Uno de los descapotables más elegantes (e irrompibles) de la historia cumple hoy 33 años

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Un modelo icónico.

Estamos acostumbrados a que los Mercedes lleven como apellido “Clase X’, pero hubo una época en la que la denominación de sus modelos era algo más complicada y confusa. Nuestro protagonista de hoy viene de aquel entonces, se trata del Mercedes W124 Cabriolet, que hoy cumple 33 años.

Como ocurre con la práctica totalidad de descapotables de la marca francesa, este modelo derivó de otro con el techo cerrado el Mercedes W124. El predecesor del Mercedes Clase E era un modelo que podría considerarse como un coche avanzado a su época y es que la firma germana invirtió mucho dinero para poder ofrecer lo mejor de lo mejor a sus clientes.

La propia compañía señalaba que su nivel tecnológico y de ingeniería era incluso demasiado alto, lo que resultó en un coche muy interesante que, eso sí, tenía como principal objetivo ofrecer lujo y confort.

El enfoque deportivo no estaba sobre la mesa, algo lógico en el caso de las carrocerías sedán y familiar, pero que visto desde los estándares actuales choca algo en el caso de las versiones coupé y descapotable, que es la que nos ocupa hoy.

Tenía una base notable y que, de hecho, con el paso del tiempo ha demostrado ser extraordinariamente fiable, ya que fue un éxito de ventas y aún a día de hoy, más de tres décadas después, se pueden ver unidades circulando por las carreteras sin ningún tipo de problema.

Sin embargo, el caso del Mercedes W124 Cabriolet fue diferente, puesto que se producción fue mucho más reducida, por lo que los ejemplares operativos en buenas condiciones están muy cotizados.

Cuando se presentó en el Salón del Automóvil de Frankfurt de 1991 fue toda una sorpresa, básicamente porque desde 1972, casi 20 años atrás, la marca alemana no había lanzado ningún modelo descapotable con una configuración interior de cuatro plazas.

Uno de los puntos a los que dedicó más atención fue a la capota, un elemento clave ya que la compañía quería que se distinguiera de otros descapotables por tener una calidad superior que aislara el interior mejor, tanto a nivel acústico como térmico.

La capota tenía 27 piezas de conexión y 27 juntas, pensando en total 80 kilos. Sin embargo, con todas las piezas de refuerzo necesarias para conservar la rigidez estructural, así como con las partes añadidas para reducir vibraciones, en total el conjunto era 230 kilos más pesado que en el caso de la variante de techo cerrado.

El sistema de apertura y cierre era eléctrico, necesitando 20 segundos para pasar de un estado a otro y disponiendo de un arco de seguridad que se desplegaba en tan solo30 décimas de segundo en caso de accidente o de que el coche volcara.

Lógicamente, cuando la capota estaba plegada el maletero se veía perjudica, reduciendo su volumen hábil a tan solo 80 litros. Era el peaje a pagar por llevar la melena al viento.

Cuando vio la luz montaba un motor de seis cilindros en línea y 3 litros que desarrollaba una potencia de 220 CV. Para cuando cesó su producción habían salido de fábrica 23.952 coches.

Fuente: TopGear

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España