Pere Navarro, director de la DGT, sobre la reducción del límite de alcoholemia de 0,5 a 0,2 g/l: "Esta votación no la perdió el Gobierno, sino que la perdieron todos los ciudadanos"

El directivo de la Dirección General de Tráfico lamenta que la propuesta legislativa no saliera adelante para endurecer las medidas de control de alcoholemia.
La seguridad vial en España atraviesa un momento de intensa reflexión tras el reciente revés parlamentario a la propuesta de reducir el límite de alcoholemia permitido para conductores. Pere Navarro, director general de la Dirección General de Tráfico (DGT), ha expresado su profunda decepción tras el fracaso de la iniciativa que buscaba rebajar el tope de 0,5 a 0,2 gramos por litro de sangre para todos los conductores.
En una reciente conversación marcada por la franqueza, Navarro ha sido tajante al señalar que la falta de consenso político no debe leerse como un tropiezo administrativo, sino como un perjuicio directo para la seguridad pública.
Según el máximo responsable de la movilidad en el país, cuando una medida de este calado no sale adelante, no es el Ejecutivo quien ve mermada su autoridad, sino la sociedad en su conjunto la que pierde una oportunidad de proteger vidas en el asfalto.
La propuesta de situar el límite en 0,2 g/l no es un capricho normativo, sino una respuesta técnica a la preocupante meseta en las cifras de siniestralidad vial. Navarro defiende que esta cifra equivale, en la práctica, a una tolerancia cero, ya que cualquier consumo de alcohol, por pequeño que sea, podría llevar al conductor por encima del umbral permitido.
La intención de la DGT es disociar completamente el acto de beber de la acción de conducir. Sin embargo, la votación en las cámaras legislativas no reflejó esta urgencia técnica, encontrando resistencias basadas en el impacto sobre la hostelería y la libertad individual.
Ante este escenario, Navarro ha insistido en que el Gobierno cumplió con su labor de proponer soluciones basadas en datos científicos, pero que la responsabilidad final del bloqueo recae sobre quienes priorizaron otros intereses frente a la reducción de accidentes.

"Esta votación no la perdió el Gobierno, sino que la perdieron todos los ciudadanos. Teníamos una deuda pendiente con tantas y tantas víctimas y probablemente algún siniestro y víctima se podría haber evitado, pero que cada uno asuma su responsabilidad", ha sentenciado Navarro, subrayando que la seguridad vial debería ser una política de Estado blindada ante el rifirrafe partidista.
El director de la DGT sostiene que cada vez que se posterga una ley de este tipo, se está aceptando implícitamente un nivel de riesgo que es evitable. Para Navarro, la movilidad segura es un derecho fundamental que se ve comprometido cuando no se actualizan las normas.
Los nuevos retos de la movilidad urbana
Más allá de la polémica por el alcohol, Navarro ha aprovechado sus intervenciones para analizar el cambio de paradigma en nuestras ciudades. La conversación con expertos del sector, como los responsables de Arval, pone de manifiesto que el coche ya no es el protagonista absoluto del entorno urbano.
En este contexto, la reducción de la tasa de alcohol cobra aún más sentido, dado que la convivencia entre actores tan heterogéneos en la vía pública requiere que los conductores de vehículos motorizados mantengan sus capacidades cognitivas al máximo nivel de alerta.
La estrategia de la DGT para los próximos años no se limita a la sanción, sino que se apoya en tres pilares fundamentales: la educación, la vigilancia y la tecnología. Navarro reconoce que, aunque la vigilancia es necesaria, el futuro de la seguridad vial pasa por vehículos conectados que asistan al conductor y, eventualmente, corrijan errores humanos.
No obstante, mientras la tecnología no sea capaz de sustituir totalmente la decisión humana, el control sobre el consumo de sustancias psicoactivas seguirá siendo la herramienta más eficaz para prevenir tragedias.

El sentimiento de frustración en la cúpula de la Tráfico es evidente. Navarro recuerda que España fue pionera en la implementación del carné por puntos y en la reducción de los límites de velocidad en carreteras secundarias, medidas que en su día también generaron resistencia pero que terminaron por salvar miles de vidas.
El director lamenta que, en esta ocasión, no se haya tenido la misma valentía política para afrontar el problema del alcohol desde una perspectiva estrictamente sanitaria y de seguridad.
A pesar del obstáculo legislativo, la DGT no tiene intención de abandonar esta batalla. La estrategia ahora pasa por intensificar las campañas de concienciación y demostrar, a través de la pedagogía, que el límite de 0,2 g/l es el estándar necesario para una Europa que busca liderar la seguridad vial a nivel mundial.
Para Pere Navarro, el camino hacia una conducción libre de alcohol es irreversible, y aunque la votación actual haya sido negativa, confía en que la presión social y la evidencia de los datos obliguen a retomar el debate en un futuro cercano. La seguridad, insiste, no debería ser una cuestión de bandos, sino un compromiso común por el valor supremo de la vida.


