5 coches tan peligrosos de conducir que creaban viudas

Estos 5 coches son tan peligrosos de conducir que creaban viudas. Su fama les precede y en algunos casos podían convertirse en una trampa mortal.
La ingeniería en un coche es tan importante como el diseño. Un vehículo que no sea perfecto puede acabar convirtiéndose en una trampa mortal en caso de accidente. En otros casos, sus prestaciones están a un nivel tan alto que el conductor requiere de ciertas habilidades al volante para controlarlo, de ahí su elevada peligrosidad.
Independientemente de cuál sea el factor que determina su alto grado de riesgo, hemos seleccionado 5 coches peligrosos de conducir que tienen la fama de crear viudas. Estos cinco modelos que vas a descubrir a continuación son clásicos que, por suerte, ya no están a la venta, pero que los que los han podido conducir han constatado que son bastante peligrosos.
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5 coches tan peligrosos de conducir que creaban viudas

El primero de esta particular lista es el Porsche 996 GT2. Este deportivo de 483 CV es un automóvil analógico, es decir, sin ningún tipo de ayuda electrónica que permita al conductor domar tales prestaciones, por no hablar de que tiene una relación peso-potencia de 2,96 kg/CV.
El Club de Automovilistas RAC británico describió este automóvil como la versión del 996 más controvertida. Según club, “es el más rápido, más aterrador y más caro”. También argumenta que algunos opinaban que es “un coche que Porsche nunca debería haber construido”, mientras que otros consideran que “es un Porsche adecuado que acredita a su conductor como un piloto con talento y coraje”.

Del Renault 5 GT Turbo existe el mito de que su turbo se disparaba al reducir, aunque esto no era del todo cierto. Lo que sí estaba comprobado es que era un coche peligroso de conducir si no se contaba con cierta experiencia y un determinado grado de habilidad al volante.
Y es que hablamos de un coche que condujeron muchos jóvenes inexpertos que acababan de obtener el carné de conducir. Esto, unido a que los turbos no eran precisamente progresivos, entregando la potencia de forma bruta y sin aviso, lo que pillaba desprevenidos a los que estaban al volante, fueron los dos principales factores que provocaron ciertos accidentes con este modelo.

El diseño del Daihatsu Terios fue la razón por la que este modelo se consideró peligros de conducir. Y es que hablábamos de una especie de pequeño SUV que tan solo media 3,84 metros de largo y 1,71 metros de alto. Además, tenía una anchura de 1,55 metros, por lo que era más alto que ancho, y eso es un problema para la estabilidad.
Si, además, unimos una suspensión algo blanda y una razonable altura libre al suelo, tenemos todos los ingredientes para un coche inestable que era bastante fácil volcarlo. En la segunda generación del Terios, Daihatsu corrigió este problema aumentando su anchura y reduciendo su altura.

En el caso del Porsche 930 Turbo tenemos algo muy parecido a lo que ocurría en el Renault 5 GT Turbo. El coche era especialmente potente para la época, con un motor sobrealimentado que desarrollaba 260 CV.
Aunque estaba bien ajustado a nivel dinámico (algo propio de los estándares de Porsche), sus prestaciones y la forma en la que entraba el turbo podía pillar desprevenido al conductor, lo que era factible de acabar en accidente.

El quinto y último coche peligros de conducir conocido como “hacedor de viudas” es el Mercedes-Benz 300 SL. Hoy un clásico de culto valorado en cifras millonarias, el primer SL era un coche fuera de lo que era habitual en 1954, cuando se lanzó al mercado.
Llegó con un potente motor de seis cilindros en línea y 243 CV con el que era posible alcanzar los 245 km/h de velocidad máxima. Esto era mucho para principios de los ’50, aunque su peligrosidad no radicaba en sus prestaciones, sino en el diseño de sus míticas puertas de ala de gaviota.
Y es que, en caso de vuelco, los ocupantes del deportivo de Mercedes quedaban atrapados en el interior sin posibilidad de salir del vehículo, lo cual, en caso de incendio, convertían al 300 SL ‘Gullwing’ en una trampa mortal.
