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Prueba

Prueba del Opel Insignia GSI: una vuelta a los orígenes

Prueba Opel Insignia GSI
Nota

8

Opel recupera el apellido GSi y quiere devolverle la pasión a un segmento que solo apuesta por la economía de uso.

Ningún fabricante se podía permitir el lujo de no tener en su gama una berlina media deportiva. Te estoy hablando de los años ochenta y principios de los noventa: España comenzaba a llenarse de autovías y los excesos de velocidad no estaban tan perseguidos. Probamos el nuevo Opel Insignia GSI.

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Renault tenía el 21 Turbo con 175 CV, Peugeot el 405 Mi16 de 160 y Opel no se quedaba atrás con el Vectra 2.0 16V de 150 CV. Es más, en septiembre de 1992 presentó el antecesor al Opel Insignia que ves entre estas líneas: el Vectra Turbo 4x4 con 204 CV que, como indica su denominación, contaba con tracción total. 

Vídeo: Opel Insignia GSI, siglas sagradas para el tope de gama:

Ahora, Opel recupera el apellido GSi y, además, presenta una berlina media deportiva que apenas tiene rivales en el mercado. No por su potencia, sino por su puesta en escena tan llamativa, con sus musculados paragolpes y colores tan agresivos. El primer Insignia de la actual generación que probé era un sencillo diésel con 110 CV. ¡Me gustó! Es un coche amplio, cómodo, con buena pisada y a un buen precio.

Así que, como puedes imaginar, el Opel Insignia 2.0 Turbo GSi con su motor de gasolina con 260 CV me ha gustado mucho más. Tiene todas las virtudes que he comentado y añade una dosis extra de pasión, deportividad y disfrute a la conducción. Te adelanto que no es un coche extremo. Aquí todo tiene la dureza necesaria, ni más ni menos. Por ejemplo, la precisa dirección eléctrica (en el modo más deportivo) ofrece la resistencia necesaria para que te trasmita deportividad, sin mermar comodidad. Lo mismo sucede con el equipo de frenos. Está desarrollado por Brembo, monta pinzas de cuatro pistones con unos discos de 345 milímetros y el pedal del freno tiene un tacto duro, pero sin pasarse. 

¿Y la suspensión? Es 10 milímetros más baja que la del resto de los Insignia. Lógicamente, es más enérgica, pero no te machaca la espalda y te permite viajar a toda velocidad. Por supuesto, esto solo podrás hacerlo en una autopista alemana. Este es el terreno ideal del Insignia GSI, donde podrás mantener cruceros de 200 km/h con total comodidad.  

Pero a este coche no se le atragantan las curvas, a pesar de sus dimensiones (4,8 metros de longitud) se desenvuelve con mucha precisión en una carretera de montaña. La parte delantera entra en los giros con alegría, el eje trasero acompaña muy bien, no hay pérdidas de tracción gracias a su sistema de tracción total y, para colmo, los frenos aguantan muy bien. Prueba de ello es que en test de 100 a 0 km/h son capaces de detener el coche en solo 34,6 metros. ¿Un aspecto mejorable de este coche? Sin duda, el cambio automático por convertidor de par de ocho marchas desarrollado por Aisin debería ser más preciso y no encaja con una conducción decididamente deportiva. Con una sencilla transmisión manual, el Insignia GSi sería mucho más divertido.

Pero es un pequeño detalle que no ensombrece a un producto muy interesante que, además, apenas tiene competencia en el mercado. 

Opinión

Si viviera en Alemania con las autopistas con tramos sin límites de velocidad, es posible que me comprara un Insignia 2.0 Turbo GSi. Su motor de 260 CV corre mucho y te permite viajar muy rápido con un alto nivel de confort. Además, seguramente iría con él a Nürburgring y estoy seguro de que dejaría el pabellón bien alto. Pero vivo en España y aquí no puedo aprovechar las virtudes del GSi.  

Conclusión

Lo mejor

Deportividad, conducción, equipo de frenos y dirección

Lo peor

Cambio automático por convertidor de par

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