Citroën necesitaba un sucesor digno para el icónico GS y llamó a Bertone. El resultado fue el BX, que apostó por los cuatro en línea y no por el motor bóxer de los GS

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El Citroën BX fue el primer modelo concebido íntegramente desde que la marca entró en Peugeot. Diseñado por Bertone, se produjeron más de 2,3 millones de unidades entre 1982 y 1994.

En la rica y dilatada historia de Citroën, hay muchos coches que han alcanzado una gran popularidad hoy figuran entre los clásicos más deseados por los coleccionistas. Entre ellos, sin duda, ocupa un hueco importante el Citroën BX, la berlina del doble chevrón que marcó la década de los 80.

A finales de los años 70, el Citroën GS (convertido ya en el GSA) empezaba a dar signos de flaqueza y la marca de los chevrones comenzó a trabajar en su reemplazo. Así comenzó el denominado Proyecto ‘XB’, que desembocaría en el Citroën BX presentado en septiembre de 1982.

Pero, además, la compañía francesa se encontraba en un momento difícil. Acababa de ser integrada en Peugeot, después declararse en quiebra debido a varios motivos, como la inversión en una nueva planta para hacer el CX o la creación de una empresa conjunta con NSU para hacer motores Wankel (COMOTOR), a lo que había que sumar la compra de Maserati en 1968. Todo ello, con la crisis del petróleo de fondo.

En ese contexto, Citroën necesitaba una nueva berlina de gama media, no sólo para sustituir al GS, sino también para recuperar el terreno perdido en un segmento que había dominado anteriormente y que en 1981 había representado casi el 25% de las ventas en Europa.

Lo hizo basándose en tres pilares fundamentales: comodidad, dinamismo y economía de uso, además de un diseño rompedor, por supuesto. 

Del Proyecto ‘XB’ al Citroën BX

Citroën se puso manos a la obra en 1978 con el Proyecto ‘XB’. Los primeros ensayos los realizó sobre la base de un GS modificado hasta llegar, poco a poco, al BX. 

Los principales objetivos del futuro BX debían ser garantizar que fuera reconocido como un vehículo moderno, no convencional, con énfasis en la innovación. 

El BX iba a ser un vehículo de motor transversal, con masa limitada para asegurar una buena aceleración y bajo consumo de combustible, lo que representaba un ahorro de costos en el contexto de la época. 

El desarrollo de la nueva berlina de Citroën corrió a cargo del centro técnico Vélizy, que invirtió mucho en el método CAD (diseño asistido por computadora) para acelerar la convergencia del diseño y optimizar las prestaciones, lo que permitió conseguir un coeficiente aerodinámico de 0,34. 

Fue innovador en el uso de materiales compuestos para piezas como el paragolpes, el portón del maletero, el capó y los paneles laterales, con un peso de sólo 885 kg

Otra vez la Torre Eiffel como soporte publicitario

Finalmente, el Citroën BX se presentó en el ocaso del verano de 1982, el 23 de septiembre. Caía la noche cuando una gran multitud abarrotaba el vasto jardín del Campo de Marte, en París, donde se erige la Torre Eiffel. 

Los ojos de todos los presentes se dirigían hacia el primer piso de la torre más famosa de la capital francesa, donde se encontraba colgada una gigantesca caja de madera con la inscripción 'Voilà la nouvelle Citroën'

En un vertiginoso espectáculo de luz y sonido, bajaron lentamente la caja de madera al suelo y la abrieron para revelar la nueva berlina que cambiaría el rumbo de la marca d ellos chevrones: el Citroën BX.

Era la segunda vez que el fabricante galo utilizaba el emblemático monumento parisino como soporte publicitario. Ya en 1925 lo había hecho André Citroën. Esta vez, no sería un cartel luminoso con el nombre de la marca, sino, directamente, el coche colgando, oculto en el interior de una gran caja. 

Así, con una gran ovación en Campo de Marte y envuelto en un gran espectáculo de fuegos artificiales, comenzó su fabulosa carrera uno de los coches más recordados de la década de los 80 y hasta bien entrados los 90.

Unos días después, el 30 de septiembre de 1982, el 69º Salón del Automóvil de París abrió sus puertas en el recinto ferial Porte de Versailles, dando el pistoletazo de salida a la venta del Citroën BX, que se convirtió en una de las estrellas indiscutibles de la cita parisina. 

Diseño de Bertone, ¿otra copia?

Para el diseño del BX, Citroën contempló las propuestas de varios carroceros de renombre, incluido el propio centro de estilo de la firma. Habiendo rechazado todas, se dirigió a Bertone quien, finalmente, dibujó la que sería la nueva berlina media del doble chevrón.

El padre del BX sería nada menos que el diseñador Marcello Gandini, el responsable del diseño de coches como los Lamborghini Miura y Countach, entre otros. 

Sin embargo, para el Citroën BX se basó en un prototipo presentado en el Salón de Ginebra de 1979, el Volvo Tundra, construido sobre la base de un 343. El parecido es evidente, como se aprecia en el frontal, el diseño de los faros, los intermitentes, las líneas afiladas y la vista lateral.

Como había ocurrido con el Citroën GS, el nuevo modelo se basaba claramente en un prototipo anterior de otra marca. En el caso del GS, Robert Opron se inspiró en el BMC 1800 de Pininfarina, diseñado por Leonardo Fioravanti y, para evitar una demanda por plagio, modificó un poco la zaga, sustituyendo el portón por una portezuela para abrir el maletero.

En cualquier caso, Gandini creó una berlina original y robusta, pero sin excentricidades. Un diseño que llegaría a convertirse en emblemático.

A la vanguardia de la técnica

Entre sus características, destacaban el capó compuesto de fibra de vidrio de poliéster comprimido, siendo el primer vehículo producido en masa en utilizar esta técnica. También contaba con un portón trasero de compuesto de fibra de vidrio de poliéster inyectado, una luneta trasera adherida e incluso faros con reflectores parabólicos con dos superficies reflectantes homofocales.

El habitáculo también era llamativo, con un cuadro de instrumentos inspirado en el CX que presentaba elementos característicos como los controles satelitales a ambos lados del volante y la instrumentación digital con el tacómetro retroiluminado. 

Era un interior amplio y cómodo, con tres metros cuadrados de superficie acristalada y equipado con techo corredizo, aire acondicionado, tapicería de terciopelo, reloj digital y ordenador de a bordo.

A lo largo de los 12 años que estuvo en producción, hubo varias versiones del BX, como la de empresa, lanzada en 1984, y la familiar, denominada Evasion, en 1985. En 1987, recibió una actualización, con leves cambios estéticos y un nuevo cuadro de instrumentos más convencional, perdiendo así un punto de originalidad.

Mecánicas fiables de gasolina y diésel

Siendo el primer vehículo de la era PSA, los motores del BX se tomaron del propio banco de trenes motrices del grupo. Citroën solucionó una carencia que tenía en aquella época: los motores del GS/GSA no superaban los 1.3 litros y los del CX no bajaban de los 2.0 litros. En medio, no había nada.

El Citroën BX se lanzó con motores de 1.360 centímetros cúbicos con 62 y 72 CV (según si tenía cuatro o cinco velocidades), y de 1.580 centímetros cúbicos con 90 CV, este último denominado XU

Luego llegó la versión con motor diésel 1.9 atmosférico que alcanzaba los 71 CV y se convirtió en el más apreciado por sus bajos consumos. Homologaba una media de 4,7 litros/100 km y una velocidad máxima de 157 km/h. Este modelo se convirtió en el primer coche diésel en ganar el premio Coche del Año en España en 1984.

La oferta mecánica se completó con motores que desarrollaban hasta 160 CV, inyección electrónica con catalizador y sonda lambda, motor diésel, caja de cambios automática, tracción total permanente y frenos ABS. Incluso se produjo una serie limitada de 200 unidades de la versión de carretera del coche de competición BX 4 TC grupo B (2141 cc, 200 CV, 220 km/h).

En 1985, Citroën fue el primer fabricante francés en ofrecer una versión diésel automática y en 1987 introdujo el primer automóvil francés de producción masiva equipado con un motor de 16 válvulas.

Como todos los Citroën de gama alta de esta época, el BX estaba equipado con un sistema de suspensión hidroneumática para garantizar el confort y un agarre impecable a la carretera. Algo imprescindible en un verdadero Citroën.

Un rotundo éxito comercial

Decididamente moderno y repleto de características atractivas, el Citroën BX convenció instantáneamente a la prensa, sedujo a la clientela de la amrca y ganó nuevos clientes: fue un gran éxito comercial. 

La producción del BX arrancó en la planta La Janais en Rennes, en Bretaña, y a principios de 1983 también en Vigo, la factoría más importante de Citroën fuera de Francia. 

Hasta el cese en 1994, se produjeron un total de 2.337.016 unidades del BX. Como uno de los automóviles más vendidos de Citroën, contribuyó a la reactivación de la marca en la década de 1980.

Foto Volvo Tundra: Andrea Volpato/Wikipedia.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España