¿Cómo le explicas a un coche autónomo que no puede pasar por una calle cortada por obras? En Los Ángeles tampoco lo saben

Un coche autónomo entrando en una calle cortada
Un coche autónomo entrando en una calle cortada

Los hechos ocurrieron recientemente en una calle en obras cortada al tráfico, donde un coche autónomo decidió entrar sin saber muy bien qué hacer a continuación.

La tecnología del coche autónomo representa todo un desafío para el sector del automóvil por cuestiones técnicas, y para las administraciones y gobiernos por normativa y regularización. Todavía está en una fase temprana y, los vehículos sin conductor que ya circulan, todavía cometen muchos errores, como entrar en una calle cortada por obras a pesar de la señalización.

Esto es precisamente lo que ha sucedido recientemente en Los Ángeles (California, Estados Unidos), donde un coche autónomo hizo caso omiso a las indicaciones que un operario que estaba trabajando en una calle en obras le hacía para que no pasase, ya que estaba entrando en una zona cortada al tráfico rodado.

Atrapado en una calle cortada por obras

No obstante, como podemos ver en el vídeo que captó toda la escena, el Jaguar I-Pace autónomo acaba entrando en la calle y deteniéndose ante una situación de la que no parece tener ser capaz de salir.

En primera instancia, el coche autónomo parece haber comprendido que la calle está cortada. Así al menos lo indica el cono que hay en mitad del paso de peatones y el operario que se encarga de controlar el tráfico. Podemos ver cómo el coche eléctrico autónomo reinicia la marcha con la que parecía ser la intención de continuar su viaje por una ruta alternativa.

Pero nada más lejos de la realidad. El hecho de avanzar no es otro que el de flanquear al operario y al cono, obstáculos para sus sistemas, y entrar en la calle en obras por uno de los laterales. Cuando comienza a realizar el giro, el operario, señal en mano, alerta al vehículo para que se detenga y abandone su intención.

Sin embargo, el vehículo no se detiene y acaba entrando en la calle en obras. No avanza mucho antes de pararse y es aquí donde el operario que porta la señal de Stop trata de hacer que el SUV eléctrico salga de la calle en la que se ha metido.

El vídeo acaba sin conocer la respuesta a este problema, ya que el vehículo no llega a retroceder ni a salir de esa zona por sus propios medios. Suponemos que acabaría dando marcha atrás. Pero lo interesante aquí es que este hecho aislado evidencia las numerosas limitaciones que todavía tiene y encuentra a su paso el vehículo eléctrico.

Una tecnología desafiante con limitaciones claras

El coche autónomo, pese a los avances tecnológicos de los últimos años, sigue enfrentándose a una serie de obstáculos que dificultan su implantación en el mundo real como un estándar absoluto. Los principales hándicaps que afronta actualmente pueden dividirse en cinco grandes áreas: técnica, legal, ética, económica y social.

En el plano técnico, la autonomía total todavía está lejos de alcanzarse. Aunque los sistemas de asistencia a la conducción (ADAS) ya permiten ciertas maniobras automatizadas, los vehículos aún no pueden gestionar de manera segura todas las situaciones del tráfico real.

Los sensores, radares, cámaras, LiDAR y ultrasonidos dependen de condiciones óptimas para funcionar con precisión. Factores como las condiciones meteorológicas o la suciedad en los sensores pueden alterar su rendimiento. Además, la Inteligencia Artificial (IA) que interpreta el entorno todavía presenta limitaciones a la hora de reaccionar ante comportamientos imprevisibles de peatones, ciclistas o usuarios.

El segundo obstáculo es legal y regulatorio. Cada país, e incluso cada región, está desarrollando su propia normativa sobre conducción autónoma, lo que genera un marco fragmentado y confuso. No existe aún un estándar global que defina los niveles de autonomía permitidos ni los requisitos para certificar la seguridad del software.

A ello se suma la dificultad de asignar responsabilidades en caso de accidente. ¿Quién responde, el conductor, el fabricante, el proveedor del sistema de IA o el programador del algoritmo? Esta falta de claridad jurídica frena el despliegue comercial a gran escala.

En el ámbito ético, los dilemas también son profundos. Los coches autónomos deberán tomar decisiones en fracciones de segundo ante situaciones de riesgo, y determinar qué criterio seguir no es un problema técnico, sino moral. Programar esas decisiones implica establecer marcos éticos universales que aún no existen.

El coste es otro hándicap importante. Los sensores de alta precisión, el software de Inteligencia Artificial y las plataformas de procesamiento tienen un precio elevado, lo que encarece los vehículos y limita su accesibilidad. Además, el desarrollo y mantenimiento de infraestructuras adaptadas, como carreteras conectadas, señalización digital o redes 5G fiables, requieren inversiones multimillonarias.

Por último, el factor social sigue siendo determinante. Muchos usuarios no confían en dejar el control total a un sistema automatizado. Los accidentes aislados protagonizados por vehículos autónomos, como el del vídeo de esta noticia, han amplificado esa desconfianza y evidenciado que la aceptación social será tan importante como el avance tecnológico.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España