Reportaje

Coches clásicos

La agitada vida del Gilda 'Streamline X'

La agitada vida del Gilda 'Streamline X'

Redacción Auto Bild

11/08/2011 - 08:45

El prototipo del Ghia 'Streamline X' toma el nombre de una película de mediados de los años 40 inspirada en una actriz de curvas atrevidas: Rita Hayworth. En 1955 el Streamline debía demostrar que servía para viajar al futuro, solo necesitaba una turbina (que no tenía). Algo intolerable, según su actual propietario. ¿Qué hizo? Le puso una.



El año 1955 se lo puede imaginar uno más o menos así: James Dean muere a bordo de su Porsche 550 Spyder. Un accidente en las 24 Horas de Le Mans le costó la vida a 85 personas y, al mismo tiempo, Stirling Moss establece un récord con un Mercedes en la Mille Miglia que a día de hoy no se ha batido (de hecho, llegó media hora antes que el segundo clasificado, nada menos que el mismísimo Fangio). Se anuncia el Volkswagen Escarabajo un millón, mientras que se apuesta por el éxito del nuevo Fiat 600. Ese mismo año, en el Salón de Turín entra en escena Rita Hayworth. Perdón, el Ghia 'Streamline X'

El Gilda es el coche del mañana, ¡qué va! Mejor de pasado mañana. Un ente afilado con frontal de nave espacial y espectaculares aletas, como si viniera de una galaxia lejana y aterrizara en la Tierra. Sí, aterrizara, porque las ruedas parecen extrañamente inquietantes. Como si se fueran a plegar en cualquier instante de lo metidas que están en esa carrocería tan espacial.

La idea original fue del diseñador jefe de Chrysler, Virgil Exner, lo que demuestra que en ese momento los Estados Unidos tenían mucho que decir en el mundo y en el futuro del automóvil. Pero de eso hace mucho tiempo.

En 1955, los asistentes al Salón de Turín acudieron en masa a ver el espectacular coche conocido también como Gilda. Hoy en día, el prototipo se encuentra en Arroyo Grande, California, tras haber alcanzado cifras millonarias en una subasta el año pasado en Pebble Beach. Su propietario se llama Scott Grundfor, es restaurador y especialista en Mercedes 300 SL 'Alas de Gaviota'. Además, tiene la sana costumbre de coleccionar prototipos americanos. “En principio un coche es tan sólo chapa y pintura”, dice: “La emoción se la dan las personas y la historia que hay detrás de él”.

Y este es un caso clarísimo. La elección del nombre no pudo haber sido casualidad: en 1953, Ali Khan había mandado al carrocero Ghia que personalizara un Cadillac que posteriormente regaló a su esposa, que por supuesto no era otra que Rita Hayworth.

Para añadir más 'cosa' al asunto, el director de Ghia, Luigi Segre, se enamoró de la Hayworth, por lo que las malas lenguas también dicen que su sobrenombre podría procedes de ahí. En definitiva, pura especulación, ya que Ghia llamó al proyecto simplemente “Streamline X”. Pero, incluso durante el Salón de Turín, todo el mundo sólo hablaba del Gilda. Quizá porque sus líneas aerodinámicas y sinuosas recordaran a las de la actriz americana.

Su línea tan exuberante había sido ideada por Giovanni Savonuzzi, el diseñador jefe de Ghia. ¿Es de extrañar que en su día fuera ingeniero aeronáutico? En cualquier caso, se las arregló para traducir las ideas que lanzó su amigo Virgilio Exner. Éste era conocido como el Sr. aleta, y su Forward Look hizo olvidar el aburrido diseño de Chrysler de los años 50.

A Exner le encantaban los alerones. No sólo porque le parecían atractivos; también por su efecto aerodinámico. Exactamente eso le exigía a Savonuzzi: aletas que funcionaran, que le dieran estabilidad a los coches. Así, en el año 1955, el Gilda acabó más de una vez en el túnel de viento fabricado en el Politécnico de Turín, por lo que consiguieron un coeficiente aerodinámico de poco más de 0,20 según las informaciones oficiales, todo un récord.

Eso era un valor sensacional, aunque no ayudó mucho, porque Ghia mostró el coche sin motor. Chrysler también lo entendió únicamente como un prototipo. Aunque después de su presentación en Turín viajara a Estados Unidos, solamente se mostraba allí en museos y colecciones. En algún momento se probó con un modesto cuatro cilindros de OSCA, pero la cosa no fructificó.

El Gilda tuvo muchos amantes hasta que Grundfor Scott entró en el juego. “Tenía ocho años cuando el Ghia 'Streamline X' se presentó en Turín. Y mis juguetes se parecían todos a él”. Cuando en 2005 el modelo se puso a la venta no se pudo resistir y se lo compró. No pudo evitarlo. “El coche” -dice- “me ha encontrado a mí”.

¿Pero se ha comprado el Gilda sin motor? A Scott le parecía demasiado aburrido: “Parece como si pudiera volar directamente a la luna. ¿Y lo tengo que empujar?” La modificación le costó nada menos que 100.000 dólares. Al fin y al cabo, el fino y aplanado Gilda no estaba hecho para albergar enormes bloques Hemi V8 de hierro fundido. Ni siquiera le habría pegado su sonido tan ronco. Debajo de su larga cola debía zumbar una turbina, según la idea de 1955. Después de todo, era un coche del futuro.

Scott encontró una AiResearch que había sido construida en los años 50. La unidad sólo entregaba unos discretos 70 CV, lo que no es mucho, pero deberían ser suficientes para acelerar los 550 kg que pesa el conjunto y llevarlo a más de 250 km/h. “Debería”, dice Scott: “Lo hemos calculado junto con la California State Polytechnic University”. Pero no lo ha probado y tampoco quiere probarlo: “No tengo valor para eso”, dice. Nadie sabe lo caprichoso que es el Gilda con su eje rígido trasero cuando va un poco más rápido por carretera.

Cuando Scott Grundfor arranca el 'Streamline X' la gente se queda con la boca abierta. La turbina silba tan increíblemente alta con el coche aún en parado como si al lado despegara un avión a reacción. No es de extrañar, dadas las 55.000 revoluciones que alcanza: “En un primer momento pensé -dice Scott- que la cosa iba a explotar”. ¿Saldrán llamas del inmenso tubo de escape?

No, a tanto no llega, porque la turbina no funciona a reacción, sino mediante una transmisión hidráulica. Sin embargo, circular con el Gilda es una experiencia completamente diferente a todo lo que te puedas imaginar. Scott le pone combustible de avión. Y en vez de pedales, sólo tiene una simple palanca de mando. Igual que un avión: cuando Scott tira de ella, el Gilda va más rápido. Si la mueve hacia atrás, se activan automáticamente los frenos. Y tiene hasta marcha atrás.

Pero no tiene mucho sentido: si Scott quiere hacer un giro de 180 grados tiene que hacer 12 maniobras como poco. Lo malo es que sería una pena utilizarlo en la calle con su carrocería de aluminio hecha a mano. “Hacer estas líneas fue un trabajo increíble”, dice Scott. Y algunas partes aún tienen la pintura azul original. Esto no es ningún milagro: “Sólo ha estado una vez bajo la lluvia, y fue por poco tiempo”.

Visto hoy con perspectiva, el mundo del automóvil ha sido diferente de lo que había predicho Ghia. La propulsión mediante turbinas se ha quedado estancada en la etapa experimental, ya que eran demasiado ruidosas, demasiado caras y demasiado tragonas. ¿Y las aletas? Sólo han sobrevivido unos cuantos años, como se puede observar en los coches americanos.

Sin embargo, el diseño siempre ha funcionado. La obra maestra de Savonuzzi ha movido muchas cosas. Por ejemplo en Bruno Sacco, que en 1958 llegó a Daimler-Benz como un joven diseñador que iba a marcar la línea de Mercedes durante 24 años. “Vi el Gilda en el Salón de Turín en 1955 -recuerda Sacco- y fue una revelación”. Lo volvió loco: dejó su carrera de ingeniería para convertirse en diseñador. “El Gilda -asegura el maestro- es para mí la mejor escultura de automóviles de todos los tiempos.

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