VÍDEO: Bugatti Mistral, la despedida a 420 km/h del último W16
Estamos nada menos que en la sede de Bugatti, donde empezó la historia de unas las marcas más fascinantes de la historia del automóvil.
Este es el Bugatti Mistral, la despedida a 420 km/h del último W16. A simple vista, es un castillo como tantos que se ven en esta zona de Molsheim, pero si uno se fija un poco verá las iniciales "EB" de Ettore Bugatti en las puertas, lo que desvela que estamos nada menos que en la sede de Bugatti, donde empezó la historia de unas las marcas más fascinantes de la historia del automóvil. Y aquí es donde Volkswagen, bajo la batuta de Ferdinand Piech, resucitó la marca tras su adquisición a principios del 2000, para devolverla a nuestras carreteras.
En aquel entonces con el Veyron, y el famoso motor W16. Este primera capítulo va lentamente llegando a su fin: Ferdinand Piech y el Veyron ya han pasado a la historia, y el sucesor Chiron ya ha cesado su producción. También en W16A está a punto de expirar, pero se va a despedir a lo grande: bajo el capó del Mistral, nada menos que el descapotable más rápido del mundo. Técnicamente es un Chiron, pero el diseño ha cambiado. Ya no tenemos carrocería de fibra de carbono, y en general, adquiere un personalidad propia.
El W16 rinde 1.600 CV y 1.600 Nm de par, lo que le permite una máxima récord de 453,9 km/h. En carretera está limitado a 420 km/h, para lo que hace falta una segunda llave. Sea como sea, este coche garantiza una experiencia tan única como espectacular, y será una maravillosa rareza, ya que no se fabricarán más de 99 ejemplares, y ya han sido todos repartidos.

Este es uno de los últimos que quedan en Molsheim, y soy uno de los pocos afortunados que van a poder conducirlo. Si queréis saber cómo se siente uno ante del solarium más rápido del mundo, y lo que supone llevar 1.600 CV bajo el pie derecho, subíos conmigo al cabrio más espectacular de la temporada, y posiblemente de todos los tiempos.
Pues aquí estamos, en el solarium más rápido del mundo: 453,9 kilómetros por hora de máxima es un récord mundial, porque ningún descapotable llega a esa cifra. Y aun cuando los clientes la tienen limitada y para ello requieren una segunda llave, no deja de ser una cifra absolutamente espectacular. Y no hablamos de un deportivo radical, austero y con carbono por todas partes, sino de un descapotable de lujo, con mucho cuero y materiales mullidos de altísima calidad, igual que los acabados y ajustes.
Esa combinación que solo Bugatti consigue: lujo máximo unido a las máximas prestaciones, buscando siempre la excelencia. Y por otro lado, se conduce relativamente fácil. Es ancho, por eso requiere fijarse bien en las curvas y tomarlas con tiento, pero si tenemos en cuenta de la bestia que tenemos entre manos, os diré que es tan fácil de llevar como un Audi TT o un Audi R8, siempre que no te pases con el pie derecho. Pero cuando pisas fondo, sale todo lo que lleva dentro: 1.600 CV y 1.600 Nm que proporcionan una orgía de aceleración como nunca había vivido antes. Pasa de 0 a 100 en 2,5 segundos, y alcanza los 300 en solo un poco más que 12. En esos casos, recomiendo dejar el peluquero para después.
Pero aunque el lujo y las prestaciones son impresionantes, el verdadero espectáculo lo da el sonido. Este ocho litros W16 con sus cuatro turbos ofrece una auténtica orquesta en la que escuchas el borboteo, el silbido de los turbos, los drenajes cuando levantas el pie del acelerador... Es como si llevaras todos los animales del mundo aquí detrás, incluso los mitológicos: leones, dragones... los rugidos y aullidos son constantes, este motor está lleno de vida.
No quiero ni pensar cómo será cuando desaparezcan este tipo de motor. De hecho, este se despide ya, después de 20 años de servicio en otros modelos. Se despide a lo grande en el Mistral. En total se han producido 1.200 ejemplares de este motor, más algunos en reserva, por lo que puede que sean 1.500 en total. Cada coche que lo ha llevado se ha convertido en algo muy especial, y no imagino otro mejor que el Mistral para su despedida por la puerta grande.
Vaya experiencia increíble. Este coche es un verdadero torbellino. Una obra de arte que, por un lado, es muy fácil de conducir, y por otro lado es tan explosivo como un cohete. Y pone la guinda el W16 con un sonido inigualable, una orquesta perfecta que convierte cualquier equipo de audio en algo prescindible. Por supuesto, tamaño placer tiene su precio: en torno a los 6 millones de euros, y eso sin contar extras.

Ya sabemos que la lista de opciones de Bugatti es larga, y el monedero de su cliente muy profundo, de modo que puede llegar fácilmente a los 7, 8 o incluso 10 millones de euros. Un placer impagable, por tanto, pero que vale cada euro que cuesta. Pero hay una cosa que me entristece: porque con este modelo, termina la historia de uno de los motores más fascinantes del último siglo. Pero aunque este capítulo de Bugatti llegue a su fin, la historia de la marca aún tiene recorrido.
Porque aquí en Molsheim he visto a unos cuantos prototipos del Tourbillon, el próximo capítulo, que ya se está escribiendo. Y, aunque no llevará ya un W16, sino un híbrido enchufable con el que podrá arrancar silenciosamente, estoy convencido de que el Tourbillon será de todo menos aburrido, porque el compañero del motor eléctrico será un V16, que sin duda sonará a las mil maravillas, y tendremos otra orquesta en el carril de adelantamiento. Espero con ganas poder ponerme al volante pero, hasta entonces, seguiré soñando con el Mistral, que lo conduzco no a 80, ni a 120, sino a 420 km/h.