Dentro de poco, cambiar la batería de un coche eléctrico será más barato que reparar una fallo grave de un motor de gasolina, según un estudio

Un estudio de Recurrent ha llegado a la conclusión que, de cara a 2030, será más rentable reparar un motor eléctrico que uno de combustión. El ahorro superará los 1.000 euros.
Hasta la fecha, muchos conductores no querían dar el salto al coche eléctrico por el alto coste de sus reparaciones. En concreto, la pieza más sensible es su motor. Hasta ahora, que parece que las tornas con los motores de gasolina se han cambiado.
Poco a poco, los mitos sobre los motores eléctricos se van disipando. Hace unas semanas, unos mecánicos de Desguace Motocoche afirmaban que estos motores no eran nada simples.
Esta supuesta simplicidad se debe, tal y como han detallado fabricantes como Stellantis, al menor número de piezas que forman el motor. En concreto, hay hasta un 60% menos de piezas en un motor eléctrico que en uno de combustión.
Sin embargo, el verdadero problema de los coches eléctricos venían a la hora de repararlos. Un problema que existe a nivel mundial con estos vehículos es que falta mano de obra cualificada. Esto, unido al alto coste de las piezas de reparación, hacía que las facturas en los talleres fueran elevadísimas.
Casi 1.000 euros de diferencia
Según los datos proporcionados por el último análisis de Recurrent, respaldado por Goldman Sachs, en pocos años sustituir por completo la batería de un coche eléctrico podría salir más barato que reparar una avería grave en un motor de combustión interna.
En concreto, las proyecciones del grupo de investigación sitúan una disminución notable del costo de las baterías hacia el 2030. Esto puede provocar que muchos conductores se decidan a dar el salto al coche eléctrico, dejando atrás uno de los principales miedos de los usuarios ante la compra de estos vehículos.
Con los datos revisados, para 2026 se estima que el precio de las baterías baje hasta unos 69 euros/kWh, cerca de la mitad de lo que se pagaba en 2023.
De hecho, algunas químicas como el litio ferrofosfato (LFP) ya se mueven en torno a 65 euros/kWh. De cara a 2030, el Rocky Mountain Institute plantea escenarios optimistas con costes de entre 28 y 46 euros/kWh, tomando como referencia el cambio dólar-euro actual.
Con ese rango, sustituir una batería grande de 90 a 100 kWh podría situarse entre 3.200 y 4.800 euros, e incluso por debajo si la tendencia se consolida. En packs más contenidos, como los de 60 kWh que montan algunos modelos populares, el cálculo apunta a una horquilla aproximada de 2.000 a 3.000 euros.
Pero, ¿por qué se va a producir esta rebaja? Lo cierto es que es un cúmulo de factores. Por un lado, porque las materias primas como el litio y el cobalto es más barato, así como que la cadena de suministros es cada vez más eficiente.
Por otro lado, la producción a gran escala unida al aumento de la competencia, con especial presión a la baja en baterías LFP, liderada por grandes actores como CATL y BYD, también hace que su precio se reduzca. Por último, un escenario de sobreoferta, al menos, hasta 2028, hace que los precios estén contenidos.
El estudio también recuerda que una avería grave en un motor de combustión suele salir cara y, en muchos casos, puede acercarse o superar lo que costaría reemplazar una batería completa en 2030.
En la práctica, una reparación importante en un motor térmico puede rebasar con facilidad los 4.000 o 5.000 euros, según coche, marca, alcance del daño y mano de obra. Frente a eso, una batería grande podría situarse en torno a 3.200 a 4.800 euros en esas fechas, sin incluir el trabajo de instalación.
Por su parte, los fabricantes tienen claro que su apuesta es seguir invirtiendo en I+D para obtener celdas más eficientes, en escalado industrial y en logística de materiales para acercarse a esas proyecciones.
Por otro lado, sostienen que las políticas públicas podrían apoyarse menos en subvenciones defensivas y más en incentivos bien dirigidos, reforzando el vínculo entre electrificación e independencia energética y medioambiental.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que en las estimaciones del grupo de análisis no se ha incluido la mano de obra, ni la durabilidad real, la degradación, las garantías y el uso, además del clima y el tipo de conducción, así como el ritmo de ventas.
Si estas previsiones se cumplen, el cambio de paradigma es evidente. Hacia 2030, el coche eléctrico no solo sería más eficiente y limpio, también podría resultar más sencillo de mantener en un punto que hasta ahora se consideraba especialmente caro.

Lidia Vega
Redactora
Lidia Vega es Redactora de Autobild. Puedes encontrarla o encerrada escribiendo noticias sobre la actualidad del sector o perdida por el mundo probando coches.