En los superdeportivos de ahora, parece que regalan los caballos... ¡maldita electrificación!

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
No hay superdeportivo nuevo que aparezca en el mercado que no supere los 1.000 CV... Con la electrificación, parece que los caballos los regalan
¡La electrificación! Sí, otra vez toca hablar de lo que está poniendo patas arriba al sector (aunque los fabricantes están dando marcha atrás a sus planes iniciales), pero en esta ocasión quiero hablar de una consecuencia colateral a la que llevo dándole vueltas ya bastante tiempo: parece que los caballos los regalan cuando combinamos ‘superdeportivos’ y ‘electrificación’. Y nada más que hay que echar un vistazo a alguno de los últimos lanzamientos para darse cuenta de que es así.
Meter un motor eléctrico en la ecuación ya es casi sinónimo de alcanzar cifras absurdas que antes eran impensables. Y no te hablo del siglo pasado. Hace no mucho, para ganar unos cuantos caballos de potencia en un motor de combustión, había que ponerse manos a la obra y modificar muchas partes: el bloque, intercalar uno o varios turbos, jugar con la culata y la apertura de las válvulas, ganar revoluciones, ajustar la inyección de combustible, etc…

Llámame loco, pero era un proceso mucho más romántico donde los mejores ingenieros de motores se hacían notar. Ahora estamos normalizando cifras de potencia que llegan a ser especialmente ridículas y de hasta cuatro dígitos.
Te hablo, por ejemplo, de modelos como el último Ferrari F80 o el Lamborghini Revuelto. Ambos integran sistemas híbridos que combinan motores de combustión interna de alta potencia con varios motores eléctricos.
En el caso del Ferrari: un simple V6 twin-turbo se alía con tres bloques eléctricos para generar una potencia absurda de 1.200 CV. Claro, las prestaciones que anuncia son de un mundo paralelo: 0 a 100 km/h en solo 2,15 segundos y una velocidad máxima de 350 km/h.
No sé si alguna vez podré tener la oportunidad de probar semejante patada en la espalda, pero la pregunta es obvia: ¿es necesaria tanta potencia para disfrutar al volante? La respuesta es clara: NO. En mayúsculas y bien alto.

Con la electrificación de estos superdeportivos, la primera víctima es siempre el peso: un Lamborghini Revuelto, con su sistema híbrido V12, pesa aproximadamente 1.772 kg, una cifra muy alta para un superdeportivo de su clase.
Y si hablamos de los que son completamente eléctricos, la cosa ya se dispara: el Rimac Nevera pesa 2.150 kg y el Yangwang U9 (un superdeportivo que no hace mucho que conocemos) arroja 2.475 kilos en la báscula.
Para que hagas una idea, un Porsche 911 GT3 RS, un superdeportivo puro de circuito, sin nada de electrificación, pesa poco más de 1.500 kilos y ya se quedan lejos de los 831 kilos de toda una referencia de los deportivos puros, como el Lotus Elise de los años 2.000.

Con la electrificación parece que se ha perdido el objetivo de los grandes deportivos, donde el peso seguía siempre el lema de ‘menos es más’. A menor peso, no hacen falta tantos caballos para divertirse, aunque me parece que la batalla ya está perdida: hasta la propia Porsche ha tenido que hibridar a su 911 bajo las siglas GTS para cumplir con la normativa de emisiones (y ya de paso, le ha proporcionado una buena inyección de caballos).
