Comparativa: Mercedes SLS Roadster contra Audi R8 GT Spyder en el circuito de Ascari

¿Hasta dónde son capaces de llegar el Mercedes SLS Roadster y el Audi R8 GT Spyder? Sin miedo a pisar el acelerador, los hemos puesto a prueba en el circuito de Ascari.

Créeme, lo de los deportivos es de locos. Resulta que los ingenieros se pasan miles de horas a bordo afinándolos al máximo para conseguir el mejor tiempo por vuelta en circuitos como el mítico trazado norte de Nürburgring. Y todo esto, ¿para qué? Si los clientes nada más salir del concesionario se van directos a comprar un helado o a pasear por delante del último club de moda... Me apuesto contigo lo que quieras a que te encuentras antes un Mercedes SLS Roadster o un Audi R8 GT Spyder en la tienda más moderna de tu ciudad que en un circuito o una carretera de esas que nos vuelven locos a los realmente aficionados al motor.

Pero tranquilo, en autobild.es no somos así. Te puedo asegurar que cuando a esta casa llega uno de los 333 ejemplares del R8 GT, lo primero que tenemos en la cabeza es exprimirlo hasta rozar sus límites. Al fin y al cabo, si la gente de Ingolstadt repite hasta la saciedad que el Roadster acumula a sus espaldas muchas victorias en Le Mans, por algo será.

No puedo esperar más, ¡me voy de cabeza a la pista! Y lo hago a los mandos del Mercedes SLS Roadster. Sí, ese Alas de Gaviota que en realidad no las tiene. Como puedes ver en las fotos, la versión descapotable renuncia a las puertas que se abren hacia arriba en favor de otras de apertura tradicional. Cuestiones de diseño, sin más. 

Cuando esta prueba tomó forma en nuestra cabeza, el primer punto importante a resolver llegó a la hora de elegir un trazado realmente bonito en Europa. Queríamos aprovechar los últimos suspiros del verano y, por ejemplo, el siempre llamativo Nordschleife no parecía una buena idea sobre el papel porque en esta época ya está lloviendo a mares.

Hockenheim tampoco resultaba muy apetecible. Lo cierto es que allí llueve menos, pero, no nos engañemos, es un poco aburrido. ¡Ya lo tengo! Nos vamos de vacaciones a Andalucía, a un remoto lugar situado a mitad de camino entre Málaga y Ronda. 

El Ascari Race Resort tiene todo lo que necesito para esta prueba tan extrema entre el Mercedes SLS Roadster contra Audi R8 GT Spyder: sol a raudales y unas curvas de cuidado… ya sabes, un circuito no apto para cardíacos, muy apropiado para los dos salvajes sobre ruedas que tenemos entre manos.

Se acabaron las presentaciones: a darle caña. Entrar en el Audi no resulta tan fácil como parece. Aunque es todo un descapotable, me veo obligado a dar un paso de gigante y a hacer una acrobacia para superar el amplio estribo y acomodarme en su asiento deportivo. Cuando consigo superar la prueba, coloco mi pie en el freno, engrano la N en la caja de cambios y el motor empieza a aullar como un lobo a medianoche. Tras dar varios golpes de gas en parado para deleitarme con el sonido del V10, es momento de meter primera en esta transmisión automática y lanzar el Audi R8 a devorar kilómetros. 

Las aceleraciones son muy buenas, pero las detenciones no lo son menos. De hecho, cuando llega la primera curva los frenos cerámicos me demuestran quién manda aquí. La dirección hace su trabajo de forma magistral y en los cambios de apoyo se nota que el reparto de pesos es perfecto, porque el coche se mueve de una forma totalmente neutra. Si acaso a la salida de las curvas te puedes encontrar con un cierto sobreviraje en plena aceleración, pero muy controlable. 

Por otra parte las levas del pequeño volante de Alcantara permiten cambiar las siete velocidades con precisión de reloj suizo. Los números lo dejan claro: un tiempo de 2:36,90 minutos en el circuito de Ascari es como para quitarse el sombrero. El R8 es tremendamente rápido.

Vuelta a boxes y salgo a toda prisa del Audi, que, por cierto, es muy bajito -1,23 metros de altura-. Es el turno de SLS, que viene a demostrar que Mercedes, en temas de deportivos, no ha perdido un ápice de competitividad desde el reinado del 300 SL en los años 50. El de la estrella llega con ganas de comerse al R8 y empieza dejando claro que no son necesarias las incomodidades a la hora de entrar en un deportivo. Los asientos son perfectos y su regulación eléctrica acomodaría hasta al mismísimo Gasol. Pero menos hablar y más conducir... o pilotar, mejor dicho. Porque las reacciones del SLS son un escándalo y exigen buenas manos.

En cuanto el conductor gira el contacto, se acaban los miramientos. El ocho cilindros suena, al arrancar, como si hubieras agarrado un puma por la mismísima cola. No es hora de echarse atrás: pongo el selector en la D y la transmisión de doble embrague engrana la primera velocidad. ¡Voy a por todas! 

Piso el pedal derecho y su regio capó apunta al cielo como si fuera (casi, casi) un fueraborda. El V8 acaricia la zona roja y, al contrario que en el Audi, aquí no hay golpes salvajes ni interrupciones de la potencia al cambiar de marcha. La verdad es que el R tronic -que es más lento que el S tronic, cambio de doble embrague que se pudo equipar después-, que es un manual pilotado, le deja en clara desventaja frente a la mayoría de sus rivales, incluido el de esta prueba.

En las curvas, el Mercedes resulta menos deportivo que el Audi. Su tarado de chasis y la tracción trasera le impiden afrontar los virajes con la misma eficacia que el de los cuatro aros. Por no hablar de que los frenos no muerden con el hambre de los cerámicos de Ingolstadt. Sin embargo, el SLS, con su esquema transaxle (motor delante y caja de cambios en la zaga), va perfectamente equilibrado. 

Sobre la mecánica AMG, a pesar de que se pavonea con maneras de coche de paseo, en realidad tiene un lado bien oscuro: en cuanto las revoluciones alcanzan la franja de las 4.000, el SLS de repente muerde con el furor de un pitbull. De hecho, consigue girar cabezas a su paso porque arma un jaleo de mil demonios, al más puro estilo de los viejos propulsores del DTM. 

Comparativa: Audi R8 Spyder, BMW M8 Competition Cabrio y Mercedes-AMG GT R Roadster

Por supuesto, sus 571 CV y 650 Nm hacen su trabajo y te comprimen contra el asiento como si de un avión en plena aceleración a punto de despegar se tratase. 

Termina la vuelta y accedo a la calle de boxes de nuevo. Es momento de despejar las dudas. ¿Cuál habrá sido el más rápido? Las sensaciones me dicen que el Audi, pero... el crono va a revelar que estaba equivocado. Aunque el SLS parecía el tipo lento, su vuelta de 2:36,24 minutos termina superando por los pelos al espectacular R8 GT Spyder. Apenas unas décimas separan a los dos deportivos tras unos frenéticos cinco kilómetros de curvas, pero es justo adjudicarle el primer cajón del podio al Mercedes.

Al final del día y después de ponernos ciegos a rodar sobre el asfalto del Ascari Race Resort, queda bien clarito que tanto el R8 GT Spyder como el SLS Roadster sirven para algo más que para tomarse un café en el bar de turno. Te aseguro que son auténticas máquinas de correr, hechas para disfrutar en la pista de baile. Si tienen alma, seguro que están ahora mismo que saltan de alegría habiendo demostrado todo aquello de lo que son capaces. 

Sin respeto, sin piedad, sin límites. Así son ellos, así somos nosotros.

Conclusión: Mercedes SLS Roadster contra Audi R8 GT Spyder

Nuestra dura prueba lo ha demostrado: el Audi R8 GT Spyder y el Mercedes SLS Roadster son dos grandes deportivos. Cualquiera de los dos es realmente rápido y, también, altamente fascinante. Las diferencias entre ambos vienen de la mano de la comodidad interior o la transmisión, apartados en los que el Mercedes queda a la cabeza con sus asientos confortables, su buena postura al volante y su transmisión automática de doble embrague y siete velocidades. Pero tampoco hay que olvidar que el R8, con su tracción integral, facilita las cosas a la hora de transmitir la brutal caballería al suelo. Para finalizar, lanzo una pregunta: ¿cuál de los dos crees que se convertirá en un mayor objeto de culto con el paso de los años? 

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