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La opinión de
Rodrigo Fersainz

En el Rally Hamburgo-Berlín de AUTO BILD

Rodrigo Fersainz

27/05/2011 - 02:13

Siempre me ha gustado el Seat 1200/1430 Sport, porque es un producto nacional que no se ha visto en ningún otro país del mundo. Es por eso que los alemanes -auténticos expertos en chatarra de nivel- están alucinando con nosotros y el verde eléctrico de nuestro Bocanegra.

Esta unidad pertenece a Seat y está muy bien restaurada. Me ha servido para inscribirme –junto con un compi, Mario, de la edición alemana de AUTO BILD– en el Rally Hamburgo-Berlín, organizado por AUTO BILD Klassik.

Jueves: ¡que nada nos frene!

En el puerto de Hamburgo hay de todo: un Ferrari F40, un Citroën 2CV, varios I/D y DS, un Bizarrini, varios Rolls, BMW y Mercedes de todas las épocas, un Hispano Suiza, un Renault Alpine, varios Corvette... Es fantástico asistir al amor por los clásicos que tiene esta gente -y que sacan a relucir tan pronto como asoma el sol-.

Después del briefing y de aprendernos bien el reglamento (se trata de circular hasta los tres puntos cronometrados, calcular la media para ellos y clavar el tiempo en pocos metros), nos lanzamos a disfrutar del rally.

El recorrido no está hecho para pillar, pero entraña sus dificultades. Todo ha ido bien hasta que, de pronto, hemos empezado a oír un ruido progresivo en la rueda trasera izquierda, como si estuviera frenada. Paramos y, en efecto, la llanta está más caliente que su contraria. "Si es cuestión de aproximar las zapatas -o mejor, dicho, alejarlas del tambor-, puede ser una solución fácil", le comento a Mario. "Si el bombín de freno está agarrotado -tipiquísima avería de los Seat de esa época que llevan mucho tiempo en garaje-, entonces podemos tener un serio problema...".

Finalmente, optamos por seguir, y las irregularidades (aquí se puede conducir sin miedo a destrozar el coche, porque no hay badenes) de las preciosas carreteras que rodean la ciudad se ponen de nuestro lado, porque la incidencia acaba por desaparecer. ¡Peor lo ha pasado un Camaro que llevaba los escapes chispeando cada vez que rozaba el suelo!

Fin del trayecto tras la tercera medición. Nuestros mecánicos se ponen a revisar el coche y yo a tratar de arañar horas de sueño. Mañana hay que seguir dirección a Berlín. Ya te contaré... y pondré fotillos (galería de imágenes del Rally Hamburgo-Berlín 2011).

Viernes. Puro nervio bajo el capó

Hoy ha sido un día mucho más largo que el anterior, pero el Bocanegra se ha portado de maravilla. Desde Hamburgo a Land Fleesensee, hemos cruzado la antigua República Democrática Alemana por la costa. La lluvia ha hecho acto de presencia y todos los cabrios han tenido que protegerse como buenamente han podido. Ellos y sus dueños, claro, aunque a veces su pasión por los clásicos es el mejor paraguas.

Mario estaba conduciendo en el momento de una de las tormentas, cuando ha detectado que en salpicadero salpicaban realmente unas gotas del líquido elemento, en el lado izquierdo. Le explicado que en el Seat 1200/1430 Sport, la luna iba pegada, no con gomas, así que muy hermética no era. Es alemán, pero tiene sentido del humor. Y nos hemos echado unas risas. Menos gracia nos ha hecho que el cristal de su lado se desencajara un poco con los baches. Pero bueno, así hemos evitado que todo se empañara. 

En las especiales ha habido una suerte desigual: nuestro superaparato de medición Blunik ha clavado bastante algunas especiales, pero siempre conviene tirar del crono analógico por si acaso: a veces, no da tiempo a introducir los datos (si el tramo es corto o te dan los tiempos y los metros por sorpresa); otras, aunque sea un pequeño circuito, puede que la organización haya tomado las referencias trazando por fuera, por el centro o por dentro, con lo que en el primer tramo uno puede darse cuenta perfectamente de si el aparato es fiable o no. 

La mala noticia es que en una de las mejores especiales para nuestros cálculos, por ser de las más complejas, quedó parcialmente anulada. La medida nos pareció bien porque se trataba de bordear una manzana de edificios a cierta velocidad y la gran afluencia de público infantil podría haber supuesto un riesgo para la seguridad. Pero claro, como es lógico, perdimos la oportunidad de avanzar en la clasificación.

Sábado: la no-avería más dañina

Dicen que suelo hablar en sueños y que, cuando viajo, lo hago en otro idioma. Pues menos mal que duermo solo en el hotel, porque cuando llevas tanto tiempo al día dentro de un coche, durante la madrugada tu cabeza sigue de rally.

Entre unas cosas y otras, solo he dormido unas pocas horas y el café del desayuno aún no ha hecho su efecto. Por eso, prefiero que conduzca Mario, aunque al venir con los bolsillos llenos de bebidas energéticas al punto de salida, en Land Fleesensee, me acaba de demostrar en un lenguaje universal que el tampoco está muy sobrado de fuerzas. ¡Vielen Danke, compañero!

La primera especial, que está nada más salir, nos pilla a todos con el pie cambiado. Sobre todo a mí, que he pulsado mal el pedal del Blunik (con un segundo de retraso, nada grave) y tengo que hacer matemáticas desde el principio. Mario se esfuerza por concentrarse, pero el recorrido es largo. "¡Mira, ahí está la línea de llegada!", le digo en inglés. Ok, 17, 15, 14... seconds; five, four, three...". De pronto, acelera adelantando a un rival y pasamos dos segundos antes de la cuenta, ante un Mario mosqueado por su propia confusión. "Slecht! hkjshkghiulka ukgfkjhgf" (eso prefiero no traducirlo). El caso es que la anécdota nos sirve para reírnos otro poco y despertarnos de una vez.

El resto del día se va complicando, pero gana en diversión. El tiempo está despejado y solo hay que parar una vez a repostar y otra porque en pleno adelantamiento -por enésima vez- al Camaro -que sigue rozando el suelo con los tubos de escape-, se nos abre el capó. Menos mal que el efecto aerodinámico hace su trabajo y apenas nos resta visibilidad el incidente.

Vuelvo a conducir yo y me vuelvo a enamorar del Bocanegra. No tengo demasiado espacio para jugar con los pies, pero el motor es una maravilla, suena fenomenal y hacer el doble embrague para reducir es todo un lujo para los sentidos. Lo malo es que en una de las paradas para sellar los puntos de control, el motor había subido un poco de temperatura por pegarnos mucho a los escapes del VW-Porsche 914 de delante y llevamos el nivel de anticongelante al mínimo.

Pero peor es el hecho de que la aguja del aceite haya descendido hasta el cero... y no podamos contactar con el equipo Seat por falta de cobertura. Paramos en el siguiente pueblo y nos tiramos al suelo, aunque todo está seco. Yo tengo la ventaja de conocerme el motor al dedillo, porque mi Seat 128 tiene la misma mecánica, pero de 1.430 cc, en vez de 1.200 cc...

Cuando nos encontramos con ellos por fin, hemos perdido mucho tiempo y nos han penalizado con muchos puntos por llegar fuera de control al primer stage del circuito de Gross Dölln (donde, por cierto, se hacen algunas de nuestras pruebas que ves en AUTO BILD). Pero lo más importante es que solo había fallado la aguja del indicador y no el coche. Pero hemos actuado correctamente, bajo la máxima que siempre hay que aplicar -y sobre todo, en un clásico-: "Si un vehículo prestado tiene que romperse, mejor que le pase a su dueño". 

Luego nos resarcimos con el puesto 35 en la siguiente prueba y con un buen sabor de boca en el trazado interior. ¡Pero lo bueno se acaba... en Berlín! La capital alemana nos espera con un montón de público, aún más que en el circuito y que en las plazas de los pueblos.

Ahora queda ver la clasificación final. Va a ser difícil cumplir el objetivo de quedar entre los 100 primeros, pero la verdad es que, después de la experiencia, el calor de la gente, la emoción de las pruebas y los paisajes que hemos recorrido, nos hemos divertido igual que si hubiéramos ganado. ¡A ver si nos inventamos otra excusa pronto y volvemos el año que viene!   

Crónica final del Rally Hamburgo-Berlín 2011 con fotos.

Resultados oficiales del Rally Hamburgo-Berlín 2011.

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Rodrigo Fersainz

Redactor jefe de Reportajes, Competición y Motos

Coches, motos, lavadoras, marcapasos... Pruebo todo lo que pase por mis manos ¡y siempre, a la carrera!

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