Reportaje

Reims, el circuito fantasma

Noelia López

21/06/2014 - 17:11

En 1954, Fangio ganó una de sus carreras más importantes en Reims.
Doce años después, Jack Brabham venció en la última prueba de F1 que se disputó allí. Hoy tan solo queda el recuerdo del olor a gasolina

Si alguna vez circulas por la autovía francesa A4 dirección Reims, tienes dos cosas que no debes dejar de hacer: la primera, visitar su enorme catedral, que está considerada como una de las más bonitas de Europa; la segunda, pasarte por lo que queda del antiguo Circuito de Reims, una pista que se inauguró en 1926 utilizando las carreteras que unen las poblaciones de Thillois, Gueux y Muizon.

Por este asfalto han competido las Flechas de Plata, los primeros Ferrari de la historia y pilotos tan importantes como Juan Manuel Fangio o Alberto Ascari.

Como trazado, la mayor particularidad de Reims es que resultaba rapidísimo, incluso para su época. Para que te hagas una idea, el Mercedes W 196 R de 1954 era capaz de alcanzar más de 260 km/h. De esto hace... ¡55 años!

Pero aquí no acababan los problemas, ya que la curva de Gueux era bastante peligrosa, al transcurrir por una calle con, lógicamente, sus aceras, farolas y, sobre todo, la estrechez de la pista. Su trazado tampoco era espectacular, cuatro curvas principales y bastante lentas, por lo que los frenos de los coches sufrían muchísimo al tener que decelerar después de ir a más de 200 km/h.

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Pero Reims tenía algo especial y, a pesar de todo, al público le encantaba y acudía en masa para no perderse el espectáculo. Una de las zonas más delicadas era la curva Thillois: allí era muy importante salir con suficiente distancia del rival que te seguía. Es decir, al tener después una recta muy larga, nunca debías dejar que el coche posterior te tomara el rebufo, ya que podría adelantarte en la misma línea de meta. Eso es lo que le hizo Fangio a su compañero de equipo Karl Kling. Sin duda, una de las victorias más bonitas del argentino.

Por eso, te animo a que en cuanto pases por Reims, cojas la carretera N31, que te llevará directamente a la curva de Thillois. Además, allí tienes el Restaurante La Garenne donde puedes ver unas preciosas fotografías antiguas del circuito. Por cierto, como puedes ver en las imágenes, el edificio se encuentra prácticamente igual.

Después, toma la carretera D27 dirección Gueux, está en una glorieta justo al lado, y entrarás en la recta que te lleva a la meta. El panorama que te encontrarás es desolador: dos carriles por los que circulan coches, camiones, bicicletas... y de golpe, las antiguas gradas del circuito abandonadas desde hace 37 años, aunque todavía con el esplendor de antaño. De ello se están ocupando Les Amics du Circuit de Gueux’, que están intentando, poco a poco, devolver a la vida un circuito que se cerró en 1972 debido a problemas financieros.

Al pasear por este carretera estoy seguro de que se te pondrán los pelos de punta, aunque tengo que darte una mala noticia. La curva de Muizon ya no existe, pero sí puedes circular por una zona de la pista que está dentro de un terreno de cultivo. Ya sabes, la catedral de Reims es preciosa, pero no es el único monumento que tienes que visitar...

Un trazado muy rápido

El circuito de Reims no era una instalación permanente, por lo que utilizaba las carreteras que unían las poblaciones francesas de Thillois, Gueux y Muizon, formando un triángulo donde se alcanzaban velocidades espectaculares para la época. En la imagen puedes ver lo que sería una vuelta al trazado: antes de llegar a la Brettelle Nord se rueda a 262 km/h y la curva se toma casi a 200. Si además tienes en cuenta que esto sucedía en 1954, los pelos se te pondrán más de punta.

Te pongo otro ejemplo, el último ganador de una carrera de F1 fue Jack Brabham con una media de 219 km/h. Ese mismo año, el australiano también ganó el Gran Premio de Nürburgring con un promedio de 174 km/h. 


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Noelia López

Redactora de AutoBild.es

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