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La electrónica de tu coche nuevo supone el 40% de su coste total

Electrónica

Antes de que el común de los mortales fuera consciente de ello, los ingenieros ya vislumbraron hasta qué punto la tecnología inundaría todo: trabajo, hogares, coches… Vamos a centrarnos, evidentemente, en estos últimos. Los avances en esta materia han resultado clave para mejorar los vehículos con los que nos movemos, pero ¿hasta qué punto influye en su coste total?

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Hay elementos y procesos que hoy nos parecen normales, pero que hace varias décadas supusieron una auténtica revolución en el mundo de las cuatro ruedas: la inyección electrónica de combustible, el tiempo de encendido o los sistemas antibloqueo de los frenos son buenos ejemplos de ello. En 1971, Popular Science anunció que la tecnología de los coches permitiría detectar señales se somnolencia en el conductor.

Sin embargo, estas ideas no se incorporarían a producción en masa hasta mucho tiempo después. Cualquiera de esos sistemas se pudo construir en ese momento, pero para ello había que resolver un pequeño problema: conseguir que fueran lo suficientemente baratos como para convencer a los fabricantes de coches.

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Su peso en el coste

Evidentemente, los avances tecnológicos rebajan su precio con el tiempo. La Ley de Moore expresa esta marcha constante de progreso: asegura que, aproximadamente, cada dos años se duplica el número de transistores en un microprocesador. Y la industria del motor no es ajena a este ritmo. Los microprocesadores y los chips que forman parte de los vehículos modernos son tan frecuentes y numerosos que se han convertido en una mercancía casi tan frecuente como el acero y el aluminio. 

No en vano y como decíamos antes, han conseguido que los coches sean más rápidos, seguros, limpios, eficientes y fiables. Los han mejorado en todos los sentidos. Y aunque los chips individuales pueden ser baratos hoy en día, la electrónica es responsable del 40% del coste total de un vehículo nuevo según un análisis de Deloitte.

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El progreso se ralentiza

Hay que tener en cuenta que estos avances también han modificado los procesos de diseño, ingeniería y fabricación. Las herramientas digitales permiten a los ingenieros producir coches más rápido y con mayor precisión. Las piezas encajan con tolerancias más estrictas, los entornos virtuales simulan multitud de pruebas en cuestión de días y las líneas de ensamblaje moldean vehículos a elevados ritmos.

Sin embargo, este progreso tecnológico podría estar disminuyendo. Hace cinco años, en 2015, la Ley de Moore predijo que su proyección no tardaría en volverse inexacta ya que estos se estaban topando con límites físicos. Sea como sea, la informática ha estado trabajando de la mano de los coches durante más de 50 años y no parece que esta relación vaya a terminar pronto.

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