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La opinión de
Alex Morán

¿Se han acabado los monovolumen para siempre?

Enfrentamos a tres monovolúmenes compactos

Hay esperanza, pero cada vez menos.

No será la primera ni la última vez que escriba que los monovolúmenes son una especie en extinción. Guste o no, es así pero, atendiendo a la situación actual, ¿se puede afirmar que se han acabado los monovolumen para siempre? Yo creo que no, al menos de momento.

VÍDEO: Los cinco mejores monovolúmenes de 2017

Y sé que es difícil argumentar esto teniendo en cuenta que nada está a favor de los MPV: sus cifras de ventas cada vez son más bajas, muchas marcas han reducido su presencia a algo testimonial con solo un ejemplar en sus gamas y otras, como es el caso de Ford con el Ford C-Max, directamente los están suprimiendo de su oferta.

Pero lo cierto es que, por negra que se plantee la situación ahora, no es nada nuevo. Los monovolúmenes llevan cuesta abajo bastante tiempo, perdiendo relevancia de manera gradual desde hace años y ya desde entonces se anunciaba en tono agorero que estaban acabados… pero aquí siguen.

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Resulta difícil dictaminar si llegarán a extinguirse por completo, aunque yo creo que no llegará a ser así nunca. Aunque el predominio SUV haya sido su verdugo, los fabricantes son conscientes de que, en aras de llegar al mayor público posible, tiene que ofrecer una cartera de productos variada.

Cierto que el que el interés que suscita un monovolumen en 2018 palidece ante el que genera un todocamino, pero todavía hay compradores que prefieren el primer formato y que por el motivo que sea (estética, no seguir la moda, etc.) no se plantean o quieren caer en el segundo. Y, por este motivo, aunque sea con poca variedad, llegando al punto de tener solo un modelo en toda su gama, mantener un MPV en la misma les abre una pequeña puerta a un mercado que cada día parece más de nicho.

Lo único que es seguro es que no van a volver a gozar de la popularidad que tenían durante finales de los 90 y principios de los 2000: esa época ya pasó. Sin embargo, aún con todo en contra, están aguantando el tipo como buenamente pueden y reforzando los que son sus principales puntos fuertes, el espacio y la versatilidad.

También, y como suele decirse, hay que adaptarse o morir, lo que ha llevado a varios modelos a sufrir importantes conversiones: si no puedes con tu enemigo, únete a él. Hay casos reseñables que desde el punto de vista empresarial demuestran que quizá dar el salto al terreno SUV sea lo más lógico a nivel económico. Solo hay que ver al Peugeot 5008, cuya cifras de ventas han mejorado con creces desde que sufrió su transformación.

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Otro caso que conviene señalar es el del Renault Scénic, otrora adalid de los monovolumen y que ahora, aún sin haberse “vendido” a los todocaminos, han adoptado gran parte de sus rasgos para intentar mantenerse competitivo en el mercado. Eso sí, para conseguirlo ha tenido que sacrificar su esencia, perdiendo practicidad para ganar en diseño.

Así que, resumiendo: sí, la cosa no pinta bien para los monovolúmenes, que se han visto relegados a un segundo plano (o al tercero, o al cuarto) ante el auge SUV, y parece que unirse al enemigo de una forma u otra es la única manera de sobrevivir; pero yo creo que (aunque pequeño) todavía sigue quedando mercado para ellos y que todavía falta para que lleguemos a verlos extintos.

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