
Para dar salida a su petróleo, Arabia Saudí necesita pasar por el Estrecho de Ormuz, pero este enclave lleva meses bloqueado (total o parcialmente), bajo el control de Irán y Omán, desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra con el país persa.
Riad tiene otra salida, por el Mar Rojo, a través de otro estrecho del que se habla menos, el Estrecho de Bad el-Mandeb, ubicado entre los países de Yemen, al sur de la Península Arábiga, y Yibuti, en la costa africana, en el Golfo de Adén. Por cierto, que la única base militar que tiene China fuera de sus fronteras es, precisamente, en ese país africano.
El problema es que en Yemen están los Hutíes, un movimiento insurgente chií que lucha contra el gobierno central, de mayoría suní (y alineado con los intereses de Arabia Saudí y EE.UU.), y cuenta con el apoyo de Irán, país también chií (es importante comprender las diferencias entre el islam chií y el suní).
Pues bien, los Hutíes han tomado la isla de Perim, ubicada en el estrecho, y la ciudad portuaria de Mocha, lo que les permite controlar Bab el-Mandeb. En consecuencia, Arabia Saudí no puede exportar su petróleo, porque no puede sacarlo por ninguno de los dos estrechos.
Le queda una tercera vía: a través de un oleoducto que cruza toda la península arábiga, desde la ciudad de Abqaiq hasta Yanbu, en la costa del Mar Rojo. Pero esta infraestructura también ha recibido ataques, por parte de los Hutíes, pero también de Irak, aliado de Irán en esta historia.
Problema de suministro en Estados Unidos

Este escenario hace que Europa deje de recibir el petróleo saudí, lo que tensiona aún más la crisis energética y, en concreto, el precio de los carburantes. Sin embargo, hay que introducir otro elemento más en la ecuación, que es Estados Unidos.
El país norteamericano tiene en estos momentos serios problemas de suministro, especialmente de diésel. El precio del gasóleo se ha encarecido un 70% y de media se paga el galón de este combustible a 6,27 dólares, con algunos estados como California superando los 8 dólares.
Esto es una mala noticia para la Administración de Donald Trump de cara a las elecciones de medio término (las legislativas) que se celebran a principios de noviembre, en las cuales los republicanos tienen todas las de perder con este panorama.
Así que, para aliviar un poco la situación, parece que Washington habría solicitado a Arabia Saudí el envío del petróleo que tenía como dirección Europa. De manera que la decisión de Riad de cancelar el suministro de crudo al viejo continente no sólo estaría motivada por el ataque a su oleoducto, sino también por una petición de Trump.
La producción de crudo ha caído: no hay para cubrir la demanda

La guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado mes de febrero ha provocado la destrucción de muchas refinerías en la zona, infraestructuras que ya no operan y que requerirían, al menos, dos años para que volviesen a funcionar, si se empezaran a reconstruir ahora.
Como consecuencia de los ataques, la producción mundial de petróleo ha caído alrededor de un 10%, pero la demanda sigue siendo la misma. Es más, la demanda de diésel ha aumentado desde la pandemia.
Entonces, como la demanda de combustible es la misma o, incluso, mayor, pero se produce menos petróleo, el precio sube. Es un principio básico de la ley de la oferta y la demanda.
Además, las refinerías que no han sufrido daños y siguen trabajando lo hacen al 100% de su capacidad. Es decir, en estos momentos están operando al límite para intentar satisfacer la demanda.
A esto hay que añadir los ataques que Ucrania ha realizado a varias refinerías rusas, lo que también ha mermado la producción de crudo y ha llevado al Gobierno de Moscú a limitar o, directamente, suspender la exportación de diésel, lo que explica también el encarecimiento de este combustible.
El precio de los combustibles no va a bajar

En definitiva, la guerra contra Irán ha provocado una crisis energética mayúscula, debido a los bloqueos de Ormuz y Bad el-Mandeb, sin olvidar la guerra en Ucrania, que ya lleva más de cuatro años y ha cortado los lazos energéticos entre la Unión Europea y Rusia a través de las sanciones de Bruselas.
Unas sanciones que, en realidad, no afectan a los rusos, sino a los europeos, que tienen que buscar el gas y el petróleo en otros países a un precio más caro.
Uno de esos países es Estados Unidos, pero ya vemos los problemas que tiene de suministro. El control del petróleo venezolano desde enero tampoco ayuda, ya que es muy difícil de refinar por sus características.
De hecho, petroleras estadounidenses como Chevron no quieren invertir en la construcción de infraestructuras para extraer y refinar el crudo venezolano por el alto coste. Y, aunque lo hicieran, hasta dentro de unos dos años no podrían.
Ante este panorama, Estados Unidos podría dejar de enviar petróleo a Europa, con lo que nos encontraríamos en una situación muy delicada: sin petróleo de Arabia Saudí, sin petróleo ruso (al menos directamente, porque seguimos comprando a través de terceros) y sin petróleo estadounidense. Es sólo una hipótesis, pero que no podemos descartar.
Queda el Estrecho de Gibraltar…

Si algo estamos aprendiendo en los últimos tiempos es la importancia que tienen los distintos estrechos que hay en el mundo: Ormuz, Bad el-Mandeb, Malaca, los canales de Suez, Panamá…
Son puntos estratégicos para el comercio mundial. Por ejemplo, por el Estrecho de Ormuz pasaba entre el 20 y el 25% del petróleo que se consume en todo el mundo; a través de Bad el-Mandeb pasa el 12% del comercio mundial.
Y aquí entra en escena también el Estrecho de Gibraltar, por donde pasa alrededor del 15% del comercio mundial. La aventura de Estados Unidos en Oriente Próximo ha hecho que Irán controle los dos estrechos de la Península Arábiga (recordemos que Bad el-Mandeb da acceso al Mediterráneo a través del canal de Suez).
Por tanto, el estrecho que le queda es el de Gibraltar. Y esto es lo que explica la crisis de Ceuta. Utilizando a Marruecos, socio aliado en la zona, Washington quiere controlar las aguas del estrecho, que actualmente pertenecen a España.
La ruta del Ártico

De esta forma, bloquearía el acceso a Rusia y China, que a su vez ya utilizan una ruta marítima por el Ártico, precisamente para evitar los problemas que hay en Oriente Próximo.
De hecho, recientemente el carguero chino Dubai Tower ha iniciado el primer viaje por la parte más septentrional del globo, saliendo del puerto de Ningbo, al este de China.
Con esta nueva ruta, el gigante asiático puede transportar mercancías a puertos importantes como Felixstowe, Róterdam, Hamburgo y Gdynia en Polonia, en casi la mitad de tiempo que los recorridos tradicionales.
Asimismo, esta Ruta Marítima del Norte permite al Reino Medio conectar uno de sus mayores polos tecnológicos, en la provincia de Zhejiang, con Europa.
En conclusión, lo que hay en el fondo de todo esto es una partida de ajedrez entre Estados Unidos y China por la hegemonía mundial y cada uno mueve sus piezas. Un poder que en las últimas dos décadas ha perdido el país norteamericano ante el auge del gigante oriental.





