Opel Grandland o Toyota RAV4: dos opciones para estrenar un SUV híbrido con buena relación calidad-precio

Los SUV medios con motorización híbrida destacan por su versatilidad, pero, entre los representantes de Opel y Toyota, ¿cuál de los dos es mejor?
La combinación de carrocería SUV y mecánica híbrida es, atendiendo a los datos, la preferida de los conductores españoles. Es cierto que lo normal es que se tienda a modelos pequeños, pero los medianos tiene un plus de espacio que potencia su versatilidad. Opel Grandland y Toyota RAV4 son dos representantes bastante interesantes de la fórmula.
El primero acaba de estrenar su segunda generación, mientras que el segundo es uno de los pioneros entre los todocaminos, que en toda su historia ha sabido adaptarse a las tendencias cambiantes para seguir manteniéndose vigente. Ahora bien, ¿cuál es de los dos es una mejor opción de compra en relación calidad-precio?
Diseño
Como todocaminos grandes que son, el principal objetivo de ambos es ofrecer espacio interior suficiente para que entren en ellos incluso familias grandes. Sin embargo, eso no tiene porque estar reñido con la estética.
El Toyota es el que más sensación de robustez transmite, con unas formas muy definidas y un frontal especialmente imponente. El Opel sigue la línea de otros lanzamientos recientes de la marca, con un lenguaje de diseño más suave y minimalista, que le da un toque más urbano.
Dimensiones
Los dos son modelos de tamaño considerable, pero es el Grandland el que es más grande de la dupla.
Mide 4.650 mm de largo, 1.905 mm de ancho y 1.666 mm de alto; a lo que suma una distancia entre ejes de 2.795 mm. En comparación, el RAV4 tiene una longitud de 4.600 mm, una anchura de 1.855 mm, una altura de 1.685 mm y una batalla de 2.690 mm.
Sin embargo, esto no se traduce en una ventaja en lo que respecta a maletero, pues aquí las tornas se invierten: el Toyota es el que gana en este apartado con un volumen disponible de 580 litros que supera los 514 que ofrece su rival.
Motores
La oferta mecánica de ambos modelos es similar, pero cada uno tiene sus peculiaridades. Así, sus versiones de acceso les confieren la etiqueta ECO de la Dirección General de Tráfico (DGT), pero en el caso del nipón con una mecánica híbrida autorrecargable y en el del alemán con una microhíbrida.
Por encima ambos tienen versiones híbridas enchufables. Además, aunque no es objeto de análisis hoy, el Grandland también está disponible como coche eléctrico.
Empezando por el germano, que acaba de estrenar su segunda generación, su motor de acceso es uno de sobra conocido dentro de Setallantis. Se trata del sistema MHEV de 136 CV como motor 1.2 turbo, con el que homologa un consumo de 5,5 l/100 km.
El PHEV combina un motor gasolina 1.6 turbo de 150 CV con un bloque eléctrico de 125 CV, desarrollando una potencia conjunta de 195 CV, gracias a lo que acelera de 0 a 100 km/h en 7,8 segundos. El sistema se complementa con una batería de 17,9 kWh, que le permite recorrer hasta 87 kilómetros en modo cero emisiones, así como homologar un consumo de 0,8 l/100 km.
Aunque no lo tengamos en cuenta para la comparativa, el Opel Grandland Electric es el tope de gama con su potencia de 225 CV y su rango de acción de hasta 582 km.
Pasando al japonés, su versión de acceso HEV, denominada como 220H, en realidad son dos. Ambas comparten el mismo sistema de propulsión, pero una tiene tracción delantera y otra integral. Esto, que en muchos modelos no tiene mucha importancia, en este caso trae consigo cambios de potencia, pues rinden 218 y 220 CV, respectivamente.
En función de ello y del nivel de equipamiento escogido, su consumo homologado se encuentra entre los 5,6 y los 5,9 l/100 km.
En cuanto al RAV4 Plug-In Hybrid, combina un motor de gasolina 2.5 de 185 CV con dos bloques eléctricos de 182 y 54 CV, consiguiendo una potencia conjunta de 306 CV, por lo que acelera de 0 a 100 km/h en 6 segundos. Emplea una batería de 18,1 kWh de capacidad, gracias a la que puede recorrer hasta 75 km en modo cero emisiones y homologa un gasto de combustible de 1 l/100 km.
Precio
En este punto hay una diferencia bastante mayor de la que se podría esperar en un primer momento. El Opel es considerablemente más barato, con una tarifa que arranca en 33.900 euros, mucho más baja que los 41.500 euros de los que parte el Toyota.
La diferencia es algo más reducida cuando hablamos de las versiones híbridas enchufables de ambos, pues el primero parte de los 40.850 euros y el segundo de los 45.000 euros.
Equipamiento
El acabado base del Opel recibe el nombre de Edition y su dotación incluye: llantas de aleación de 19 pulgadas con diseño Anthra, faros ECO LED, luces traseras tipo LED, volante de cuero vegano, asientos "Sport" tapizados en tela, cuadro de instrumentos digital de 10 pulgadas, pantalla central táctil de 10 pulgadas, climatizador automático bizona, etc.
A esto añade limpiaparabrisas automático, asistencia al aparcamiento, espejos retrovisores plegables eléctricamente, apoyabrazos delantero y espejo retrovisor interior electrocromático.
En cuanto al Toyota, el acabado es el Advance y tiene lo siguiente: faros antiniebla delanteros LED, cristales traseros oscurecidos, retrovisores exteriores calefactables, Toyota Smart Connect con pantalla de 10,5 pulgadas, conectividad con Apple CarPlay y Android Auto, y navegación online basada en la nube.
¿Cuál es mejor?
A pesar de sus similitudes, son dos modelos con enfoques bastante diferentes. El Opel Grandland es la opción más asequible y por bastante, pero parte de ese ahorro en el precio de entrada viene definida por su tipo de hibridación (MHEV en lugar de HEV) y por una potencia mucho menor (136 por los 218 CV de su rival).
Así, si se mira el presupuesto, el alemán es mejor opción, pero en términos generales el japonés es más coche.
Esa diferencia de prisma también se aprecia en las versiones híbridas enchufables, entre las que la diferencia de precio es menor, pero sigue habiendo un salto de potencia considerable (195 por 306 CV) que no se puede pasar por alto a nivel de rendimiento. A favor del germano juega una autonomía eléctrica algo mayor (10 km), pero que tampoco es un factor diferencial.

