Más baratos, menos regulación: este país se puede convertir en la alternativa a España en el mundo de la automoción

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Marruecos es un país cada vez más atractivo para atraer inversiones internacionales, gracias a unos costes de producción más bajos, una regulación más flexible y un contexto geopolítico favorable.
España es el segundo fabricante de coches de Europa y noveno del mundo. Y China ha puesto sus ojos aquí para instalar sus fábricas. Sin embargo, un país vecino, al otro lado del Estrecho de Gibraltar, supone una amenaza cada vez mayor para el sector de la automoción de nuestro país. Naturalmente, se trata de Marruecos.
En los últimos años, el reino alauí ha llevado a cabo un desarrollo industrial notable, especialmente, en el ámbito del automóvil, hasta el punto de consolidarse como una potente industria de ensamblaje de vehículos.
Pero ya no sólo a la hora de montar piezas, sino que también ha empezado a fabricar baterías para coches eléctricos, lo que ha modificado el equilibrio del sector.
La apuesta por el vehículo eléctrico, impulsada por la Unión Europea, está cambiando radicalmente la industria del automóvil europea. Ahora, el elemento clave no es el motor de combustión, sino la fabricación de baterías, que es la parte esencial de un automóvil eléctrico.
El país hegemónico en este sentido es China, que controla la extracción y procesamiento de tierras raras. Los dos principales fabricantes de baterías del mundo son chinos: CATL y BYD.
Marruecos empieza a fabricar baterías para coches eléctricos

Sin embargo, Marruecos quiere aprovechar esta coyuntura para convertirse en una plataforma industrial, capaz de abastecer tanto a Europa como al resto del continente africano, gracias a unos costes de producción inferiores y a una regulación más flexible, dos factores muy atractivos para inversores internacionales.
A lo anterior, hay que añadir una posición geográfica muy importante, al otro lado del Estrecho, entre el Atlántico y el Mediterráneo, así como una política industrial muy enfocada a la industria del automóvil por parte del gobierno marroquí.
Marruecos ya ha puesto en marcha su primera fábrica de baterías de alta capacidad para vehículos eléctricos, ubicada en Kenitra y promovida por la compañía china Gotion High-Tech, participada por el Grupo Volkswagen.
En esta planta ya ha comenzado la producción de celdas en fase de pruebas. Con una inversión cercana a los 3.200 millones de euros, se prevé que la factoría genere alrededor de 3.000 empleos directos y la producción abastecerá inicialmente a Stellantis y parte de la demanda europea de Volkswagen.
Costes de producción bajos y acceso a materias primas
Este desarrollo industrial de Marruecos no es algo que llegue de la noche a la mañana, sino que empezó hace casi una década, cuando el gobierno alauí inició una estrategia para convertirse en un polo industrial en el sector de la automoción.
Ya acoge varias fábricas automotrices, como las de Renault en Tánger y Casablanca o la de Stellantis en Kenitra. Pero hay varios elementos que explican el atractivo de Marruecos para los fabricantes de automóviles y lo convierten en una amenaza para España.
Ya hemos señalado los costes de producción más bajos. Los salarios son claramente inferiores en el país vecino, lo que abarata el proceso de fabricación y aumenta el margen de beneficios.
Pero, además de esto y la mencionada regulación más flexible, hay que añadir la disponibilidad de energía renovable competitiva (gracias a inversiones de la Unión Europea y, particularmente, España) y el acceso a materias primas esenciales para las baterías, especialmente, en el Sáhara Occidental, territorio cuya soberanía corresponde a España, pero el gobierno español la cedió a Rabat en 2022, una decisión impulsada desde Estados Unidos.
Un contexto geopolítico favorable
Y aquí entramos en un punto fundamental para entender por qué Marruecos se está convirtiendo en una potencia en la zona. El país norteafricano es el socio preferente de Estados Unidos en la región y un aliado estratégico clave en los intereses de Washington.
Y esto explica también todo lo que está pasando en Ceuta en los últimos días: se trata de controlar el Estrecho de Gibraltar, uno de los enclaves comerciales más importantes del mundo. Para ello, Estados Unidos necesita controlar las aguas territoriales españolas, pasando a estar bajo dominio de Marruecos o la OTAN.
Así entendemos también por qué los puertos Tánger Med y Nador Med se han convertido en los últimos tiempos en dos puntos estratégicos para el comercio internacional, reemplazando al puerto de Algeciras.
Entre otras razones, porque los barcos que paran en Marruecos, a pocos kilómetros de la ciudad gaditana, no tienen que afrontar la denominada ‘tasa verde’, el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea (EU ETS), que exige el pago por el dióxido de carbono liberado.
Así que los buques llegan a Tánger Med y luego transportan las mercancías a España. Lógicamente, ambos puertos marroquíes se han convertido en importantes centros de exportación de vehículos y componentes hacia Europa, con tiempos de transporte reducidos y costes competitivos.
España aporta experiencia y mano de obra más cualificada
Mientras tanto, en España sigue adelante la construcción de dos fábricas de baterías, la de PowerCo (Volkswagen) en Sagunto y la de Stellantis en Zaragoza, junto a CATL. Ambas instalaciones supondrán un importante impulso para la industria nacional, aunque todavía no han iniciado la fabricación comercial de baterías.
A pesar de la situación dibujada, España todavía tiene mucho que ofrecer al sector. Principalmente, frente a Marruecos, nuestro país cuenta con mucha más experiencia, mano de obra más cualificada y una red de instalaciones de grupos como Volkswagen, Stellantis, Renault, Mercedes-Benz, Ford o Iveco.
A esto podríamos añadir el hecho de pertenecer al mercado único europeo, aunque esto ya no es tanto una ventaja cuando Bruselas tiene numerosos acuerdos comerciales con Rabat.



