El coche eléctrico ha sido el verdadero responsable de la caída de Carlos Tavares, esta es la explicación

Carlos Tavares apostó muy fuerte por el coche eléctrico, algo que no salió como esperaba y que ha tenido bastante que ver con su desenlace en Stellantis.
Carlos Tavares es la personalidad del mundo del motor en la recta final de este 2024. Bueno, en realidad, durante todo el año, puesto que ha dado mucho que hablar de manera regular, pero toda la trama ha acabado con el ejecutivo dimitiendo de su puesto como CEO de Stellantis de manera oficial, aunque fuentes internas apuntan a que en realidad ha sido despedido.
Se apunta a diversas razones como motivo de su caída, pero, aunque todo ha aportado para hacer que caiga en desgracia, parece que han sido los coches eléctricos los que han jugado un papel clave en este desenlace.
Tavares se ha mostrado como un fuerte defensor de los modelos de cero emisiones y eso le ha granjeado incluso enemistades en la industria, pues, mientras que responsables de otras marcas ponían de manifiesto que el ritmo impuesto desde Europa no era viable y pedían que hubiera prórrogas, el portugués se mostró firmemente en contra.
El ahora ex-CEO apuntaba que el camino eléctrico era el único camino a seguir, algo que respaldó con su toma de decisiones estando al frente del grupo… pero el mercado es el mercado y no respondió como le hubiera gustado.
Carlos Tavares defendió la inversión de nada menos que 30.000 millones de euros en el desarrollo del vehículo eléctrico por parte de Stellantis, como medida para lograr vender, en 2030, 5 años antes de que lo obligue la ley, un 100% de coches eléctricos en los mercados europeos.
Sin embargo, la apuesta no salió bien, como recogen en Euro News.
Según el informe de EV Tracker del Bank of America, durante los primeros seis meses de 2023, Stellantis consiguió vender 173.400 vehículos eléctricos, pero, durante el mismo periodo en 2024, solo consiguió vender 157.700 unidades, lo que supuso un descenso interanual del 9%.
La caída del grupo en este campo no estuvo sola, si no que coincidió con el auge de los fabricantes chinos, que vieron crecer sus ventas de eléctricos, por lo que el resultado fue una pérdida de cuota de mercado a nivel mundial.
Así, durante el primer semestre de 2023 la cuota de Stellantis era del 5,3%, cifra que puede parecer baja, pero que no está mal teniendo en cuenta la enorme cantidad de actores que hay en el sector. Sin embargo, pasando al primer semestre de 2024, esa cuota se redujo al 3,5%, haciendo evidente un claro retroceso pese a la gran inversión realizada.
La consecuencia directa de todo esto fue una pérdida de valor considerable de las acciones de la compañía. Mientras que 2023 se cerró con unas ganancias de récord, 2024 ha sido un año de caída en picado.
El 1 de enero el valor de las acciones se situaba en unos 21 dólares, hubo un repunte que lo llevó hasta los 27 en marzo, pero desde ahí la caída ha sido total, estando actualmente por debajo de los 12 dólares.
El principal motivo, pero no el único
El último año ha estado repleto de enfrentamientos de Tavares con casi todos los agentes que operan en la industria, empezando por su propia casa, con choques frontales con el consejo de administración y desplantes en los que decía a los consejeros que no se metieran en su trabajo, que no era asunto suyo, cuando le preguntaban por sus planes ante la caída de la rentabilidad de la empresa.
Henri de Castries, Stellantis’ Senior Independent Director, declaraba en el comunicado oficial de la dimisión: “El éxito de Stellantis desde su creación se ha basado en una alineación perfecta entre los accionistas de referencia, el Consejo de Administración y el CEO. Sin embargo, en las últimas semanas han surgido opiniones diferentes que han llevado al Consejo de Administración y al CEO a tomar la decisión de hoy”.
Y es que, desde que se anunciara que no iba a ser renovado su contrato en 2026, cuando finalizaba, las decisiones de Tavares han sido vistas como cortoplacistas, buscando más su beneficio personal que los buenos resultados del grupo a futuro.
Parte de ello tiene que ver que, en 2023, gracias a bonos y complementos por la consecución de objetivos, consiguiera un salario de 36,5 millones de euros; mientras que de manera paralela había abogado por una política de recortes que ha costado miles de puestos de trabajo dentro de la empresa.
Especialmente delicada es la situación en algunas marcas concretas que se venden en América del Norte, como es el caso de Dodge y Ram, que ante la bajada de ventas han sufrido despidos considerables; o de Chrysler y Jeep, que tampoco pasan por su mejor momento.
Es algo que también se extiende a Maserati, cuya situación preocupa en el seno de la compañía, pues no termina de posicionarse entre las firmas de lujo ni consigue despegar sus ventas, lo que ha llevado incluso a rumores de venta.

