Reportaje

Estilo de vida

Ruta 66: un viaje inolvidable por la carretera madre

Ruta 66: un viaje inolvidable por la carretera madre

Gabriel Jiménez

07/09/2010 - 09:43

La famosa Ruta 66, también conocida como 'carretera madre', nació gracias a la iniciativa de dos empresarios que querían unir Chicago con Los Ángeles. A lo largo de esta mítica vía puedes encontrar paisajes tan diferentes como el árido desierto de Nuevo México o la tupida vegetación de las tierras rojas de Arizona. AUTOBILD.ES ha recorrido varios tramos para contarte su historia.

La Ruta 66 es una de las aventuras imprescindibles para cualquier amante de las cuatro ruedas: hacer este viaje resulta una experiencia inolvidable que nunca olvidarás.

“Todavía nos quedaba mucho camino, pero no nos importaba: la carretera es la vida”. Esta frase, extraída de una de las biblias de la llamada generación beat, On The Road (En la carretera), de Jack Kerouac, describe a la perfección mi estado de ánimo después haber estado conduciendo 14 días seguidos, recorriendo el suroeste de los EE.UU. a bordo de un confortable pero glotón Mazda 626. Me habría encantado haber realizado este periplo a los mandos de un inmenso Cadillac o a los lomos de una Chopper, al estilo Easy Rider, pero lo importante no era el cómo sino el qué, y de eso estaba satisfecho.

Atrás quedaban 14 intensos días y casi 3.000 kilómetros recorriendo las carreteras de Nuevo México, Arizona, Nevada y Utah, que producen en aquel que las atraviesa una suerte de déjà vu, pues han sido tantas las veces que las ha mostrado la industria de Hollywood, que casi parecen formar parte del inconsciente.

Inmortalizadas en mi memoria quedaban horas y horas detrás de un volante, viendo pasar paisajes tan distintos como el árido desierto de Nuevo México y la tupida vegetación de las tierras rojas de Arizona; ciudades tan fascinantes como la colonial Santa Fe, en el margen derecho de la Ruta 25, nidos de pecado como Las Vegas o vestigios del pasado como Acoma, en la cúspide de una mesa, donde residía la tribu de los Indian Pueblo; o milagros de la naturaleza como el cañón del río Colorado, frente al que te sientes insignificante, o el de Chelly, donde aún hay restos arqueológicos de los anasazi (en navajo, los ancestros).

La Ruta 66 recorre zonas con mesas, como las del desierto de Nuevo México, o tupidos bosques como en Arizona. Pero no era lo anterior lo que más me había impactado, sino un poblacho decadente y desangelado llamado Williams, en el estado de Arizona, divido en dos por la histórica Ruta 66 americana, plagado de comercios con tufo a rancio y bares con los dos o tres parroquianos de turno, sentados frente a una cerveza o apostados en la calle a la espera de que pase por allí -que otrora no había quien cruzara por el tráfico existente- un coche o un extraño. ¡Ahí estaba la esencia de EEUU!

Y es que en un país con una historia tan breve como reciente, con unos ancestros de los que reniegan, cualquier cosa con una cierta antigüedad, aunque sea una carretera, se convierte en un elemento histórico, y aún más si cabe si se trata de la vía que vertebró el país.

En decadencia: gran parte de la ciudad de Williams (Arizona), atravesada por la Ruta 66, presenta un aspecto decadente

Ruta 66: Unir el este con el oeste

Los promotores de la Ruta 66 fueron dos empresarios, Cyrus Avery y John Wood-ruff, quienes, a principios de 1923, unieron sus esfuerzos para que se construyera una vía que enlazara Chicago con Los Ángeles. Su idea, sin embargo, no se hizo realidad hasta que en 1925 el Congreso aprobó el plan para construir una red de carreteras interestatales. Fue así como en el verano de 1926 comenzó construirse la Route 66, la arteria principal que uniría el este del país con la costa del Pacífico. La designación del número 66 no fue baladí. Avery deseaba que la vía tuviera un número redondo y propuso el 66, pues pensaba que un doble dígito sería fácil de recordar y era agradable de pronunciar y escuchar.

Desde un principio, el cometido de la 66 era conectar las calles principales de municipios rurales -de ahí que a la 66 también se la llamara la “calle mayor de los EEUU"- a lo largo de su trayecto por una razón práctica: muchas aldeas carecían de accesos a vías nacionales.

A diferencia de las vías estadounidenses actuales, la Ruta 66, que terminó de pavimentarse en 1938, no seguía un curso lineal, sino más bien en diagonal, lo que favoreció enormemente al sector de los camioneros, que en los años 30 comenzó a rivalizar con el ferrocarril por el apetitoso mercado del transporte de mercancías. La Ruta 66 atravesaba extensas llanuras con un clima más templado que las vías del norte del país.

Miles de camiones, auténticas moles de acero, siguen recorriendo tramos de la antigua ruta

Sin embargo, fue en plena Gran Depresión (tras el crack de 1929), con el gran éxodo de miles de granjeros y sus familias desde el depauperado Dust Bowl, en Oklahoma, hasta el estado de California, lo que dio relevancia a la Ruta 66. Un episodio que describió con singular crudeza John Steinbeck en su famosísima novela Las uvas de la ira, en la que la citada vía fue proclamada “la carretera de la oportunidad” y “la madre de todas las carreteras”.

Años después, la 66 tuvo un papel primordial en la II Guerra Mundial, como vía para movilizar a soldados y carros de combate del este al oeste.
Al calor de estos recorridos de costa a costa, creció una importante industria de restaurantes, gasolineras, talleres y, sobre todo, moteles. Y es que los norteamericanos que utilizaban esta carretera preferían alojamientos menos confortables pero asequibles.

Vestigios del pasado: alojamientos asequibles como el de la imagen, aún operativo, nacieron en la época de oro de la Ruta 66

La Ruta 66 se ha convertido en un atractivo gancho publicitario para todo tipo de establecimientos de hostelería

Ruta 66: carretera obsoleta

Transcurrida la contienda mundial, y debido al excesivo trasiego de camiones de gran tonelaje, la Ruta 66 había quedado deteriorada y, sobre todo, obsoleta para lo que demandaba una Norteamérica en pleno proceso de motorización. Curiosamente, fue Adolf Hitler, sin saberlo, quien sentenció a muerte a la Ruta 66. Después de visitar Alemania, el presidente Eisenhower quedó prendado de las Autobahn (autopistas) germanas, construidas durante el régimen nazi. “En la II Guerra Mundial pude ver el superlativo sistema nacional de autopistas alemán, que permiten circular rápido y al mismo tiempo seguro, algo que no ocurre en EEUU”, explicó el ex general norteamericano. Así, en 1970, la 66 comenzó a ser reemplazada por una moderna autopista de cuatro carriles, proceso que finalizó en 1985, cuando la última sección de la vía original fue fagocitada por la Ruta Interestatal 40 en Williams, un poblacho decadente, testigo mudo de la historia de un país.

Recomendaciones para tener en cuenta para conducir por Estados Unidos

Estados Unidos es un país al que, por su particular idiosincrasia, se puede viajar por libre, sobre todo si tu intención es recorrerlo en coche. Eso sí, para evitarte molestias después de un viaje largo (en mi caso, fueron más de 12 horas en avión hasta llegar a Albuquerque), lo mejor es reservar previamente por internet. A partir de ahí, y si no quieres gastarte mucho dinero e ir un poco a la aventura sin un itinerario fijo, lo más recomendable es la cadena de moteles Motel 6 (www.motel6.com): tiene una buena relación calidad-precio.

En cuanto al coche, puedes alquilar desde España o allí mismo, siempre que tu estancia no vaya a superar las tres semanas; si, por el contrario, quieres estar uno o varios meses, resulta más rentable comprarte un coche de segunda mano y luego venderlo (aunque eso requiere mucho papeleo, contratación del seguro, etc.). Por otra parte, conviene que no te despistes al pisar el acelerador, pues si la Policía te para por exceso de velocidad, aparte de la multa, te pueden detener o expulsar del país (no es una exageración), por lo que, mejor, no te arriesgues.

Si vas a estar mucho tiempo allí, es más rentable comprar un usado que alquilar

Atracciones a orillas de la Ruta 66

Además del placer que produce conducir por las extensas llanuras de Estados Unidos y admirar los tramos existentes de la Ruta 66, no debes eludir la visita a ciertos lugares sumamente interesantes. Por ejemplo, en el estado de Nuevo México, su capital, Albuquerque, que cuenta con un casco histórico muy atractivo, o la encantadora ciudad de Santa Fe, lugar de retiro e inspiración de multitud de artistas.

El casco antiguo de Albuquerque guarda un aire de la conquista española

La misión de San Miguel, sita en la encantadora ciudad de Santa Fe

En este mismo estado, la primera quincena del mes de agosto se celebra la Ceremonia Anual de Tribus Indias, en la que se rinde homenaje a todas los nativos norteamericanos. Es una oportunidad única para todos de ver en vivo y en directo a navajos, hopis, indian pueblo, cherokees, etc., ataviados con sus trajes típicos, entonando sus canciones. Además, se celebran conferencias -en la edición en la que estuve, acudió a contar su experiencia un navajo veterano de la II Guerra Mundial de la división de los wind talkers- y se vende artesanía.

Todos los años se celebra un festival indio en la localidad de Gallup (Nuevo México)

Arizona, por su parte, ofrece un buen número de destinos de visita obligada como, por ejemplo, el Parque Nacional de Sedona, el cañón de Chelly (a través de la endiablada, por sus curvas, Ruta 666), en donde hay restos arqueológicos de los indios anasazi, y, sobre todo, el indescriptible cañón del Colorado.

Impresionante: el cañón del río Colorado, en Arizona, es una visita obligada

Protagonista accidental de muchas obras

Además de ser la carretera que vertebró los EEUU el siglo pasado, esta ruta se ha convertido en protagonista accidental de multitud de obras, ya sean literarias, musicales o, incluso, cinematográficas. De entre todas ellas, la más destacada es la novela Las uvas de la ira, de John Steinbeck, quien describe forma brillante los duros años de la Gran Depresión, durante los que más de 200.000 habitantes de la árida zona del Dust Bowl (Oklahoma) abandonaron todo para escapar de la miseria en busca de un futuro en California, para lo que utilizaron la Ruta 66. Por eso, fue calificada como “la carretera de la oportunidad”. Otra novela emblemática es En la carretera, de Jack Kerouac.

A nivel musical, esta carretera se hizo muy famosa con una canción de Bobby Troup -que dio a conocer Nat King Cole- y sobre todo la frase “get your kicks on Route 66” (“vive a tope la Ruta 66”), que se convirtió en el lema de los motoristas que cruzaban el país de costa a costa. La divertida película Cars también hace un guiño a esta vía.

En la película Cars también hay guiños a la Ruta 66

Fotos: Miguel G. Rodríguez / Fabricante.

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Gabriel Jiménez

Director del Área de Motor de Axel Springer España

Soy Piscis, sufridor del Atleti y me gusta juntar letras, a poder ser relacionadas con cualquier artefacto que lleve del punto A al punto B

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