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Prueba

Prueba: Mercedes AMG GLC 63S Coupé. El SUV más rápido en circuito

Prueba del Mercedes AMG GLC 63S Coupé
Nota

9

¡Tiembla, Porsche Cayenne!

AMG ha puesto toda la carne en el asador para que su variante radical del Mercedes GLC siente nuevas bases en agilidad en curvas entre los grandes SUV. Nosotros nos hemos puesto al volante para comprobarlo. Prueba: Mercedes-AMG GLC 63 S Coupé. El SUV más rápido en Sachsenring.

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Empezaremos por el final: el resultado hace que sus rivales naturales, el BMW X6 y el Porsche Cayenne Turbo S  se queden desfasados. Bajo el capó, este Mercedes lleva el conocido cuatro litros V8 biturbo acoplado a la nueva caja automática de nueve relaciones. Es un tracción integral que proyecta sus 510 CV a los dos ejes, pero prioriza el posterior.

La suspensión neumática con amortiguadores adaptativos se coordina todo el rato con el sistema de control de balanceos, y el ajuste de la dirección es más deportivo. Todo esto, viene de serie en este modelo. Para quien quiera aportar aún más dinamismo, puede tirar de billetera e instalarle unos frenos cerámicos y calzar las llantas de 21 pulgadas con unos Michelin Sport 4S. Tranquilo: los pasos de rueda han sido convenientemente ensanchados, y no es por una mera cuestión estética.

¡Arrancamos!

Las pretensiones deportivas de este SUV las percibo en cuanto me dejo acoger por sus firmes asientos Performance y le doy al contacto. El V8 despierta con un bramido gutural que me pone la carne gallina ya desde parado. La dirección es aún más dura que en el AMG GT, mientras que el cambio, aun cuando me limito a acariciar el pedal del acelerador en modo Confort, parece como si solo insertara una marcha más alta de mala gana. La suspensión neumática, aunque en teoría está para hacerte sentir en una alfombra voladora, en este modelo te transmite absolutamente todo lo que sucede en el asfalto. Me ha quedado claro: este AMG no tiene nada que ver con el confortable GLC normal.

Prueba del Mercedes AMG GLC 63S Coupé

Lo pongo en modo Race y piso a fondo, y en solo 3,7 segundos ya ruedo a 100 km/h, mientras el cambio estira cada relación como si fuera infinita, acompañado de un rugido estremecedor y cada vez más agudo. Una vez lanzado en Sachsenring, tengo que decir que la postura al volante, algo más elevada que en un Porsche Cayenne, y una respuesta de la dirección un poco más retardada desde la zona media, empañan levemente el carácter netamente deportivo de este SUV.

Pero esto se disipa en cuanto afronto las primera curvas. Se inserta en el vértice con pasmosa agilidad sin balanceos ni rastro de subvirajes, y los potentes frenos son extremadamente dosificables, lo que me permite apurar mucho más allá de lo que dicta la razón. Los amortiguadores adaptativos, de tarado férreo, mantienen la carrocería en su sitio en todo momento, y me basta con levantar levemente el pie del acelerador para gozar de un controlado sobreviraje que me permite colocar el eje trasero en la posición idónea para salir disparado de cada curva.

Prueba del Mercedes AMG GLC 63S Coupé

El resto, lo hace su impresionante V8, que catapulta una y otra vez a esta mole desde muy abajo, mientras el cambio de nueve relaciones, muy apretado, lo estira hasta la zona roja una y otra vez. De este modo, el GLC es el primer SUV en hacer la vuelta en 1:37 minutos, con lo que es solo levemente más lento que... ¡El Mercedes AMG C63 Coupé!

No cabe duda, lo ha dictado el crono: el Mercedes-AMG GLC 63 S Coupé sienta nuevos estándares de deportividad en el segmento de los SUV grandes.

¿Quieres conocer toda la gama del Mercedes GLC? Aquí la tienes.

Conclusión

Lo mejor

Motor, comportamiento en curva, diseño, calidad de los acabados.

Lo peor

Peso elevado, consumo, escaso confort en asfalto bacheado.

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