Bernat Escolano, mecánico del desguace: "Hoy te voy a explicar cómo los desguaces nos hacemos de oro"

El mecánico de Reciclauto desvela algunos de los secretos jamás contados sobre cómo un desguace obtiene sus beneficios
En los últimos años, el mundo de los desguaces ha vivido una transformación silenciosa, pero profunda. Ahora, los tradicionales cementerios de automóviles han pasado a llamarse Centros Autorizados de Tratamiento de Vehículos, marcando el inicio de una nueva era que apuesta por la reutilización, y la oportunidad de negocio para quienes entienden cómo funciona la cadena de valor de los vehículos fuera de uso.
Bernat Escolano, mecánico en Reciclauto y con más de 374.000 seguidores bajo el apodo “bernideldesguace” en Instagram, se ha convertido en una de las voces más populares a la hora de desmitificar los secretos de este sector.
El viaje de un coche hacia el desguace ya no marca el final de su vida útil, tal como recalca Escolano: “La llegada de un coche al desguace no marca su final, sino un paso más en la vida del mismo. Se acaba su vida útil, pero comienza otra distinta”.
La clave está en el primer inventario de piezas. Nada más llegar, el vehículo es exhaustivamente evaluado: cada componente se clasifica, revisa y decide su destino. Muchos se reciclan, otros se reutilizan y sólo algunos acaban desechados.
Este proceso no sólo ha cambiado la imagen de los desguaces ante la sociedad, sino que los ha dotado de un papel relevante en la economía circular y la movilidad sostenible.
Lejos queda la percepción de lugares desordenados llenos de coches apilados sin utilidad. Gracias a su labor, se reduce la generación de residuos y se prolonga la vida de los componentes mediante su reintroducción al mercado de recambios originales, mucho más asequibles.
Una de las preguntas que más recibe Escolano es si los desguaces compran coches en función de su estado general o su atractivo. La respuesta, reitera el mecánico, es rotunda: “Un desguace no compra coches por lo bonitos que están, sino por lo que pueden dar”.
Y para ejemplificarlo, pone sobre la mesa casos como el de un Kia Stonic prácticamente nuevo, de apenas cinco años, que terminó en su desguace tras un accidente calificado como siniestro total.
Cuando una aseguradora determina que el coste de reparar un coche supera su valor de mercado, el propietario cobra una indemnización. A partir de ahí, el coche puede pasar a subasta o ser vendido por su cuenta.
Aquí es cuando entran en juego los desguaces, dispuestos a sacar el máximo provecho de cada automóvil, independientemente de su apariencia exterior o el golpe que haya sufrido.
La “mina de oro” está en las piezas. Aunque la carrocería del Kia haya recibido un impacto, el interior, la mecánica y la tecnología pueden encontrarse intactos.
Escolano detalla: “Aunque este Stonic tiene un golpe detrás, hay muchas piezas que se pueden recuperar: interior intacto, motor completo, electrónica funcionando, faros, pantallas, sensores, puertas…”. Cada pieza apta es desmontada, revisada y vuelta a poner en circulación.
Para el cliente final, es la oportunidad de conseguir repuestos originales a un precio muy inferior al de fábrica, evitando además los plazos de espera y los costes de producción de piezas nuevas.

Con este proceso se beneficia el medio ambiente –al evitar la fabricación y transporte de nuevas piezas y reducir la generación de residuos–, y los profesionales del sector, quienes pueden rentabilizar hasta el último tornillo rescatable.
Esta es la esencia del modelo, un win-win que fortalece la economía del reciclaje y multiplica las opciones para quienes buscan alternativas a los caros repuestos oficiales.
“Ya sé lo que estás pensando: menudo chollo, os hacéis de oro. Y la respuesta es fácil: si da tanto dinero, hazlo tú. Que sí, que tú y tu primo arregláis este Kia y lo vendéis rápido”, ironiza con frecuencia Escolano frente a la creencia popular de que los desguaces son un negocio sin riesgo ni dificultad.
Pero lo cierto es que la rentabilidad deriva tanto del conocimiento técnico como de la capacidad logística y de gestión: clasificar, extraer, probar, catalogar y vender piezas requiere experiencia, inversión y mucha organización.
Dejar en manos de aficionados la reparación y venta de vehículos siniestrados no es garantía de éxito. La profesionalidad de los desguaces permite, por ejemplo, que gracias a un coche donante, otros veinte del mismo modelo sigan circulando, extendiendo la vida útil del parque móvil y aportando valor real a la comunidad.
Es cierto: hoy los desguaces pueden “hacerse de oro”, pero lo hacen retornando valor a la sociedad y al planeta. Tal vez no con lingotes, sino con piezas que ofrecen nuevas oportunidades a vehículos y personas.
Y como bien subraya Bernat Escolano, lo hacen siendo parte de una transformación mayor, la de un modelo de economía circular donde nada se pierde y todo se reaprovecha, para beneficio de todos y del medio ambiente.



