Renault 4 E-Tech y las carreteras de La Reunión: Europa, pero al otro lado del mundo

Renault 4 E-Tech en La Reunion
Renault 4 E-Tech en La ReunionThomas Geiger
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Quien recorra La Reunión al volante de un Renault 4 eléctrico puede acabar confundiendo por qué zona geográfica está pasando. Es como hacer un viaje interdimensional...

Ya son más de las nueve y cuarto de la mañana y, sin embargo, en La Reunión nunca han tenido demasiada prisa con el tiempo. Esta isla al oeste de Madagascar, aunque sea Francia, también es África. 

En el café Hippi’eat el tiempo parece haberse detenido cuando todo el mundo sabía lo que era Woodstock, los Beatles seguían componiendo éxitos, Mick Jagger era una estrella del rock y no un jubilado, y Brigitte Bardot quitaba el sueño a toda una generación de adolescentes. 

Por eso no extraña que nadie se sorprenda al ver el R4 aparcado bajo el plátano (el árbol, no su fruto) de la entrada, buscando refugio del sol abrasador. Solo que este no es un Renault 4L clásico; es la resurrección eléctrica de un icono. 

Y como una confusión no basta para una mañana como esta, conviene aclarar de inmediato un segundo malentendido. Porque lo que parece Saint-Tropez es en realidad Saint-Pierre; las olas de un azul igualmente intenso pertenecen al océano Índico y no al Mediterráneo; y aunque el idioma, el ambiente y el parque automovilístico resulten parecidos, entre ambos lugares no solo hay 9.000 kilómetros: hay todo un mundo.

No es Europa; es el hemisferio sur

Renault 4 E-Tech en La Reunion
Renault 4 E-Tech en La ReunionThomas Geiger

La isla de Reunión geográficamente es África. Políticamente, sin embargo, es un departamento de ultramar francés y, por tanto, parte de la Unión Europea. 

Se paga en euros, se conduce bajo normativa francesa, la carretera costera es una Route Nationale, la Gendarmería controla el tráfico y en el ayuntamiento puede leerse 'Mairie'. Y aun así, el aire huele a caña de azúcar y a mar. El criollo se mezcla con el francés y una botella de Perrier sabe a fruta de la pasión.

Por eso, aunque un Renault 4 E-Tech encaja perfectamente aquí, uno no espera encontrarse precisamente un coche eléctrico. A primera vista, este mensajero gris de un pasado colorido parece un cuerpo extraño. 

África evoca a pick-up diésel, ciclomotores ruidosos y talleres improvisados o, al menos aquí, Peugeot abollados, algún que otro Citroën 2CV (no el prototipo recién presentado, claro) y, por supuesto, el auténtico R4. Europa, en cambio, recuerda a puntos de carga, aplicaciones y objetivos de emisiones de CO₂ para las flotas. 

Marcas chinas y europeas en un mercado de 30.000 coches

Pero La Reunión escapa a esa lógica simplista. La isla está mejor organizada de lo que muchos esperan, con una red viaria densa, varios grandes grupos de concesionarios y un mercado automovilístico sorprendentemente diverso.

Aproximadamente seis grandes distribuidores, con unos 30 puntos de venta, atienden un mercado de 30.000 vehículos nuevos compuesto por 250 modelos de 50 marcas. 

Y la movilidad eléctrica ya forma parte de ese panorama. Conviven marcas chinas con modelos eléctricos europeos, desde el Mercedes EQB hasta el Volkswagen ID. 4. 

Las ayudas vigentes en la Francia continental también se aplican aquí, complementadas por incentivos locales. Por eso, casi uno de cada dos vehículos nuevos incorpora algún tipo de electrificación. 

El Gobierno planea instalar miles de puntos de recarga y la sostenibilidad no es solo un eslogan político, sino una necesidad estratégica derivada de la condición insular. El objetivo es ganar independencia y alcanzar la autosuficiencia energética mediante el aprovechamiento del sol y de la caña de azúcar.

El R4 en Isla Reunión

Y es precisamente aquí donde entra en escena el nuevo Renault 4 eléctrico. Su diseño cita con orgullo a su antepasado de 1961, aquel coche que movilizó a Francia del mismo modo que el Escarabajo lo hizo en Alemania, el 500 en Italia o el 600 en España. S

Su silueta limpia evoca claramente el pasado. Sin embargo, bajo la carrocería trabaja una moderna tecnología eléctrica. En la versión con la batería de mayor capacidad ofrece 150 CV y un par de 245 Nm.

Oficialmente puede recorrer más de 400 kilómetros con una sola carga y, en condiciones ideales, admite potencias de carga de hasta 100 kW, al menos allí donde la infraestructura lo permite. Pero en esta isla las cifras pierden rápidamente importancia.

Si en el continente se dice que todos los caminos llevan a Roma o, al menos, a París, aquí el verdadero centro neurálgico es Saint-Denis. 

Aquí late el corazón de la isla, aquí se encuentra el aeropuerto internacional y aquí está una de las pocas estaciones de carga capaces de suministrar más potencia de la que puede aceptar el R4. 

Pero, sobre todo, aquí comienza la N2, que sale de la ciudad rumbo al paraíso tropical, con el océano a la izquierda y los picos volcánicos a la derecha, emergiendo áridos de su cinturón de selva exuberante.

La ruta arranca por una moderna vía rápida. Cuatro carriles, 30 grados y el aire acondicionado funcionando al máximo. La autonomía desciende más deprisa de lo que a uno le gustaría. Pero Reunión no es una isla para calculadores obsesionados con la eficiencia. 

Quien adopte la tranquilidad africana en lugar de la prisa europea acabará llegando a su destino. O al menos al siguiente punto de carga, que quizá sea lento, pero que suele encontrarse cerca de la playa o en las afueras de las poblaciones.

Lejos de la costa y en carretera de montaña

Tras Saint-Louis comienza la ascensión hacia Cilaos, por aquella carretera legendaria con lo que parecen mil curvas. Una horquilla sucede a otra, las cascadas se abren paso entre las rocas y bancos de niebla flotan sobre el desfiladero.

Es aquí donde el R4 eléctrico revela su verdadero talento. Nada de cambiar de marcha, ni pérdidas de potencia, ni motores aullando cerca del límite de revoluciones. Solo una aceleración constante y contundente a la salida de cada curva. 

Renault 4 E-Tech en La Reunion
Renault 4 E-Tech en La ReunionThomas Geiger

Mientras algunos entusiastas al volante de sus GTI se esfuerzan por seguir el ritmo, el Renault mantiene la calma. Subir consume energía, sí. Pero al bajar, la batería recupera parte de ella. La frenada regenerativa trabaja con discreción, aunque con eficacia. Al final, quien acaba cansado es el conductor, no el coche.

Cilaos parece un pueblo olvidado en medio de un gigantesco anfiteatro de piedra. Junto a la única gasolinera se esconde un punto de carga entre cajas de bebidas y contenedores metálicos. Parece improvisado, nada espectacular. Pero funciona. Y eso es lo que cuenta. La tranquilidad vence a la perfección.

También hay cargadores eléctricos

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Renault 4 E-Tech en La ReunionThomas Geiger

A la mañana siguiente, la ruta continúa hacia las tierras altas, en dirección a la llanura del Piton de la Fournaise. El paisaje cambia de forma abrupta: el verde se convierte en gris y la vegetación deja paso a la lava. 

Campos de escoria negra, tierra rojiza, viento y horizontes abiertos. Aquí un coche eléctrico resulta casi surrealista, como un visitante llegado de otro tiempo. Y, sin embargo, encaja mejor de lo que parece. Sin ruido de motor ni emisiones, solo el suave rodar de los neumáticos por una tierra que parece salida de otro planeta.

En la costa oriental, la isla vuelve a suavizarse. Palmeras, plantaciones de vainilla, plataneras y campos de caña de azúcar hasta donde alcanza la vista. Por la tarde, el R4 queda conectado al wallbox de un pequeño hotel. El cable no parece precisamente nuevo y la instalación transmite una sensación bastante dudosa. 

En Europa quizá algún inspector pondría mala cara, mandaría a una inspección técnica y desconectaría inmediatamente el punto. Aquí lo importante es que la electricidad fluya. Y fluye, despacio, pero sin interrupciones.

Aún queda tiempo para una escapada a Salazie, atravesando cortinas de agua y ascendiendo hacia un valle de un verdor casi irreal. Cascadas, bambúes y niebla. El coche avanza en silencio, como si no quisiera molestar a nadie ni a nada, y en el descenso recupera la energía necesaria para la etapa final del tercer día.

Entonces el círculo se cierra. Los campos de caña pasan junto a la carretera, el océano centellea y Saint-Pierre reaparece en el horizonte. El R4 regresa al aparcamiento bajo el plátano frente al Hippi’Eat. Dentro sigue sonando la banda sonora de Woodstock; entre canción y canción, Edith Piaf le canta a París, y el reloj sobre la barra vuelve a perder toda importancia.

Y, sin embargo, de repente uno comprende que ni siquiera aquí el tiempo se ha detenido. Porque solo se puede pagar con tarjeta, la música llega desde un servidor en lugar de un tocadiscos, en la pizarra está escrito con tiza el código del wifi y, junto al plátano del aparcamiento, están excavando un hoyo...

Quién sabe, quizá pronto haya allí incluso una estación de carga.

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Luis Guisado

Webmanager

Luis Guisado es Webmanager en TOPGEAR.es y AUTOBILD.es. Prueba coches desde 2001 y es un apasionado de los clásicos y la historia del automóvil. Tan porschista que hasta el Cayenne diésel o los 718 eléctricos le parecen genial.

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He probado el nuevo Renault 4, un coche eléctrico con mucho encanto que cuenta con grandes cualidades como BEV más allá de su estética. ¿Una receta infalible?