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La opinión de
Noelia López

Primer accidente mortal con un coche autónomo. Ahora, ¿a quién culpamos?

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Noelia López

Lo que me da miedo es que, una vez más, todo se vuelve a simplificar: humano o máquina, ¿no hay más?

Tenía que pasar... No es por ser agorera, ni por sacar ese te lo dije que tan molesto resulta. Pero lo del primer accidente mortal de un coche autónomo ha sido algo totalmente previsible.

Pero ojo, no lo digo a modo de sermón. Es lógica pura y dura: cuando pones un vehículo en circulación, sea quién sea quien lo dirija, existe un riesgo y ese riesgo, antes o después tenía que materializarse.

La trágica muerte de Elaine Herzberg tras ser atropellada por un coche que circulaba sin conductor ha puesto de máxima actualidad un debate tan antiguo como lo son los vehículos autónomos: en caso de accidente, ¿de quién es la culpa?

Veámos el vídeo, ¿a quién echas la culpa?

Tras el accidente, Uber anunció que suspendía las pruebas de circulación de sus coches autónomos y su intención de colaborar activamente en la investigación para aclarar las causas de lo sucedido.

La policía local de Tempe (Arizona), dijo desde un primer momento que la mujer había cruzado por un lugar no apropiado; lo que no quedaba claro era si la persona que viajaba en el interior del coche había hecho algo para tratar de impedir el atropello.

El vídeo del accidente del coche autónomo de Uber despeja algunas dudas, pero no todas:

Me voy a mojar.

Si tuviese que señalar un culpable, sería la que se ha llevado la peor parte. La mujer cruza con su bicicleta por un lugar no indicado, en el que no tiene preferencia y con escasa no, escasísima, visibilidad.

La cámara del interior del coche muestra que el ocupante del asiento del conductor se lleva un susto morrocotudo (no es para menos, la mujer aparece como si de un fantasma se tratase) y aunque parece que hace el gesto de coger el volante, no hay tiempo suficiente.

Creo que ni siquiera una máquina, por muy avanzada que sea, está preparada para detener un coche o variar el rumbo en un espacio de tiempo tan pequeño.

Lo que se puede sacar 'de bueno'

De todos los comentarios que he leído al respecto, hay uno que me ha hecho reflexionar. Se lamenta de la muerte de una mujer en Arizona tras ser atropellada por un coche autónomo, pero pone de manifiesto que la semana pasada otras nueve personas perdieron la vida en el mismo estado en otros tantos atropellos y que ninguno de ellos ha salido en las noticias.

Lo que esperemos que quede de bueno de todo esto es que se abra un debate de verdad sobre lo que deben y no deben hacer los coches autónomos ante una situación de peligro.

Recuerdo que hace meses nos echábamos las manos a la cabeza cuando Mercedes anunció sin pelos en la lengua su intención de programar a sus coches autónomos para que, en caso de tener que elegir, priorizaran siempre la vida de sus ocupantes frente al resto de usuarios de la vía

La valiente declaración del fabricante alemán (ningún otro se ha atrevido a pronunciarse al respecto), llegó tras los resultados de un estudio publicado por la revista Science en el que se preguntaba a los conductores estadounidenses si comprarían un coche que les mataría por salvar otras vidas. La respuesta fue muy altruista ya que la mayoría dijo que "prefería un coche salvase 10 vidas a una, pero que no comprarían un vehículo que pudiera hacer algo así".

Mercedes lo ve de otra forma: "si sabes que puedes salvar al menos una persona, salva al menos a esa persona. Salva a la que va en el coche", dijo entonces un directivo de la casa de la estrella.

Para evitar tener que tomar decisiones como estas es hora de crear un marco legislativo que regule no solo por dónde circulan los coches autónomos sino cómo deben hacerlo.

Dicen que en 2020 los coches que conducen solos estarán bastante integrados en la circulación. Personalmente creo que es una visión demasiado optimista y francamente espero que quienes así piensan estén equivocados.

No creo que ni conductores, ni peatones estén preparados para enfrentarse al reto de la conducción autónoma; tampoco creo que en 24 meses lo vayan a estar ni la tecnología, ni las carreteras y mucho menos las leyes y todo el papeleo que les rodea (empezando por las pólizas de seguros).

Está claro que el accidente del coche autónomo de Uber ha abierto la caja de Pandora y, tristemente, la muerte de Elaine pasará en pocos días a un segundo plano.

Lo que sí espero es que sirva para ver las cosas desde otro plano y que la costumbre actual de culpar al conductor de todo lo que pasa en la carretera no se traduzca en responsabilizar sin más a los coches autónomos cuando sean ellos quienes controlen la conducción.

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Redactora de AutoBild.es

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