He probado el Mercedes-AMG E 53: nada que ver con aquellos V8, pero está más enchufado que nunca

He probado el Mercedes-AMG E 53 Hybrid+, un superdeportivo disfrazado de berlina clásica alemana que muestra que la ingeniería puede con todo: un coche de 2,3 toneladas que va como un compacto deportivo.
Te voy a contar una intimidad, uno de esos chascarrillos que pasan en la redacción de AUTO BILD y que no suelen ver la luz. Cuando recogí en Mercedes este nuevo AMG E 53 Hybrid para probarlo por primera vez me acompañaba mi compañero Luis I. Guisado y le pregunté: "¿Qué te parece cómo ha cambiado el cuento?".
Su respuesta, brillante, como es habitual en él: "Buah.. muchísimo. Me acuerdo que una vez iba por Alemania con un E 63 a 270 km/h por una Autobahn y era el rey. La gasolina fluía por sus ocho cilindros y yo sentía que conducía una especie de muscle car disfrazado de ejecutivo alemán. Ahora, en cambio, el E 53 es más refinado, ha perdido dos cilindros, ha ganado un turbo y un motor eléctrico". Imposible definir mejor este coche en menos palabras.
Efectivamente, la versión más radical y deportiva del Clase E ahora es el AMG 53 (por el momento no hay rastro del 63) y es un híbrido enchufable con pegatina Cero de la DGT. Va un paso más allá, porque en 2020 era Mild Hybrid.
Bajo el capó, el protagonista de esta prueba monta un motor de 3,0 litros con seis cilindros en línea turbo y 449 CV, más un eléctrico de 163 CV, que va integrado en la caja de cambios AMG Speedshift TCT 9G de nueve velocidades y se nutre de la energía almacenada en una batería de 21,2 kWh de capacidad útil.
Una dinámica a la altura, pero le sobra peso
En total, produce 585 CV, aunque si añades el paquete opcional Dynamic Plus (4.200 euros), la potencia asciende a 612 CV e incluye diferencial trasero autoblocante.
En cuanto al apartado híbrido enchufable, promete una autonomía eléctrica de 101 km, pero en esta prueba he podido comprobar que con suerte haces algo más de la mitad. Pero este coche no está creado principalmente para ahorrar, aunque lo haga, sino para correr.
La potencia se envía a las cuatro ruedas y la aceleración, gracias a su rápido y efectivo cambio, es salvaje, porque pasa de 0 a 100 km/h en 3,8 segundos con el modo Race Start, aunque yo he podido medir 4,2 segundos en el mejor de los casos, lo que tampoco está nada mal.
Sus prestaciones sorprenden, desde luego, pero lo que más me ha impresionado es su comportamiento para la salvajada que pesa: 2.390 kg. Sí, es una locura que una berlina llegue a mostrar semejante sobrepeso, aunque parece un peso pluma al lado de la salvajada del nuevo BMW M5 y sus 2,4 toneladas.
La estabilidad rodando en autopista a gran velocidad es algo con lo que contaba, al tener una distancia entre ejes de casi tres metros (2.971 mm) y suspensión adaptativa de serie.
Pero lo que no me esperaba es tanta eficacia cuando la carretera se retuerce. En el modo Sport+ (hay cuatro más: Confort, Sport, Smoothness e Individual) la verdad es que el coche vira plano y con la agilidad de un coche más pequeño.
Esto es posible porque se han efectuado muchas mejoras en el chasis: barras de refuerzo de suspensión, mayor anchura de vías, amortiguadores específicos controlados electrónicamente y, sin olvidar, por supuesto, el eje trasero direccional.
Y algo que también me encanta es que hayan realizado un tarado específico para el control de estabilidad y mejorado el sistema de frenos, con discos de 370 mm delante (con el paquete Dynamic Plus son de 390 mm) con pinzas de cuatro pistones y 360 mm detrás. Porque correr es importante, pero sin olvidar la seguridad.
Un interior clásico ejecutivo

Te he hablado de su comportamiento, pero no te he dicho cómo es por dentro. Para empezar, te acomodas en unas asientos tipo bacquet que son tan deportivos como cómodos y desde detrás del volante te encuentras un coche tan tecnológico como radical, con el espectacular sistema de pantallas MBUX Superscreen por un lado; y, por otro, la fibra de carbono y el volante con mandos satélite para los modos de conducción, el ESP y las posiciones de la suspensión.
Y para terminar, algo que no me gusta de este coche y en lo que coincido de nuevo con el bueno de Guisado: "en Stuttgart han debido hacer un pedido masivo de adornos cromados a Aliexpress y se los han colocado en las aletas".
La verdad es que era innecesaria esa decoración para aparentar ser deportivo, y más en un artefacto como este que cuesta 115.000 euros. Lo es sin esas branquias laterales simuladas, que le dan un aspecto de deportivo barato de los 90.
Valoración
Nota 7.5
Que un deportivo sume ahora una mecánica eléctrica no es ningún drama si se sigue sabiendo cuidar su chasis, su dinamismo y sus prestaciones. Sí, este E 53 pesa más de la cuenta, pero lo importante es que dinámicamente sigue dando la talla. Larga vida a las berlinas AMG.
Lo mejor
Tarado específico del ESP y los frenos, aceleración, dinámica milagrosa para pesar 2,3 toneladas.
Lo peor
Es muy pesado, la autonomía de 100 km en modo eléctrico es una quimera, se echa de menos un AMG con un V8
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Enrique Trillo
Redactor jefe
Enrique Trillo es redactor jefe de Auto Bild desde 2005. Puedes localizarle escribiendo pruebas de coches, vídeos y en noticias y análisis de la actualidad del sector.
