Nadie lo dice, pero el coche eléctrico es un problema para los talleres y una bendición para los conductores

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Los vehículos de batería tienen menos mantenimientos y menos piezas que se pueden averiar, con lo que el negocio de los talleres bajará con el paso de los años.
Igual que los vehículos de combustión, los eléctricos tienen sus ventajas e inconvenientes. Pero, cuando se analizan cada uno de ellos (sobre todo, los inconvenientes), se suele pasar por alto un detalle nada menor para un sector importante como los talleres.
Seguro que alguna vez has escuchado a alguien decir: “Ya no quedan mecánicos como los de antes” o, directamente: “Ya no quedan mecánicos”. Puede que, incluso, tú lo hayas dicho.
Y es cierto. Aquellos mecánicos de la vieja escuela empiezan a escasear, por una razón muy simple: ya se han jubilado o están próximos a hacerlo. Y en muchos casos no hay relevo generacional. No abundan los jóvenes que quieran dedicarse a una profesión que es bonita y muy dura a la vez.
Tampoco vamos a ponernos tremendistas y decir que es una profesión en peligro de extinción. ¿O quizás sí? En teoría, en el futuro los vehículos serán eléctricos, o eso se pretende, y requieren menos mantenimiento que los coches tradicionales. Por tanto, el negocio de los talleres mecánicos se verá afectado.
Los coches eléctricos necesitan menos mantenimiento
El mantenimiento preventivo de un coche eléctrico es más sencillo que el de uno equivalente con motor diésel o de gasolina, en tanto que carecen de un motor térmico. Por tanto, no tienen muchas piezas y componentes móviles que se desgastan con el uso y el paso del tiempo, y que necesitan reemplazo.
Al tener menos piezas, hay menos elementos sometidos a desgaste y, por tanto, no son necesarias ciertas operaciones de mantenimiento típicas de los vehículos de combustión, lo cual se traduce en un menor desembolso para el propietario.
En concreto, se calcula que el mantenimiento de un coche eléctrico puede ser hasta un 30% más barato. En un coche eléctrico, no hay que cambiar el aceite, las bujías, el filtro del aire y combustible o la correa de distribución.
Sí incluyen otros componentes como los vehículos de combustión que se desgastan, pero menos, debido a su funcionamiento. Por ejemplo, los frenos. En un eléctrico hay que cambiar las pastillas y discos, pero mucho más tarde, ya que el sistema de frenado de estos vehículos sufre menos el desgaste, al contar con la frenada regenerativa.
Plazos de revisiones más amplios
En cambio, los neumáticos de un coche de batería se desgastan más rápido, porque deben soportar hasta un 30% más de peso, especialmente por la batería, por el elevado par motor que canalizan las ruedas al asfalto y por la alargada distancia de frenado, debido también al mayor peso y a la mayor inercia.
También los coches eléctricos se deben someter a revisiones periódicas, aunque con más margen de tiempo: mientras en un vehículo tradicional se recomienda hacerla de manera anual o cada 20.000 kilómetros, en uno eléctrico se puede hacer cada dos años o 30.000 kilómetros.
A la hora de pasar esas revisiones, en los coches eléctricos se presta especial atención a componentes específicos, como el motor eléctrico, las conexiones y, sobre todo, la batería, como veremos más adelante.
La batería es la parte más delicada
Ahora bien, la parte clave y la más delicada de un automóvil eléctrico es la batería. Es la pieza que concentra las principales tareas de mantenimiento. En teoría, una batería está diseñada para durar toda la vida útil del coche, pero no siempre con el mismo rendimiento.
Igual que la batería de un móvil disminuye su capacidad con el tiempo, lo mismo sucede con la de un coche eléctrico. La batería se degrada con el uso, a base de ciclos de carga y descarga. Esto hace que su capacidad de almacenaje de electricidad vaya disminuyendo de manera progresiva.
Normalmente, los fabricantes garantizan un 80% de capacidad durante ocho años o 160.000 kilómetros, que es lo que suele durar la garantía en la mayoría de los modelos.
El coche eléctrico es un problema para los talleres
Todo lo que hemos dicho hasta ahora es muy positivo para los usuarios de los coches eléctricos. Pero hay un damnificado: los talleres mecánicos.
A lo largo de la historia del automóvil, los mecánicos se han tenido que adaptar a los cambios tecnológicos. Hace décadas, los coches eran muy simples y casi se podían arreglar con una llave inglesa y un destornillador.
Poco a poco, se fueron volviendo más complejos, aparecieron la electrónica, sistemas de seguridad, etc., y los talleres no han desaparecido. Pero esta vez es diferente.
Por mucho que evolucionaran los coches, seguían necesitando cambiar la correa de distribución, bujías, la bomba de la gasolina y muchos otros componentes que desaparecerán con los coches eléctricos. Todo eso desaparece con los eléctricos, con lo cual muchos talleres de toda la vida también desaparecerán. Otros tendrán que reinventarse.
Lógicamente, hablamos a muy largo plazo, ya que todavía quedan muchos vehículos en circulación con más de 10 años de antigüedad, incluso con más de 20 años de antigüedad.
De hecho, la edad media del parque automovilístico no deja de aumentar y los coches nuevos son cada vez más caros, lo que hace que la gente acuda más al mercado de segunda mano.
Todo esto es para decir que los talleres mecánicos tradicionales serán necesarios durante mucho tiempo, pero a medida que el vehículo eléctrico se imponga, tendrán menos trabajo.


